Era un día lluvioso en la casa de los Shinazugawa. El sonido constante de la lluvia golpeando el techo acompañaba el ambiente pesado en el que se encontraba Genya, el menor de los hermanos. Sentado frente a su escritorio, luchaba contra los números que tenía enfrente. Su examen de matemáticas estaba cerca y, por más que lo intentaba, nada parecía quedarse en su memoria.
Frunció el ceño, soltó el lápiz con frustración y se dejó caer sobre la mesa. Finalmente, se rindió. Con un suspiro resignado, fue a buscar a la única persona que podía ayudarlo: su hermano mayor.
—Ahhh... Hermano —se quejó, asomándose a la sala donde estaba Sanemi—. ¿Podrías mostrarme lo que vendrá en el examen, por favor?
Sanemi levantó la vista, interrumpido por la súplica de su hermano. Su ceño se endureció ante la petición.
—Aunque sea tu hermano... y tu profesor de matemáticas —respondió con un tono firme y una mueca entre burlona y seria—, eso no te da derecho a saber lo que vendrá en el examen. Es mejor que estudies.
Cruzó los brazos con aire dominante, disfrutando un poco de la desesperación de Genya. El menor lo miró con ojos suplicantes, casi a punto de rendirse otra vez.
—P... pero, hermano... —balbuceó, bajando la mirada.
Sanemi suspiró, y aunque mantenía un gesto serio, su voz se suavizó.
—Lo que sí puedo hacer es ayudarte a estudiar.
Genya asintió enseguida, con un alivio evidente. No podía arriesgarse a fracasar en un examen tan importante.
—Bien —continuó Sanemi, tomando asiento frente a él—. Como dije en clase, el examen vendrá con ecuaciones cuadráticas y racionales.
El azabache se tensó al escuchar aquello.
—Solo pensarlo ya me da dolor de cabeza... —murmuró, llevándose una mano a la frente.
Sanemi soltó una risita y le dio un golpecito en el hombro.
—Vamos, no seas flojo. Está fácil.
—Si tú lo dices... —resopló Genya, nada convencido.
Sanemi comenzó a explicarle los temas con paciencia, aunque no dejaba de mantener su tono serio. Pasaron horas entre ejercicios, tachones y explicaciones. Cuando finalmente terminaron, Genya se dejó caer rendido en su silla.
—Espero salir bien en tu examen... —murmuró con un deje de cansancio.
Sanemi lo miró fijamente, con esa expresión intimidante que a veces le salía natural.
—Yo también espero, Genya.
La mirada penetrante de su hermano lo hizo sentir un peso extraño en el pecho, como si no pudiera respirar.
—Bien, me iré a descansar. Espero que hagas lo mismo —añadió Sanemi, levantándose.
—Sí... está bien. Solo déjame darle otra leída... —respondió Genya, rascándose la nuca con nerviosismo.
En el fondo sabía que su hermano solo estaba jugando a intimidarlo.
Antes de irse, Sanemi se inclinó y le dio un beso en la frente.
—Buenas noches. No te preocupes, te irá bien.
Genya lo miró sorprendido y un poco sonrojado, asintiendo en silencio.
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El examen
Al día siguiente, el salón estaba cargado de nervios. Los estudiantes esperaban el temido examen de matemáticas.
—Espero sacar una buena calificación... —suspiró Tanjiro, apretando su lápiz con fuerza.
—Yo también... aunque voy horrible —gruñó Inosuke, dejándose caer en su asiento.
—¿Y tú, Genya? ¿Cómo estás? —preguntó Kanao, inclinando la cabeza hacia él.
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Historias Cortas Shinazugawa
FantasyCómo dice en el título son diferentes historias que cuentan la bonita relación de hermandad que tienen Sanemi y Genya, puede ser en un mundo moderno o en el mundo de Demon Sleyer.
