00. Prologo

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La Verdad Que Solo Las Estrellas Saben

Estaba llorando. Tendida en el suelo del viejo clóset bajo las escaleras. Era inevitable no hacerlo cuando todo tu cuerpo gritaba en silencio por ayuda. Todo le dolía, incluso respirar, y llorar solo aumentaba su tormentoso sufrimiento, aunque era el mismo dolor lo que le impedía dejar de llorar.

Los pasos suebes y el sonido de fuertes taconazos hicieron a Harriet temer. El silencioso ruido del seguro exterior de la puerta detrás de la que lloraba indicaba que estaba abierta y cuando la puerta se abrió, Petunia Dursley, su tía, una mujer hermosa con manos hundidas y un cuello más largo de lo normal, ahora estaba frente a ella, mirándola con una mirada seria, pero era imposible ocultar el dolor en sus ojos, apenas  visible.

Calmó su respiración y fingió no haberla notado, mirando al techo.

— Levantate. Te vas.

Harriet la miro temerosa, ¿la estaba corriendo?¿la echaría a la calle sin piedad? No, ella la estaba salvando... pero, ¿porqué?

Petunia pareció encontrar sus preguntas con solo mirarla y hablo.

— No me agradas. Tu madre nunca me agradó y aún así, siempre la amé... no dejaré que su única hija, lo único que me queda de ello, desaparezca de este mundo como lo hizo ella —elle respondió a las dudas silenciosas de la niña— Toma esto —Ordeno, dándole un frasco de cristal, con un raro líquido color morado dentro.

La niña lo tomó sin dudarlo, sin comprender porque lo había hecho. El dolor desapareció en solo segundos. Se sentó, bajo la mirada expectante de la mujer, y se levantó con temor a caerse.

— Bien, parece que funcionó... vámonos ya, o Vernon despertará.

Eso asunto a la niña, caminando a paso lento detrás de petunia, quien solo abrió la puerta con un suave movimiento y un fuerte "Click" deteniéndose para escuchar si había cualquier perturbación arriba.

— Vamos... —petunia guió a Harriet hacia el auto, lo encendió en silencio y empezó su camino hacia Londres.

— ¿P-porque haces es-esto...? —la pequeña niña pregunto, recibiendo nada más que el silencio y una mirada de dolor de la rubia

— Tu madre... Lily, mi hermana menor, ella...

La niña veía como Petunia luchaba por hablar. No la detuvo, quería escuchar más sobre su madre.

— Nada de lo que te hemos contado sobre tus padres es sierto, Harriet —Petunia susurró, lo suficientemente fuerte para que la niña escuchara— tu madre era una persona magnífica... tan bondadosa, llena de amor y alegría. Dime, Harriet, ¿alguna vez te preguntaste que eran las coss raras que pasaban?

— ¿C-cosas raras?

— Cuando dejaste caer ese plato y se rompió, regreso a tu mano como nuevo segundos después, eso hizo que Vernon te diera una paliza...

— tío Vernon d-dijo que s-soy un fenómeno...

— no eres una fenómeno, Harriet, eres una bruja, igual que Lily y James, tu padre —petunia respondió, mirando al frente y deteniéndose delante de un viejo bar— Debe ser aquí... ponte la capucha, tapa tu cicatriz y dame la mano, no me suelte, quedo claro —Petunia ordeno con severidad, recibiendo un suave si y un asentimiento.

Caminaron hacia la puerta y esta se abrió sola, dándoles el paso a un ber altamente lleno, nada parecido a lo que se veía de fuera. Petunia camino hacia la barra donde un hombr de mediana edad estaba descansando.

— Disculpe, caballero, quiera entrar al callejón Diagon.

— ¿Sra. Evans, es usted? —el hombre habló con burla— Creí que dijo que nunca volvería a pisar este lugar...

Solo Las Estrellas Lo Sabrán Stories to obsess over. Discover now