"I think I've seen this film before, and I didn't like the ending ".
"Creo ya haber visto esta película antes, y no me gustó el final".
—¡Pero no lo entiendo! ¡Para qué sirve esto! —¿Por qué llevaba con un niño discutiendo durante 20 minutos sobre para qué servía el mínimo común múltiplo en la vida real?
Honestamente, no lo sé. Ni una ni otra.
Oí a la Virgen cantar cuando sonó el timbre del recreo, lo que significaba que podía dejar estas preguntas aparte y comerme la merienda.
Aparté a algunos niños antes de que salieran para recordarles que tenían tutoría esa tarde.
—Yo tenía que decirle algo. —Paloma Romero me dijo.
—¿El qué?
Se quedó un rato pensando después de que se fueran los otros niños.
—No me acuerdo. —Confesó.
—Pues cuando te acuerdes, me lo dices.
—¡Vale!
Salió pitando, no sé que tantas ganas de correr, la verdad. Cerró la puerta detrás de ella y tardó unos minutos en que alguien tocara a la puerta.
—Mateo, ¿puedo hablar contigo? —La directora, doña Desireé, me preguntó.
¿Ni aún en mi recreo voy a poder descansar?
—Sí, claro.
—Esta tarde tienes tutorías, ¿verdad?
—Como cada lunes.
—¿A quién le has pedido tutoría?
—Martín Serrano, la madre de David Cabrero me la ha pedido por séptima vez y Paloma Romero.
Se enderezó al oír el nombre de la niña.
—Ya era hora de que hablaras con sus padres. —Me echó en cara.
¿Y esta señora?
—En cuando he podido. —Me defendí.
—¿Qué le vas a decir?
—A ver, no tengo exactamente una lista con todo lo que ha hecho. Pero, en general, que tiene problemas de impulso e hiperactividad. Aunque es, en general, una buena niña.
—¿Una buena niña? Díselo a los padres de los chicos a los que ha pegado.
Como se notaba que no se molestaba en conocer a sus alumnos, desde el primer día que llegué, ella se apegó a mí mientras se adaptaba y era la niña más dulce que existía.
—Bueno, no se preocupe, doña Desireé. Yo me haré cargo.
—Así me gusta, no me decepciones.
—No lo haré. —Declaré con una sonrisa y, por fin, se fue, cerrando la puerta—. Asquerosa. —Murmuré. Solo era directora porque su tío ocupaba su cargo hasta que murió el año que me gradué.
Saqué una bolsa de tortitas de arroz con chocolate negro y no me dio tiempo a darle un bocado cuando abrieron la puerta de golpe.
—¿No tienes tú tu propia aula? —Vi a Lucía, mi compañera de trabajo, con la que, con diferencia, mejor me llevaba. Los otros eran casi todos profesores que me dieron a mí.
—Sí, pero quiero quejarme.
—¿Por qué tengo que ser yo?
—Shh. Calla que esto te va a interesar. —Se sentó en la misma mesa donde estaban mi merienda.
KAMU SEDANG MEMBACA
Betty
RomansaAl Universo le encanta darle vueltas a tu vida cuando menos las esperas o quieres, pero así es la cosa. Mateo creía haber construido una vida pacífica cuando de repente, la mujer que consideró la mujer de sus sueños, entra de repente. Tras desvanec...
