Ciega y sorda

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Ya no hablamos aunque estés cerca.
Cada vez que cierro los ojos, muero.
Sin embargo, cuando no duermo
pretendo, osada, hacerme la muerta.

Si no me he quedado ciega,
¿por qué ya no puedo ver la luz?
Te escondiste detrás de mi cruz
y ahora gira sin parar la rueda.

Si no me he quedado sorda,
¿por qué ya no oigo el ruido?
Tu gentil voz lo ha destruido
con una celeridad pasmosa.

Eres la ruina que más deseo,
aunque pida muchas veces morir
en las malas noches de abril.
Quiero contarte mis secretos

al lanzarme como un torbellino
a esconderme entre tu corazón
y el mío. Ese va a ser mi rincón,
ahí ataré mis frágiles estribos.

Mis lágrimas dulces al caer
me balancean como una cuna.
Cantando una nana oculta
como el bravo mar te mecen.

El poemario del infiernoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora