Yo apenas había cumplido 15. El comienzo de mi ultimo año de instituto iba a ser el inicio de una historia idílica. Una historia que arrasaría con todo. Muchas personas me preguntaron si considero un error todo lo que ha pasado. Mi respuesta ante todas ellas es claramente no. Aunque si me preguntasen sobre las cosas que quisiera cambiar la respuesta seria muchas. Quizá todas. Pero no considero un error una decisión tomada con el corazón. Por muchas dificultades que esta traiga. Si me preguntasen que fue para mí Hugo Sánchez, respondería un problema. Si, en cambio, me preguntasen que significó Hugo Sánchez en mi vida, no sabría ni por dónde empezar.
Al contrario de lo que muchos estaréis pensando, Hugo Sánchez no era un compañero de instituto. Al menos no uno cualquiera. Si que pasábamos tardes juntos, incluso noches juntos, que se transformaban en felices mañanas en cuanto el sol entraba por la ventana de su habitación. Jugábamos, estudiábamos, íbamos al cine... Nos queríamos. Pero, aunque antes haya dicho lo contrario, esta historia es más propensa al drama que a al idilio. Al menos así será mientras sea yo quien la narre.
La primera vez que vi a Hugo Sánchez estaba llegando a el instituto. Él iba detrás de mí, leyendo a George Orwell, ni siquiera noté su presencia y podría decir lo mismo de parte de él. El famoso mundo distópico de "1984" le retenía la atención. Pero un pequeño incidente le devolvió al siglo XXI, un incidente llamado papá.
A penas eran las 7:45 de la mañana, mi padre pasó por la calle donde Hugo y yo cada uno inmerso en su mundo, andábamos uno detrás del otro. Paró el coche bruscamente, a penas había frenado del todo ya estaba saliendo, noté que Hugo levantaba la mirada de su novela en cuanto mi padre dio un portazo con su puerta, justo el momento que me alcanzaba en la cera. Abrió la puerta trasera y sacó a un niño de 7 años como si fuera un saco de patatas. Hugo, al intuir la posible reacción de mi padre frente a los cotillas, siguió andando con la oreja puesta.
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La verdad
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