Capítulo 1

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"Te romperé una y mil veces, sin importar que deba juntar tus trozos para luego volverte a romper." Eran las palabras de Harry cada vez que veía a Draco desmoronarse frente a él.





Capitulo 1.


Sabía que no debía hacerlo, no tendría que haberse levantado aquella mañana para asistir al ministerio como testigo clave en el juicio de los Malfoy. Hermione, sabiamente le recomendó no involucrarse de más, que de una vez por todas abandonará su absurda y enfermiza obsesión por el menor de los Malfoy. Pero decirlo era mucho más sencillo que hacerlo, necesitaba estar ahí, necesitaba de algún modo tener absoluto control sobre su enemigo.

El ministro Kingsley ingreso en la sala, los presentes se pusieron de pies y el ministro saludó a los presentes. Harry se dejó caer pesadamente sobre su asiento mientras mantenía la mirada fija en las tres cabezas rubias que estaban adelante, en el estrado de los acusados.

—Daremos inicio al juicio del señor Lucius Abraxas Malfoy—. Mencionó Kingsley con voz fuerte y clara—, el acusado que se acerque al estrado.

Harry observó con deleite como el hombre avanzaba con paso lento al estrado, mientras era escoltado por dos aurores quienes lo jaloneaban en el proceso. Todo avanzó tan deprisa, Potter se encontraba absorto en su propio debate mental que no se percató del momento en que se le convocó en el estrado de los testigos.

—Harry—, Hermione palmeó su hombro con delicadeza— el ministro te está llamando a declarar—, mencionó con voz suave mientras su rostro reflejaba auténtica preocupación.

El chico parpadeo lentamente para luego ponerse rápidamente de pie, le dedicó una cálida sonrisa a su amiga para luego avanzar al estrado con paso firme y decidido. Quién quiera que lo viera, se deslumbraba con la seguridad que el chico irradiaba causando el respeto o admiración de quien lo observara. Después de todo, a los ojos de todo el mundo mágico él era el salvador.

Harry se sentó para dedicar una breve mirada al ministro, centrándose posteriormente en el rostro demacrado de Lucius. ¡Dios, odiaba tanto a ese maldito hombre! Sin embargo, ahí estaba para dar su declaración y tratar de aliviar su sentencia. Uno de los aurores le entregó un pequeño frasco con veritaserum, sin titubear extrajo tres gotas de la posión y la derramó sobre su lengua. Tragó y entregó el frasco al mismo hombre.

—Señor Potter, está en este estrado como calidad de testigo y bajo los efectos del veritaserum. Ahora cuéntenos lo que sabe del señor Lucius Malfoy, con respecto a su participación en la guerra—. El ministro posó su amable mirada en el joven héroe.

—Es cierto cada cargo del cual se le acusa—, fijó su intensa mirada en el hombre—. Fue un miembro muy activo dentro de los servidores de Voldemort, sin embargo, no participó en la batalla de Hogwarts—. Carraspeo suavemente para luego retornar su discurso—. También es cierto que Lucius arrastró a su familia para ser parte de sus ideales, pero en el último tiempo comprendió su error. Su familia se convirtió en su debilidad y Voldemort aprovechó eso para utilizarlo a su antojo—. Sonrió con un deje de burla.

— ¿A qué se refiere señor Potter? Sea más específico—. Kingsley arqueó una de sus cejas en señal de sorpresa.

—Me refiero a que Lucius Malfoy actuó bajo amenaza. Si no cumplía con las misiones que Voldemort le encomendaba, este se encargaría de asesinar a Narcisa Malfoy y a Draco Malfoy—. Rebuscó en el bolsillo de su túnica y extrajo un pequeño frasquito transparente, el cual contenía extractos de recuerdos—. Como prueba a lo que estoy diciendo he traído recuerdos que corroboran mis argumentos.

El auror se acercó y tomó el frasquito para entregárselo al señor ministro. Los integrantes del wizengamot exclamaron en coro para luego comenzar un incesante cuchicheo entre ellos. Al parecer nadie esperaba este desenlace. El ministro dió un receso de treinta minutos para examinar los recuerdos en un pensadero y analizar qué no estén adulterados.

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