Capítulo 1. Liam

4 0 0
                                        


Hay una chica frente a mí, solo es una silueta pero por la forma de su cuerpo se que es una mujer. Su cabello es largo, lo lleva a mitad de la espalda, y tiene algunas ondulaciones en las puntas. Está de perfil. Trato de acercarme a ella pero mis piernas pesan tanto que voy muy despacio. Solo dos pasos cuando la veo abrir la boca

―Búscame―dice.

―¿Quién eres?―pregunto. No sé si me va a responder pero al abrir la boca imita el sonido de mi despertador.

Abro los ojos, agotado. Me siento en mi cama y reflexiono sobre esos sueños. No es el único que he tenido. Siempre sueño con esa chica, nunca le llegó a ver su cara. Solo su silueta. Y cada día percibo más detalles de ella que antes juraría que no estaban.

Mi mascota, un lobo blanco y gris, se me acerca para tranquilizarme. Mi vínculo con mi lobo protector es tan fuerte que ni la muerte nos podría separar.

―Ojalá pudiera ayudarte―me dice el.

―No te preocupes. A estas alturas no creo que nada ni nadie pueda ayudarme―le digo―. Pero gracias por intentarlo.

Él asiente y cierra los ojos por unos segundos. Entro al baño para ducharme y por alguna razón pongo la radio. Cosa que nunca hago. Mientras el agua cae, una melodía suena.

La misma chica, aparece en mi cabeza. Frente a mí no veo más que su silueta y su sonrisa. Tan sincera y tan bonita.

Vuelvo en mí y termino de enjabonarme. Salgo de la ducha, me visto y salgo de mi habitación. Me dirijo a la cocina, donde mi madre y mi hermana de doce años están en ella haciendo su rutina diaria.

―Buenos días, mamá―le digo dandole un abrazo. Calya, su loba, le da unos lametones a Colmi el cual protesta―. Hola, enana.

Andy pone morritos pero se calma cuando beso su frente.

―¿Vendrás hoy a acompañarme a la escuela?―me pregunta ella mientras se lleva a la boca una cucharada de cereales.

―Lo intentaré―le prometo. Ella esboza una sonrisa adorable. Mamá me sirve unas tostadas con mermelada.

―Como no vengas te enteras―me amenaza con la cuchara. Sonrío ante ese gesto.

―Andy, no distraigas a tu hermano tiene que ir a patrullar la ciudad―le insiste mamá.

―¿Sabes algo de papá?―pregunto.

―Iré a verle al hospital en media hora, pero dicen que no está mejorando.― Suelta un suspiro.

―Seguro que lo hace, es fuerte―la animo. Engullo, sin darme cuenta, mi tostada―. Cuéntamelo todo.

Ella me sonríe a pesar de la situación que estamos viviendo.

―Vete, vas a llegar tarde―beso su mejilla, me despido de mi hermana pequeña que me señala la cuchara a modo de amenaza.

Salgo de casa, me subo a la moto que mi escuadrón me ha proporcionado y Colmi se sube detrás mía.

A pesar de la hora, la ciudad está muy animada. Mi superior me saluda a modo de sonrisa. Es mayor que yo por doce años pero aun así es de mis pocos amigos que poseo. Sus ojos, azules, tan expresivos parecen alegres. Me recibe con una palmadita amistosa en el hombro, tras eso me analiza.

―Pareces cansado, ¿estás bien?―me pregunta.

―Si es solo que tengo unos sueños muy confusos―le respondo.

―Deberías tomarte unos días libres, para organizar tus prioridades―me sugiere―. Pero es decisión tuya.

―Justamente ahora, necesito trabajar―trato de llevar la conversación por otro lado.

Él solo asiente y me indica donde me toca trabajar ese día. Me despido de él con las manos en los bolsillos. Colmi se me adelanta con una mirada protectora en sus ojos.

Las primeras horas no hacemos nada más que ayudar a unas cuantas personas con sus quehaceres de siempre. Me agradecen dándome algunas cosas de sus tiendas, la mayoría son piezas de fruta.

La cosa se pone más interesante cuando detengo a alguien por atracar a una señora mayor. Por suerte Colmi lo alcanza y lo derriba.

Después de eso paramos a comer algo. Por mi situación económica me siento en un parque y saco varios tapers de comida.

Alguien comienza a tocar una melodía lenta con una guitarra e instintivamente miro en su dirección hacia un señor de setenta años. Frente a él nadie le hace caso salvo una mujer. Puede tener mi edad, el pelo largo y azul.

Ambos hablan como si se conocieran y el anciano le da su instrumento invitándole a tocar. Es entonces que me percato que ella tiene un águila posándose en su hombro.

Ella se sienta a su lado y puedo verle la cara mejor. Una suave sonrisa asoma por sus labios, sumado a unos cuantos gestos tímidos donde escondía sus grises ojos.

Rasga una cuerda de guitarra y mi corazón palpita con fuerza. Le siguen más notas y vuelvo a evadirme de nuevo.

La sonrisa de la silueta se superpone a la imagen que tenía en mi cabeza. Pero ni sus ojos ni cara me dan más detalles de ella.

―Buscame―Vuelve a decir. Quiero responderle pero no puedo. Mis piernas me pesan más que cualquier cosa.

Lo peor no era esa parálisis si no que esa canción me es familiar pese a no haberla oído en mi vida.


ChangesWhere stories live. Discover now