El día se había vuelto agobiante. El salón de clases estaba abarrotado de alumnos de quinto año que estaban a meses de terminar la escuela secundaria. Luciano, un chico de 17 años, de estatura mediana, flaco y de grandes ojos verdes, estaba apoyado desgarbadamente sobre el asiento. Mientras todos sus compañeros gritaban y hablaban en voz alta, saco su celular y busco la app de citas para conocer chicos en su zona. Sus amigos mas intimos sabían que era gay, pero el resto de sus compañeros no, porque seguramente lo molestarían.
Durante toda la secundaria tuvo que aparentar que le gustaban las mujeres. Habia tenido dos o tres novias con las que había chapado y tenido citas fuera de la escuela. Recordaba que en primer año alguien le había gritado "puto" en uno de los pasillos de la escuela y sin dudarlo busco a una amiga que estaba en cuarto año y le pidio ayuda. Betsabé estuvo todo el semestre haciéndose pasar por su novia para ahuyentar los rumores. Sin embargo, fuera de la escuela había tenido varios encuentros con chicos de su edad.
Su descubrimiento llegó de la mano de su vecino de barrio. A los 14 años, Luciano estaba jugando en la plaza del pueblo donde había crecido y Jonás se acercó a él como hacía todas las tardes. Pero esta vez había algo distinto. Jonás le dijo que había encontrado una casa abandonada a un par de cuadras y sin dudarlo se dirigieron a investigar. Era la hora de la siesta y mientras todos dormían ellos y otros chicos de por ahí, se convertían en los dueños del pueblo.
Cuando llegaron a la casa abandonada, Jonás salto la reja y paso del otro lado. Luciano subió y una vez arriba tuvo vértigo. Así que Jonás, que estaba abajo, lo tomo de las piernas y lo ayudo a bajar. Sin querer se soltó de la reja y el impulso hizo que se cayera sobre Jonás. Los dos rodaron al pasto. Luciano sintió como sus cuerpos se acariciaban y se le puso la piel de gallina. Automáticamente, su mente comenzó a ebullir. Ambos quedaron cara a cara y mientras sentía como Jonás tenía una leve erección, se levantó de un salto, asustado y cohibido. Miro para otro lado mordiéndose el labio y siguió camino hacia el interior de la casa.
Ninguno de los dos emitió sonido hasta que llegaron adentro. Jonás lo miro y sin dudarlo se acercó a él. Tomo su rostro con ambas manos y le dio un beso. Sus ojos se abrieron como platos, y su primer instinto fue empujarlo, haciéndolo caer al suelo. Sin pensarlo, lo ayudo a incorporarse y le devolvió el beso. Sus labios se fusionaron en uno solo. Todo su cuerpo se estremeció. Su erección era total. Ambos rozaban sus cuerpos de un lado al otro.
Luciano se estremeció de solo pensar en Jonás. ¿Adónde estaría ahora?. Semanas después de ese encuentro, el padre de Jonás recibió una oferta de trabajo en otra provincia y se mudaron rápidamente.
Abrió la app. Le aparecía una persona a 45 metros de distancia. Luciano le hablo y después de casi media hora de charla habían quedado en encontrarse en el Monumento a los Caídos que estaba a 20 minutos.
El timbre anunció que se terminaba el día. Un bullicio invadió los pasillos del colegio mientras todos corrían, saltaban, hacían bromas y salían para irse. Jonás cruzo la calle y paso por la plaza que se encontraba en frente del colegio. Se detuvo bajo el árbol de moras y tomo algunos frutos para comer mientras caminaba. En el camino se encontró con Florencia que salía de una escuela y como vivían en la misma cuadra volvieron al barrio juntos.
- Estás muy callado - Sentencio Florencia de repente. - ¿Te paso algo?.
Florencia sabia todo. Ella era su amiga más cercana y su vecina de toda la vida. Había conocido a Jonás y la historia fugaz de descubrimiento de ambos.
- Me voy a ver con un tipo esta tarde. Estoy nervioso.
-¿Por?.
- No sé, ni idea. Es un toque más grande que yo. Es hermoso igual, pero no sé, me ponen nervioso los encuentros. - dijo Luciano en un afán de analizarlo todo. No podía saber por qué siempre que iba a ver a alguien se ponía así. Se le aceleraba el corazón, le temblaba todo el cuerpo. Sus dientes temblaban como si hiciera 3 grados bajo cero. Le transpiraban las manos. Era un combo fatal. Después se le pasaba todo de golpe.
No podía decir que Jonás era su amor, porque solo había sido un beso. Pero si fue su primer beso con un hombre. Su primer acercamiento al cuerpo de un hombre. Acariciarlo fue lo más sublime del universo. Sentir su lengua, tocarse con la suya era lo más hermoso del mundo. Todavía recordaba meter su mano en el pantalón de él y acariciar suavemente su pene. Su pene, tan duro y venoso. Latiendo en sus manos. Simplemente, fue todo lo maravilloso que podía haber imaginado. Aunque, ahora que lo pensaba, nunca se había imaginado que iba a ser Jonás. Luciano siempre miraba al hermano de su vecina. Hernán era dos años mayor que él, alto, jugaba al futbol y siempre andaba en shorts blancos y cortitos. Sus piernas de jugador de futbol eran una visión que recordaba cada noche antes de dormir mientras acariciaba su bóxer.
Llegaron a su casa y Florencia lo despidió con un beso y un "Buena Suerte hoy". Luciano caminó un par de pasos más, entro a su casa y se dispuso a comer algo, antes de dormir una siesta. Estaba cansado. Se había despertado temprano y quería estar de buen ánimo para el encuentro de la tarde.
Durmió menos de una hora, pero sus sueños fueron los más eróticos. Se bañó, se masturbó en la ducha para bajar la presión y la ansiedad, se vistió y se fue a la parada del colectivo. Cuando se sentó, el sol de la media tarde golpe sobre su cara. El calor que sintió era proporcional a los nervios que se estaban asomando. En unos minutos estaría en el Monumento. ¿Qué podría salir mal?.
Se bajó del colectivo y le envió un mensaje. "Estoy". Miro para ambos lados y de repente sintió una vibración que anunciaba la respuesta. "Estoy al borde del río, remera verde, pantalón corto negro". Levanto los ojos y miro hacia la orilla del río en busca del hombre de la descripción. Lo vio. Se acercó temeroso porque no quería confundirse de persona. Esa sería una situación tensa y vergonzosa. Un hombre levantó una mano y Luciano hizo lo mismo. Estaban a 50 metros y solo podía pensar en lo que estaba viendo. Un hombre de unos 25 años, alto, musculoso, de piernas hermosas y peludas. La remera ajustada alrededor de sus brazos bien formados, su torso prominente y la cara más hermosa que había visto, se acercaba a su encuentro. Ambos se detuvieron uno en frente del otro, Luciano extendió la mano para saludarlo.
- Hola, Soy Mariano.
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Soldadito
RomanceLuciano es un joven que recien esta dejando atras la adolescencia y esta saliendo al mundo. Tambien se esta descubriendo y conoce a un hombre de mas edad de quien se enamora. A medida que se van conociendo mas y mas, Luciano descubre un secreto que...
