Capítulo 1: El divino demonio

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El tiempo es un concepto que puede llegar a asustar cuanto más indagas en sus misterios, el tiempo es sinónimo de historia, de eventos y de acciones, pero, ¿Qué ocurriría si mi tiempo fuese eterno?

Hay cosas en las que todavía me cuesta creer, aun viéndolo a través del Poder del Rey, todavía estoy un poco atónito y eso me recuerda el día en el que un hombre dorado me llamo por mi nombre.

Mi nombre es Lelouch Vi Britannia, un príncipe exiliado.

Lelouch Lamperouge, una persona que oculta su origen.

Zero, un servidor y símbolo de la justicia.

Finalmente... L.L., alguien que pudo seguir adelante y abrazar la felicidad.

Yo soy todos ellos, no importa con que nombre se me sea reconocido, eso ahora no importa...

El cambio es pieza fundamenta en la infinita telaraña de la existencia, entonces ¿Qué tan fuerte tiene que ser este hombre dorado para traerme en carne hueso desde el otro lado? ¿Es omnipotente? ¿Omnisciente? ¿Omnisapiente? Solo he tenido visiones de un tal Dios Emperador de la Humanidad.

¿Dios Emperador de la Humanidad? Ese es un término bastante directo para denominar a un ser tan fragmentado, ¿Cómo es que lo sé? Estos ojos míos han visto muchas cosas a lo largo de los siglos: Puedo doblegar la voluntad, he de imponer mis órdenes y también me ayuda a ver a aquellas almas congregas en decenas de miles que rodean el trono donde se sienta este Dios Emperador de la Humanidad, una imagen de torbellinos dorados y voces aullantes.

—¿Esto es un Dios?

Pregunte súbitamente al rostro que alza sobre aquel torbellino dorado, más no recibí palabras y en su lugar, puedo ver mundos interminables de un vasto Imperio cuyos humanos que las habitan son como arena en la playa.

—Tantos... desgracia...

Aprieto mi boca por todo lo que veo: Demonios que caminan sobre la tierra, personas que suplican por una muerte rápida, putrefacción que se extiende a lo ancho de sistemas planetarios y la decadencia que azota con furia a las almas de cada humano y no humano en ese imperio.

Hay tanto dolor, caos y miseria que mis ojos sangran al ver todo al mismo tiempo y solo bastaría unos minutos más para que mi propia existencia se deteriore y me convierta en polvo.

Dios Emperador, el Dios que pelea sentado en un trono dorado, el cual sostiene a una podrida humanidad. No obstante, el término "Emperador" me hace dar cuenta de otras cosas, el Emperador tuvo que ser un humano para adoptar ese título.

Todavía tengo muchas preguntas del cómo y por qué, solo me abstengo de no actuar erróneamente.

Esta no es la primera vez que resucitó, más bien, en esta ocasión fui arrastrado del sueño eterno de la muerte a un despertar apoteósico en una especie de mausoleo adornado de millones de huesos.

—Una tumba, un mausoleo. Hay tantos cráneos para inundar un país con ellos.

La construcción tiene un candelabro de huesos, las paredes están cubiertas con aclamaciones del Dios Emperador de la Humanidad y todo se ve como una catacumba de la realeza.

—Una formación demasiado ordenada para los restos de personas comunes.

El Emperador de la Humanidad me arrastro a la vida dejándome en claro que no estaba jugando, el Emperador de la Humanidad es persistente para conseguir lo que quiere, y curiosamente yo actué también de esa manera, así que no había ningún tipo de rodeos cuando hablamos cara a cara.

Detrás de esa luz dorada puedo ver claramente incluso con los ojos cerrados, ya entiendo, no es necesario hablar, solo hace falta un pensamiento.

De todas formas, soy yo quien se mueve primero.

—El hecho de traerme aquí dice mucho de tu manera de actuar, Emperador de la Humanidad.

"Lelouch..."

—Incluso con los ojos cerrados puedo ver claramente tu estatus, ese poder no es propio de un humano, pero no percibo al Dios...

"Tus ojos son capaces de gobernar sobre otros, pero no todo sale como quieres"

—Es verdad, incluso con todo el poder habitualmente hay cosas que no podemos controlar. Tu mensaje es muy claro, incluso con todo tu poder, todavía sigues sentado en ese trono ¿Me equivoco?

"Y es por eso que estás aquí"

—Si bien me traes a la vida, eso también significa que puedes eliminarme, eso solo evoca una cosa...

"Eres libre de buscar tu salida"

—Actuaré por mi propia cuenta...

"Puedes doblegar a los hombres, ahora doblegarás demonios"

Esa claramente no fue una sugerencia.

No hay más que decir cuando estás frente a una especie de deidad dorada, pero incluso si es una deidad, su poder no es absoluto, pero de todas formas sigue siendo el Dios Emperador de la Humanidad.

Todo queda muy claro cuando a mi salida de ese mausoleo encuentro un documento con mi nombre y el título de Inquisidor como cargo. Hacer caso omiso a este documento se vuelve irrelevante cuando me geass ha sido bañada en esa luz dorada y sobre todo, el documento muestra un par de nombres adjuntados en una hoja aparte.

­El Rey en Amarillo.

La Llave de Plata.

Árbol de la vida.

Fabius Bile.

Y ahora lo que verdaderamente llamo mi atención...

C.C.

Este tipo de manipulación es muy obvia, pero mi geass está resonando fuertemente, ahora la pregunta sería: ¿Cuánto de esto es verdad? ¿Cuánto de esto es mentira? No lo sé, solo puedo suponer un par de cosas.

Inquisidor, básicamente tengo la libertad de moverme por mi cuenta, claro, siempre y cuando muestre "resultados". Francamente no me sorprende.

Si yo estoy vivo, puede que C.C. también lo esté y la probabilidad no es nula.

Emperador de la Humanidad, eres bastante directo... no hacen falta palabras cuando le das libre albedrío a alguien como yo.

Piezas rotas: InquisiciónHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora