Iba de un lado a otro. Ayudando aquí y allá. Que si las copas, las servilletas, las sillas, la decoración de la sala, era todo un ajetreo, pero un trajín del bueno. Lizzie, mi tía más joven, se comprometía y la familia del novio venía a casa a pedirle permiso formalmente a su mamá, mi tía Irina, para que los novios pudieran casarse.
Es así, que utilizamos la casa de campo de mi abuelita, hermana de mi tía Irina. Dicha casa tenía un amplio salón, lo suficientemente grande para recibir a todos los invitados. Por eso, toda la familia estábamos ayudando, ordenando la casa y haciendo los preparativos porque venía la familia del novio a acompañarlo en la pedida.
- Bueno, creo que ya está todo aquí. Iré a bañarme - informé.
Mi abuelita echó un vistazo asomándose desde la cocina y asintió.
Era increíble cómo mi familia, cercana y "no tan cercana", se reunía y se apoyaba en cualquier evento u ocasión que tuviéramos. Que si el cumpleaños, que si la graduación, que si el ascenso en el trabajo, que si las buenas notas de mis primos pequeños en el colegio, literalmente celebrábamos y hacíamos grandes fiestas por todo. Y eso me encantaba.
Lizzie nos había sorprendido hace unas semanas con la noticia de que Liam, su novio, le había propuesto matrimonio mientras se encontraban haciendo un tour por el continente europeo. Lizzie, de 29 años, se nos casaba. Y no podíamos estar más felices por ella.
Pero, como es tradición, la pedida de mano se haría oficialmente frente a toda la familia y en especial de mi tía Irina. Tal fue el caso, de que Liam vino a nuestro país sin dudarlo, contando con el respaldo de su núcleo familiar.
Salí del baño y me puse mi vestido coctel azul marino junto a mis zapatos metálicos. Me hice un peinado recogido dejando algunos mechones sueltos para enmarcar mi cara y dejar que mis pendientes de lágrima se lucieran.
Miré la hora en mi celular, Lizzie ya debía de haber llegado del salón de belleza.
- Liz - la llamé llegando a su dormitorio.
- Pasa- me dijo.
Me quedé boquiabierta al verla.
- Estás hermosa - la elogié.
Llevaba un bello vestido coctel, corte A, color Gold rose y de hombros caídos.
- Liam tiene mucha suerte de tenerte - dije abrazándola.
- Ya sé - respondió y la vi intentando ocultar su nerviosismo.
La miré esperando que hablara y se desahogara.
- No sé ni porqué estoy temblando si ya nos comprometimos - continuó. - ¿Me pone nerviosa que me lo pida una segunda vez? – cuestionó. – ¡Mira! Tengo la piel de gallina.
Me mostró su mano que temblaba ligeramente y los vellitos de su brazo se erizaban de escalofríos.
- Hey - llamé su atención. – Este es tu día. Disfrútalo. Es todo tuyo.
- Hay un montón de gente allí abajo, Emi.
- A la mierda con ellos. Tú baja las escaleras como la reina que eres y olvídate de lo demás. Son Liam y tú. Palabras aquí, palabras allá. Liam declarando todo su amor por ti. Disfrútalo, Liz.
- Mi mamá es todo un caso, Ems. Algo chiquito, dije, pero ¡no! Invitó hasta a los vecinos, creo – se quejó y ya supe por dónde iba el asunto.
- Ya sabes cómo es la familia - hablé. - Es más, creo que el que debe estar más nervioso es Liam - me reí. - No puedo creer que haya accedido tan bien a esto. Debió chocarle muchísimo. Supongo que solo esperaba algo íntimo entre ustedes hasta que se dio con que hay toda una tradición.
- Ya sé- ratificó ella. - Yo también pensé que le chocaría, por cuestiones culturales y eso, pero no. Resulta que es el más contento, experimentando con nuestra tradición latina. Que no estoy segura de que todas las familias sigan haciendo lo mismo.
- Por lo menos la nuestra sí - aseveré. – Pero te aseguro que no pasarás ni una semana en Canadá sin que extrañes a nuestra ruidosa familia- me mofé.
- ¿Qué dices? - Habló. - ¿Escuchar todos los días a mi mamá gritar?
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Historias cortas - Keira Lyanne
RomanceUn baile fue lo que bastó para sacudirme mi mundo. Para hacerme notar que habían cosas que había perdido de mí misma y que ciertamente extrañaba. Pero un baile no era suficiente para tomar una de las decisiones más difíciles que he tenido que toma...
