Prologo

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Salir y entrar a clases era aterrador.

Siempre habría uno que otro matón esperando para desquitarse o matar lo poco que conservaba de dignidad. Con el tiempo aprendió a ser sigiloso, evitar a toda costa el peligro y sus agresores.

Fue entonces que después de haber fallado en esconderse, Kiyomasa y su pandilla lo agredieron a tal grado de que al verlo cuando volvió a casa su madre soltó en llanto y decidió hacer un traslado, y para ser mediados de años, la mujer con pocas esperanzas empezó a buscar una escuela que aceptara a su hijo con notas tan bajas. Cuando menos espero una solicitud de aceptación llego, la mujer estaba tan feliz que hiso una cena deliciosa.

Ella no cuestiono acerca del horario, que solo era en la noche, no cuestiono la lejanía de este. Pero Takemichi que, al ser tan intuitivo, sabía que algo no andaba bien.

- Estarás bien cariño – la mujer hablo, estaba contenta.

No respondió a la mujer. Ambos quedaron maravillados a la normalidad de la escuela, la madre no dio más vueltas, al menos el lugar era decente. En su mente no diría que esperaba una escuela de malandros. 

Dejo a su hijo en la entrada.

Takemichi sentía sus piernas temblar, poco a poco tomo confianza cuando empezó a notar que todos pasaban de largo a su presencia. Noto con extrañeza que un par de animalillos se colaron y revoloteaban por el patio.

- Hola.

Una voz murmullo, alzo un poco la mirada. Un chico rubio de ojos verdes le sonreía.

- ¿Me hablas a mí? – todos sabían que hablar con Takemichi era suicidio social. Entonces cubrió sus bolsillos, menos mal que solo llevaba poco dinero, tal vez así su posible bulling pierda el interés en molestarlo.

- Si, a ti.

Los dos se miraron, uno alegre, el otro estaba temblando a mas no poder, así que salió corriendo.

Sin darse cuenta termino dentro del edificio que sería su nueva escuela, noto entonces, con horror, que todos tenían pintas de malandros, hasta las mujeres, desde chicos tatuados hasta chicas que tenían la falta tan arriba que se veían sus prendas íntimas, estas sin vergüenza alguna se pasaban por los pasillos, alguna que otra pelea "amistosa" se desarrollaba con pocos expectantes, nadie hacia nada, al perecer era más común. Su sangre abandono su cara cuando vio a un chico jugar con un cuchillo. Todos tenían pintas de ser delincuentes, lo cual solo significaba una cosa, todo ese año sería terrorífico. Así que se agacho lo más que pudo, menos mal tenía su uniforme en orden y su cabello dejo de ser rubio, (aunque al ser normal llamaba más la atención).

- ¡Tu! ¡Pequeña mierda! ¡Estorbas el camino! – grito una grave voz a su espalda, al girar se topó con lo que sería el prospecto de friki y nerd, con un curioso peinado que tenía exceso de gel, no le habría asustado de no ser por su tamaño intimidante.

- ¡Lo siento! – chillo y se apartó del camino.

- Tch, pequeña mierda miedosa – dijo el chiquillo intimidante para ser un nerd.

Para su suerte, este paso de largo

Tal vez rezar a Dios no era tan malo, no era creyente, pero le estaba ayudando.

Al llegar a su salón, noto que solo había uno que otro sentado, de las casi treinta carpetas, solo un par estaban llenas. Repaso sus reglas, sentarse atrás significaba estar con los maleantes que probablemente se conviertan en sus abusadores, sentarse adelante sería una invitación abierta para que puedan bulearlo, sentarse en medio seria tener notas promedias y participar, los docentes siempre les llamaban a participar a los de en medio, y su intelecto... no era un burro, tenía las neuronas suficientes para sobrevivir, pero no era un genio y sus notas apenas pasaban (su mamá terminaría ofreciendo una gallina quizá si es que estaba en peligro de jalar). Lo mejor sería encerrarse en los baños y esperar a que las clases terminen, pero no, su conciencia no le permitiría mirar a su madre a la cara.

Con toda la lentitud posible, silencioso, se apresuró a sentarse en la silla que menos llamara la atención. Los pocos presentes ni se inmutaron, así que pudo estar tranquilo. Pasaron horas, se dio cuenta con miedo, de que los docentes no llegaban, y los alumnos salían y entraban.

Eso fue raro. Algo no estaba bien.

Cuando toco el timbre de salida, como si una estampida de animales se tratase, todos salieron con prisa, casi que siente el piso temblar.

Por un momento pensó, que quizá, no sería tan malo el resto de su año escolar.

Naabot mo na ang dulo ng mga na-publish na parte.

⏰ Huling update: Nov 23, 2023 ⏰

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