Visita Inesperada

14 0 0
                                        

Los insistentes ladridos de mis perros me alertaron, despierto algo desorientado, buscando a tientas mis ojotas, salgo apurado de mi cama y como puedo abro la puerta de mi casa, un sol radiante me encandila, y frotando mis ojos me acerco a la reja, pido a mis perros algo de silencio y me enfrento con el motivo del alboroto. Unos ojos tiernos y pacíficos me saludan a juego con un hermosa sonrisa, un rostro sereno. Recuerdo haber pensado: "ojalá me despierten así a diario".
Saludé, revisando si tenía puesta suficiente ropa, por suerte así era, aunque me sentí avergonzado por los augeritos y lo desteñido de mi remera, sentí enrojecer mi rostro y a media voz dije: -Hola
El dueño de los ojos tiernos regresó mi saludo, y me ofreció unos libros infantiles, a pagar en cuotas, yo inmediatamente comencé a buscar en mi cerebro algún pariente o amigo con hijo que justifique mi compra, pero nadie se presentó en mi mente, aún así revisé el material, mucho más concentrado en escudriñar al muchacho que los taría que en los libros que me ofrecía. Tenía la piel de un hermoso color tostado "trigueño" le diría mi abuela, era esbelto, con sus hombros anchos en relación a su cintura, tenía unas manos de dedos largos y brazos razonablemente tonificados, simplemente era mi tipo, ni muy debilucho ni demasiado fuerte, ni muy alto ni muy bajo, ni muy exótico ni muy común, de repente, me doy cuenta que no tengo idea de qué tratan los libritos, y que estoy a punto de comprarlos.
-oye, ¿Quieres pasar? -solté de la nada, con la esperanza de que milagrosamente acepte- no he desayunado, ¿Querés tomar unos mates? -dije esto último sin verdaderas esperanzas de que acepte, más bien evadiendo mi triste realidad de no poder enamorarme de este muchacho, porque nadie me tomaría en serio con estas fachas, más bien, esperaba que me rechace y se marche, sofocando con ello estas absurdas esperanzas que comienzo a sentir.
-claro, no he comido en toda la mañana -dijo sonriente.
Estupefacto, sin poder creer del todo mi suerte abrí la reja calmando a mis perros, le dije a este agradable sujeto que son inofensivos que no se preocupe y cruzó el portón arrastrando su valija, como si de un presagio se tratase, acrecentando mis esperanzas, lo opuesto de lo que yo perseguía al invitarlo. Una vez en mi modesta cocina-living-comedor-todamicasa le ofrecí sentarse y así lo hizo, mientras yo llenaba con agua la pava y la ponía en la hornalla, al girarme lo tenía pegado a mi espalda, casi me lo choco, y con una voz para nada amable me dice: -estás robado flaco- mientras me apoya una pistola en la panza, que se sentía fría como el hielo, un insoportable contraste con lo caliente que yo sentía su presencia. Su aroma golpeó mi rostro, suave y hogareño, aún con el arma sobre mi cuerpo, el anhelo no se extinguió, algo difícil de sobrellevar por cierto. Me empujó sobre la mesada, no con su arma, sino con su cuerpo, produciendo en el mío reacciones inoportunas y desubicadas mas imposibles de contener, así expuesto como me dejó su ojos relucieron con deseo, puede identificarlo tan pronto apareció en ellos, también pude ver la lucha que libraba consigo mismo, entre el avanzar o el detenerse, yo petrificado como me encontraba elevé mis plegarias a cualquier entidad, con la súplica absurda de ser besado por este ladrón. ¡Soy tan patético! No obstante mi ruego silente fue oído y antes de poder yo siquiera pestañear tenía la boca del ladrón haciendo su trabajo, robándome el aliento y la razón. Aquel beso, lleno de fuego y pasión derritió por completo mi razón, y yo en lugar de tomar el arma y sacarlo a patadas, me dejé besar, como si la vida se me fuese en ello, como si con mi beso pudiese yo salvar al ladrón de sus crímenes, como si así el arma se desvaneciese y el último evento se evaporase. Tanto ardía mi interior que sentí alivio al ser despojado de mi agujereada remera aquella boca que se sumergió en mi cuerpo, comenzó a trazar un lento pero constante recorrido, ante la anticipación de su destino posterior, sentí brincar mis ansias. Para esta altura, ni sabia del arma, mi existencia o nada material. Era yo como un ser etéreo en manos de un dios benevolente bendiciéndome con sus labios intangibles mientras todo ocurría en un plano inmaterial hasta que un fuego muy intenso y palpable me arrancó del plano onírico y me lanzó de modo nada sutil al real, dejando un desastre en el traspaso. El extraño sonreía del modo más diabólico que he visto, claramente no era un dios bendiciéndome, más bien era el demoníaco arrebato de mi alma el acto que llevaba a cabo. En cuestión de segundos, me había despojado de todo atuendo, dejándome más expuesto de lo que he estado en mi vida, me arrastró por la única puerta que encontró y me dejó allí, solo, desnudo y vacío. Nunca regresó.

You've reached the end of published parts.

⏰ Last updated: Apr 16 ⏰

Add this story to your Library to get notified about new parts!

AireStories to obsess over. Discover now