El dulce aroma a algodón de azúcar, los deliciosos lagos de nata montada y los altos pinos de un oscuro chocolate amargo inundaban el ambiente en el valle de los regalices.
Nadia se despertó cuando un tenue rayo de sol que se ocultaba trás unas nubes que acababan de descargar toda la nieve que traían; se adentró por la ventana de su pequeña, pero colorida habitación. Se levantó de un salto de su cama hecha de galletas de jengibre y se miró en su espejo de caramelo en el que se podían ver sus pelos revueltos.
Nadia, una chica de edad 14 años, de 1,70 cm de estatura media, que solía llevar ropa casual y melena pelirroja con mechas de colores multicolor. Sus aficiones eran leer antiguos libros sobre el crujiente y valiente pasado de su abuelo y... Por ahora, la otra afición permanecerá en secreto por si hay oídos inadvertidos e indeseados. En fin, ya os lo contaremos, aunque lo de su abuelo tampoco se puede contar. Shhh.
Nadia se cambió de ropa y bajó las escaleras de caramelos duros que probablemente haría falta cambiar en un futuro no muy lejano. Por la pared de al lado de la barandilla habían cuadros de sus antepasados:
~Su padre, cuyo recuerdo guardaban con cariño.
~Su abuelo, un aventurero en secreto.
~Su abuela...
Y muchos más.
Dirigió su mirada hacía la cocina de armarios de color rosa pastel asegurándose de que su madre ya había salido a comprar los ingredientes para hornear la tarta de confetti que tenían planeado hacer por su cumpleaños. Aprovechando la ocasión, cogió el abrigo cuyas plumas de algodón de azúcar azul adornaban lo alto y su bufanda de regaliz entrelazado.
Salió de su casa de fachada de ladrillo de crema de cacahuete congelada que tintaron mucho tiempo atrás de color amarillo. El tejadillo estaba hecho de galletas de mantequilla algo malgastada por la nueve recién caída. Refrescaba y se estremeció dentro de su cómodo y caliente abrigo.
Miró hacia el horizonte, algunas nubes violetas y el mar de chocolate con leche que servía de frontera, se divisaban a lo lejos... Un mundo inexplorado para todos los habitantes del valle que en ese momento vivían. Nadia sabía que su abuelo, sí que cruzó aquellos lagos de nata y algunas de aquellas montañas de merengue. Pero era su secreto. Ella era la única de su familia y del valle que sabía que su abuelo cruzó la frontera. Nadia había leído los diarios de viaje de su abuelo a través de aquellos terrenos, y tenía la certeza de que no lo podía compartir... Ya que desde que se impuso una nueva norma hace siglos no estaba permitido, por lo que si lo decía podía meterse en problemas junto con su madre. Pero Nadia sabía que algún día tendría que decirlo, ya que su otra afición tenía que ver con cruzar aquel enorme mar de chocolate y ver que había con sus propios, y no a través de palabras, lo que había allí.
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Nadia y el mundo de los dulces
AventuraNadia intentará seguir los pasos que un día su abuelo recorrió, metiéndose en líos en los que nunca esperó meterse y entrando en territorios desconocidos. ¿Qué pasará con esta chica tan aventurera que vive en el Valle de los regalices? Descúbrelo...
