Muy buenas a todos, oyentes nocturnos. A todos vosotros que me acompañáis en estas noches tan largas y aburridas, tan pesadas y oscuras, os doy las gracias, ¡hacéis que esto sea más ameno!
No quiero enrrollarme mucho más como suelo hacer, creo que ha sido un día bastante duro para todos y nos merecemos un buen descanso, ¿no? Pues no quiero haceros más dura la noche, de lo que ya es, con mi parloteo. Ahora sonando 'Stop and Stare' de 'One Republic', que lo disfrutéis.
Mientras se reclinaba hacia atrás en su silla, Álvaro le dio al play y dejó que la canción sonase.
Se quitó los cascos y bajó su mirada al reloj que tenía enfrente, marcando las 2:24, tenía música que reproducir para rato. Se sirvió un poco de café, con cuatro cucharadas de azúcar para no caer en un sueño profundo y volvió a reclinarse hacia atrás, mirando al techo blanquecino de la cabina de radio.
Justo como había mencionado hace unos segundos, el día había sido duro. Aunque la palabra no podía quedarse más corta para describir lo que había sido hoy. Horrible. Su día fue horrible.
Para empezar, se enteró de que había suspendido un examen muy importante, el cual llevaba estudiando semanas para poder sacar una buenta nota, y ni siquiera llegó a un mísero cuatro. Pidió revisión y tutoría con la profesora de la materia, pero conociéndola... Mejor perdía su tiempo en otras cosas.
Más tarde, recibió un mensaje de su amigo, Juanjo, avisando de que les habían cancelado el bolo, a él y a su grupo. Como si fuera fácil conseguirlos en primer lugar. Se iban a cumplir dos meses del último que tuvieron y, como no consiguieran uno lo antes posible, debía irse despidiendo de su sueño de ser músico.
A todo ello le sumas la bronca —o como ellos le dicen, charla constructiva— de sus padres acerca de la misma música de la que él quiere vivir.
Sus padres, ambos abogados, le llevaban insistiendo, desde que entró al instituto, que debía ser el mejor en todo. Obtener los mejores resultados, destacar en cualquier actividad, ser perfecto, ser el mejor.
Pero Álvaro estaba lejos de ser todo eso que sus padres querían. Era consciente de ello.
Un par de años antes de entrar a la universidad les comentó sobre su pasión, lo que realmente le gustaba hacer. Y la respuesta no fue para nada sorprendente, mas no por ello era menos hiriente. Pero Álvaro no se daba por vencido fácilmente. Consiguió, al menos, que le tomaran un poco en serio; tras haber conseguido las mejores calificaciones de su curso, le apuntaron a clases de música. Aprendió a controlar mejor su voz, tocar el piano, y a ganar confianza en un escenario, entre otras cosas.
Una lástima que nada de eso le sirva ahora, puesto que no tiene canción que cantar, un piano que tocar y un escenario al que subirse.
A pesar de la mínima libertad que Álvaro tuvo, sus padres siguieron con que fuera a la facultad de derecho, que siguiera sus pasos y se convirtiera en el mejor de los abogados, como lo son ellos. Aceptó a regañadientes, pero no por ello dejó de lado la música. Junto con sus amigos del instituto, Bea, Juanjo y Martín, formó una pequeña banda. De vez en cuando, ganaban algo de dinero haciendo bolos. Eran buenos, pero les faltaba algo de ensayo y alguien que se fijase en ellos. Intentaban conseguir el número máximo de bolos posibles, pero en algunas ocasiones les cancelaban cuando ya estaban preparados, y en otras ni les atendían directamente.
A partir de su segundo año de universidad, viendo como estaba la situación con su grupo y con su familia, decidió buscarse un trabajo, aunque fuera de medio tiempo. El problema era que quería que fuera relacionado a lo que le gustaba, sus pasiones y sus sueños —y no los de sus padres, que ofrecieron meterle temporalmente en su empresa.
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a song for you - alvaul
RomanceÁlvaro, locutor de radio a medio tiempo, estudiante de derecho y apasionado de la música. Huye de sus problemas cada vez que puede, así como desearía huir de su vida y buscar la libertad que siempre quiso. Paul, estudiante de música y oyente diario...
