Mejor Dupla

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Desde que se lanzó entre sus brazos y su voz se quebró cuando murmuró "Tenía tanto miedo de perderte", Saigiku no pensaba en Tecchou de igual manera. Su mente insistía en que el término "compañero de trabajo" no era precisamente el adecuado, entonces, cómo debía responder a la tradicional pregunta "¿Quién es él?".

-Jouno, el desayuno está listo- se oyó desde el comedor del departamento que ahora compartían, pues pasado el incidente del vampirismo, Suehiro le rogó por semanas que se retiraran de ese trabajo, "Nos las arreglaremos como sea, después de todo, siempre fuimos la mejor dupla." eran las palabras que revoloteaban día y noche en su cabeza, sin embargo, una en específico resonaba en su mente "dupla"... Qué significaba esa palabra para el más fuerte, tal vez...No, no, era imposible.

-Oh, esta vez quitaste la cáscara de mi huevo cocido. Gracias- estaba tan concentrado analizando en su mente aquella pregunta por segunda vez en ese día que, sin darse cuenta, acarició dulcemente la cabeza del culpable cuando pasó detrás de su silla. La mente de éste último dejó de funcionar por unos segundos. "Debe haber sido un error" fue la conclusión que asumió ingenuamente.

Al día siguiente, Suehiro llegó corriendo asustado a la cocina a causa de un fuerte ruido.

-¿Jouno, estás bien? -Su expresión se horrorizó cuando vio la mano del mencionado bañada en un líquido escarlata que no paraba de fluir, a causa de un corte provocado por un plato roto. -Deja eso y ven para curarte.

-¡¡No!! -replicó con impotencia, mordiendo su labio con fuerza a modo de desquite -¡Soy un inútil que no puede hacer tareas tan simples como ésta cuando me distraigo pensando en ti!

Tecchou analizó esa última frase detenidamente. No pudo evitar sonrojarse, reventando sin querer los oídos del herido, pues ahora sus latidos parecían rebotar tan frenéticamente como unos tambores de guerra, la cual acababa de ganar.

-No seas como un niño y ven conmigo-. No hubo respuesta. Suspiró tranquilo -Está bien -finalizó el musculoso poniéndose de pie.

-¡¡¿Qué haces?!! -gritó Saigiku al notar que estaba siendo cargado en los brazos del otro- ¡¡Bájame!! -protestaba pataleando. La persona a la cual la palabra inteligente quedaba corta, parecía en ese momento un niño pequeño apunto de ser castigado.

"Se ve muy lindo ahora" pensó Tecchou, quien acató su orden cuando llegaron a la habitación y lo sentó en el borde de la cama para buscar el botiquín.

-¡Auch!

-No te muevas -ordenó con una voz tan amorosa, que le puso la piel de gallina al albino.

-Duele. ¿Qué quieres?

-Ya -habló pasado unos minutos el enfermero, acto seguido de un delicado beso sobre las vendas.

-¡¡¿Qué haces?!! -gritó sorprendido, quitando su mano precipitadamente. Recordó que todo acto tiene su consecuencia cuando sintió un fuerte dolor en su herida.

-¿Te duele más ahora? -consultó el otro sorprendido al ver su cambio de expresión.

-No.

-¿Entonces por qué tu cara y orejas parecen a punto de hervir?

El ciego pegó un brinco cuando, sin su consentimiento, Suehiro se acercó de pronto para pegar su frente con la suya.

Su respiración era armoniosa y el aroma dulce que manaba lo envolvió como un hechizo, despertando un deseo profundo en su interior que no podía describir. Ni siquiera cuando torturaba lenta y dolorosamente a un criminal se había sentido así.

HeridaWhere stories live. Discover now