1914
📍 Birmingham, Inglaterra
Una fría y oscura mañana, típica de Birmingham, despedía a los soldados que se irían a defender su país en la primera guerra mundial, en Francia. Era un día devastador, como te podrás imaginar.
Todos los hombres que se habían enlistado como voluntarios eran despedidos por sus esposas, hijos, hermanos menores, madres, novias, tías, sobrinos, amigos... Era un ambiente triste y tenso, donde nadie quería separarse de nadie. ¿Puedes imaginar, estar despidiendo a las personas que más amas, sin saber si volverás con vida?. Creo que no. Estos hombres iban a su suerte, sin saber las cosas horribles que vivirían durante esos cuatro años, tres meses y catorce días que les esperaban por delante.
La estación de trenes estaba llena de lamentos, sollozos, maldiciones... Era un completo descontrol. No había silencio. Había gente llorando, lamentando el tener que estar en esa posición, lamentando tener que alejarse de una persona que ama.
Y entre todas esas personas que se estaban despidiendo, se encontraba la familia Shelby, y la familia Lennox. Dos familias aliadas de las calles de la pequeña Small Heath, en Birmingham. Eran dos familias que siempre habían sido muy cercanas, dado a qué sus casas se encontraban una frente a la otra, y que los niños de ambas familias se habían criado juntos.
—Cuidate, Fel, por favor—habló la joven de cabello castaño, abrazando a su hermano menor. Agatha, solo dos años mayor que Félix, se estaba lamentando el tener que dejar ir a su hermano de tan solo veintidós años a ver morir gente. Se lamentaba por él, por su padre, por su novio, por los hermanos de su novio y por todas aquellas mentes inocentes que vivirían el infierno en vida en los próximos días que se aproximaban amenazantes.
—Te lo prometo, Atha. Haré todo lo posible por cuidarme, a mi y a nuestro padre—besó su frente. A pesar de ser el menor de los dos, Félix era un joven muy alto, cosa que usaba para molestar a Atha. Fel retiró algunos de los mechones de cabello rebeldes de su hermana mayor.
—Nos vemos pronto, hermanita—la abrazó con fuerza una última vez.
—Ojalá que sea en poco tiempo—susurró, besando la mejilla de su hermanito—te quiero, Fel. Estaré rezando por papá y por ti—su hermano rió un poco.
—No lo dudo—le dedicó una débil sonrisa a su hermana, antes de revolver el pelo, desordenando los mechones de pelo que anteriormente había acomodado. Luego, se dió la vuelta, listo para subirse al tren... O eso era lo que quería aparentar, que estaba listo, cuando claramente no estaba listo. Nadie lo estaba. Pero Félix Lennox quería demostrar que él si lo estaba, que él iría con la frente en alto, listo para lo que vendría. Le había prometido a su hermana mayor cuidarse, y eso haría. No volvería muerto. No. Eso no sucedería. Tenía que volver con vida, por ella. No dejaría que su hermana pasara más tiempo sola, sufriendo por perder a otro familiar, otro pilar fundamental en su vida. Él no quería ser el detonante de la locura devastadora a la que llevaba la depresión.
—Cuidate, Ágatha. Quiero que cuando vuelva a casa, me estés esperando con la taza de café recién hecho—besó la frente de su hija mayor. Desde que su esposa había fallecido, Liam Lennox había hecho todo lo posible para que sus hijos no se sintieran tristes y que no se lamentaran tanto por algo que fué inevitable, ocultando su propio dolor y permitiéndose llorarla en silencio cuando estaba completamente solo, o en compañía de Elizabeth Gray. Pero, ahora, no podría protegerlos tanto como él quería. Ambos eran adultos, de veinticuatro y veintidós años respectivamente, y él ya estaba viejo, yendo hacia su propia muerte en una guerra en que la que se estaban encaminando miles y miles de inocentes, de jóvenes y personas más mayores, con familia, con una vida por delante. Le dolía pensar en que una de las bajas podría ser él, su hijo Félix o uno de los chicos Shelby, a quienes prácticamente había criado luego de que Arthur Shelby padre los haya abandonado tras la muerte de su esposa. Ambos tenían eso en común, con la diferencia de que Liam no había huido como un cobarde, haciéndose el tonto a hacerse de sus responsabilidades como padre y cabecera de una familia. Finn apenas era un niño muy pequeño cuando vió a su padre por última vez, consideraba al señor Lennox una figura paterna, además de sus hermanos mayores.
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Forever And Always «Thomas Shelby»
De TodoLa guerra cambió a todos, en especial a Thomas Shelby, quién dejó de lado su anterior yo, adoptando una personalidad totalmente distinta a la que todos conocían. Ahora es un gánster despiadado que intimida a todos en cualquier lugar al que va, ocasi...
