Mañana al amanecer todo acabará, pero pienso pasar el tiempo que quede con ella.
Vamos conduciendo por la autopista y por el reflejo del cristal veo un coche de policía acercándose al nuestro.
Se acerca tanta que hasta nos da un leve empujón. Aceleró lo más que puedo.
Siento la mano de Rachel en mi pierna.
Me giro para ver la expresión de su rostro, y lo que me encuentro es una cara de pura tristeza y dolor.
Mi primer impulso es abrazarla pero recuerdo que estoy al volante.
Gira su cabeza hacia el inhóspito paisaje y yo doy un leve respiro. El coche de policía inicia su irritante alarma y yo ya he llegado a la cuarta marcha. Dentro de unos ochocientos metros hay que elegir a donde ir; los caminos se divides en tres secciones. El de la izquierda conduce a la playa, el camino del medio dirige a la ciudad, mientras que el camino de la derecha conduce hacia la casa de mis abuelos.
Es una pequeña villa con vista a las montañas.
Cuando estoy pensando por donde ir , ya he llegado y en un segundo decido ir por el de la derecha. Se que el policía va a tirar por el mismo sitio que yo, pero no sabe que la villa de mis ya fallecidos abuelos tiene control de seguridad en la entrada, es decir, cualquier coche sospechoso que no sea ni el mío, o el de mis abuelos, no puede pasar.
Eso me da un respiro y piso más el acelerador y llego ya a la quinta marcha.
—Caden, acelera— Me dice Jen con voz algo temblorosa.
—No te preocupes amor, ya llegamos y hay un control de seguridad— Digo, con voz aspera.
Al entrar se activa el sistema y se abre unos portones de acero de unos 2 metros de alto, impidiendo El Paso a cualquier intruso.
Las sirenas del coche dejan ya de sonar y vemos a través de una valla que se aleja por el camino.
No creo que el conductor del coche que nos ha perseguido sea un policía normal, sino que puede que se tratase de depredadores que atracan a las personas para ver si tienen comida u objetos útiles.
Todo lo que conocemos acabará mañana; El sol emitirá rayos tan fuertes que quemará la tierra.
Nuestros familiares murieron en la gran depresión del 43, al Intentar conseguir alimentos en las ciudades.
Nosotros tuvimos suerte, porque cuando salió la noticia a la luz, vivíamos en el campo y no nos afectó.
Supongo que esta será nuestra última noche.
Apárcamos el coche y nos dirigimos adentro
Nada mas entra Jen me coge de la cintura y me besa.
Estamos así durante treinta segundos cuando nos despegamos para respirar. Sus ojos azul cobalto son preciosos. Doy las gracias por haberla conocido. La quiero en el alma.
Nos abrazamos y se nos caen algunas lágrimas de tristeza, resentimiento y también de ira. Ira por no poder hacer nada. Por morir sin intentar vivir.
Cogidos de la mano, nos dirigimos hacia el gran jardín De la Villa. Al estar la casa encima de una gran colina, se ve el valle y decenas de prados verdes.
El sol amenaza con desaparecer por el crepúsculo, dejando en el aire un brillo de color anaranjado que se nos hunde en la piel.
Todavía cogidos de la mano nos besamos otra vez, pero esta vez con pasión. Estoy tan enamorado de ella que se me hace difícil explicarlo.
Apareció en un momento difícil en mi vida y al conocerla me enamoré locamente. Es difícil explicar lo que siento por ella, es difícil explicar que cada vez que la veo se me acelera el corazón, es difícil explicar que quiero que sea la madre de mis hijos, es difícil explicar que daría la vida por ella.
Terminamos y ahora estamos muy pegados, nuestras cinturas están tan pegadas que puedo sentir su calor en mi cuerpo.
Me quedo mirándola a los ojos y le digo: — Te quiero. Te quiero tanto— Se me cae una lagrima.
—Y yo, Caden—. Nos abrazamos y se nos caen de nuevo las lagrimas, sabiendo que no nos volveremos a ver en pocas horas.
Es injusto que cuando conoces a la persona con la que quieres pasar el resto de tu vida te la quiten, que ya no vuelvas a vivir mas con esa persona.
Pasamos así diez minutos y cuando nos despegamos el sol ya ha desaparecido por el horizonte.
Ahora quedan algunas nubes rosadas y el cielo azul oscuro nocturno.
La temperatura ha bajado considerablemente desde que entramos en el jardín, asi que cogidos de la mano vamos adentro.
Jen se fija en una antigua chimenea y decidimos ponerla en marcha
Voy afuera y cojo siete troncos pequeños con la ayuda de mi novia y los ponemos en las ascuas apagadas de la chimenea, y saco de un mueble una cerilla, la prendo y la echo al montón de madera.
Rápidamente la estancia se calienta con un aire calentito con olor a madera quemada.
Me siento en un sofá naranja terciopelo y me quedo mirando a las llama durante un buen rato cuando de repente:
—¡Caden, sube! Por el tono de su voz se que no es un grito de ayuda, sino de pasión.
Por un momento se me había olvidado que esta era nuestra última noche juntos, y que no la íbamos a pasar hablando y comiendo.
De repente a mi cuerpo le entra un pequeño escalofrío. En un brinco salgo disparado del sofá y en menos de cinco segundos ya estoy en la escalera que dirige arriba.
Por el camino me quito la camiseta y se me queda el torso al descubierto. Me examino y veo que los músculos del pecho no se han ido todavía, marcándose en mi cuerpo.
Al llegar a la puerta de la habitación me muestro ante mi mi novia. Es una noche muy larga.
