-Tae... -el omega se encogió en sí mismo mientras temblaba de miedo, la cabeza gacha y los ojos al borde del llanto.
-¿Vas a llorar? -la voz de la persona en quien más confía sonaba tan cargada de emociones como el odio, el asco y el desprecio. Y Jungkook nunca podía entender esos ataques que Taehyung solía tener con él. Jungkook levantó su mirada con miedo para verlo a los ojos e implorar silenciosamente piedad a su alfa, aun cuando no tenía razones para disculparse.
Gran error.
Fue testigo del color rojo en los ojos de su alfa, que parecía ser una advertencia: cualquier acción, por mínima que fuera, sería usada en su contra, solo para humillarlo, sobajarlo y gritarle.
Así era últimamente. Desde que Jungkook accedió a juntarse con Taehyung, las cosas en su relación solo fueron deteriorándose cada vez más. Al inicio, solo era él y su instinto inquieto, pidiendo por la presencia de su alfa a altas horas de la noche. Después, Taehyung ya no llegaba hasta el día siguiente, golpeado o con olor a cigarrillos. A Jungkook le consolaba que nunca olía a otro omega, aunque no debería. Considerando que faltar a tu omega ya era algo grave, Jungkook siempre agradeció nunca oler la esencia de otro omega en él de todos modos.
Apenas tenían pocos meses juntos y esta noche Taehyung tardó más de lo usual en llegar. La mañana anterior salió a trabajar besando su frente sin decir una palabra, y apareció apenas este día con un fuerte olor a alcohol, los ojos rojos y una actitud muy violenta.
Estaba espantado, Jungkook no se mentía a sí mismo. Usualmente, Taehyung tenía una actitud seca y distante con él. Cuando intentaba acercarse, recibía gruñidos y miradas que duraban segundos, mostrando a su lobo como advertencia. Jungkook bajaba la mirada en sumisión y mostraba respeto, evitando enojarlo más, aun cuando ni siquiera era consciente de los motivos por los que Taehyung se molestaba.
-Eres tan inútil -y dicho eso, el alfa escupió en su cara.
El silencio ensordeció a Jungkook por unos momentos. No pudo procesar lo que había escuchado y solo fue consciente de la soledad cuando la puerta se abrió y enseguida se cerró. Jungkook reaccionó y casi tropezó cuando corrió a la cocina, abriendo la puerta con una mano mientras que, con la otra, se limpiaba la saliva que tenía en el rostro. Rebuscó entre las especias en el estante del lado izquierdo y no encontró el tarro de cerámica que debería contener azúcar. Tenía las letras sugar en un bonito color beige. Su corazón latió rápido y se giró para verlo abierto en la encimera. Se acercó para ver dentro y, de alguna forma, encontró consuelo cuando notó cincuenta dólares dentro.
Al menos había algo para desayunar, y si administraba bien la comida, habría para comer más tarde. No debería, pero Jungkook se aferró a ese pequeño acto que el alfa acababa de tener con él. Después de todo, podría gastarse todo y dejarlo sin comer, pero aun así decidió dejarle cincuenta dólares para el día siguiente.
La noche de Jungkook transcurrió con tranquilidad mientras acomodaba los sillones y ponía los cojines que se habían descolocado por los jalones de Taehyung cuando le gritó. Se lavó los dientes y leyó un poco. Más tarde, se fue a la cama para dormir.
Derramó una lágrima, sintiendo inquietud cuando cerró los ojos para quizá conciliar el sueño, pero la noche sería larga. La ausencia de su alfa tampoco debería ser normal, pero al menos su lobo estaba más tranquilo. Después de todo, se estaba acostumbrando a cómo había sido desde que llegó a vivir con él.
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