(nunca) culparé a la suerte.

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El fin de año, el estrés del trabajo y las exigencias familiares son una combinación explosiva para Licha, que dice algunas cosas de las que se arrepiente y lastima a su novio en el medio.O, las familias son complicadas y ambos necesitan un abrazo.


*

—Bueno, entendé lo que quieras, entonces —fue lo último que dijo Licha antes de que la puerta de entrada se cerrara detrás de Cuti.

Estaban siendo semanas duras.

El ritmo laboral venía comiéndole los talones a Lisandro, quien intentaba cumplir con absolutamente todas sus responsabilidades (cuando no con algunas que no eran suyas, ni le correspondían) sin perder el buen humor en el intento, cosa que era difícil con los días de avasallante calor que aplanaban sus ánimos ni bien salía el sol. Encima de todo, el fin de año se acercaba implacable, recordándole al gualeyo que debía dejar todo en orden antes de partir hacia su tierra natal para las fiestas, lo que implicaba otro tipo de problemas.

Licha amaba a su familia, de verdad. Pero, como en todas, había pequeñas cositas que lo sacaban de quicio. Una de esas era la necesidad que tenían de compararlo constantemente con su hermano más grande, Luis. Porque Luis era más inteligente, más capaz, más ordenado, más vivo. Porque Luis se casó a los 25, como sus abuelos, y terminó la carrera de contador público en tiempo y forma, incluso mientras criaba a su hijo, que era igual de listo que él. Porque Luis tenía su propia sociedad financiera, porque tenía futuro, porque tenía todo lo que sus padres habían deseado para él.

Y Licha...

Su mamá diría que era bohemio; su papá, que era más vago. Su abuela lo defendería con que era emprendedor (con un jocoso a pesar de todo siguiendo la oración), y sus primas lo catalogarían como la oveja negra de la familia. El propio Luis sería más compasivo y se limitaría a decir que Licha era diferente, eso es todo, pero se jactaría de sus logros alrededor de la mesa navideña como todos los años.

Licha, en un buen día, se caracterizaría a sí mismo como resolutivo y optimista, como una persona siempre dispuesta a ver lo mejor en los demás y siempre buscando dar una mano donde ésta fuera bien recibida.

Valiente, le había dicho Cuti con simpleza una noche estrellada. Sos valiente.

Afortunado, también. Licha había logrado terminar, luego de años de idas y vueltas, el profesorado con el que siempre había soñado; era profesor de lengua y literatura en una pequeña escuela secundaria y amaba a sus alumnos con la devoción propia de un santo y luchaba por ellos todos los días, contra las injusticias de los directivos y las adversidades que la realidad les presentaba a todos por igual. Su título estaba colgado en el living del departamento que compartía con su novio, quien con orgullo se lo mostraba a quien apareciera por la casa a saludar, como si el recibido fuera él. Licha pagaba sus propias cuentas, hacía sus propios negocios, y no molestaba a nadie. Paseaba a su perrito todos los días con su novio por el barrio que habían elegido como su hogar hace más de cinco años, y se sentía afortunado con la vida que le había tocado vivir.

Pero en un mal día...

Su mamá lo había llamado temprano para coordinar su estadía -la de él y de Cristian- en su casa natal, lo que lo había hecho empezar la jornada con una amarga sensación. Cada año, la pareja se quedaba una semana en la casa de los Martínez; celebraban Navidad, comían las sobras el 25 al mediodía y luego partían hacia Córdoba, para festejar Año Nuevo con los Romero en Capital.

La familia de Lisandro conocía a Cristian hace mucho, pero aún así el cordobés no lograba integrarse bien, y no por falta de interés propia. Había algo en Cuti que "no convencía" a su familia: ya fuera su forma de hablar, su falta de título secundario (Cristian había dejado la secundaria para jugar al fútbol de manera profesional, lo que hizo durante varios años hasta que la lesión lo dejó fuera de las canchas como jugador, pero dentro de ellas como entrenador de inferiores), o su manera de ser en general. Lisandro, enamorado hasta la médula de su mejor amigo de años, no podía entenderlo.

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