Era una mañana fresca acompañada con brisas veraniegas y un sol que hacía presencia en las primeras horas de otro lunes. La luna había desaparecido totalmente para hacer lugar a un bello cielo azul con nubes blancas junto a suelos húmedos por la lluvia de la noche pasada.
Caminando por la calle del hueso, Elizabeth iba rumbo a su colegio con su libro favorito en mano y aún recordando mentalmente las fórmulas de física para su examen mientras acelera el paso para estar sola unos minutos en su salón de clases. En minutos se encontraba en frente de la entrada de la institución y saluda con la mano a algunos profesores que pasaban por los pasillos cerca de ella para dirigirse a su salón. Dentro del salón, decide despejar su mente leyendo algunas páginas de esa novela romántica que tanto le había encantado y que compró trabajando en un pequeño local por meses. Se dejaba llevar por una historia de amor digna de una telenovela.
Al cabo de unos minutos, el salón empezó a estar lleno de estudiantes charlando entre ellos y hablando sobre lo que habían hecho en el fin de semana y lo mucho que se divirtieron. Algo dentro de Elizabeth la hacía sentirse mal, por alguna razón los demás no deseaban hablar con ella ni saber de ella. Permaneció estática en su puesto viendo con anhelo a sus compañeros discutir trivialidades hasta que finalmente empezó la clase y el maestro pidió orden.
-Hoy tenemos a una nueva compañera- Exclamó el maestro -Espero se lleven bien con ella. Sofía, puedes pasar-
Al abrirse la puerta, una joven con lentes y un pelo largo y castaño se hizo presente en el salón. Empezó a observar los puestos vacíos buscando un lugar para sentarse. Después de presentarse ante la clase y al notar los ojos de Elizabeth viéndola desde la parte trasera del salón, decidió sentarse junto a ella en el puesto a su lado mientras en el fondo se escuchaban los murmullos de los allí presentes asombrados de que se hiciera a su lado.
-Hola, soy Sofía- dijo la joven sonriendo a su compañera.
Esperaba una respuesta de su interlocutora, pero ella no le respondió, se limitó a sacudir su mano en forma de saludo sin decir ni una sola palabra. Rápidamente, el rostro de Sofía pasó de representar felicidad a representar confusión.
-¿Cómo te llamas?-
Nuevamente, no recibió respuesta. Se volteó para ver la clase y las dos pasaron unos minutos sin cruzar miradas. Sofía quería realmente conocer a la chica que estaba a su lado pero siempre que lo intentaba no recibía una respuesta sino una cara de preocupación por parte de Elizabeth. En un momento de la clase, una idea vino a la cabeza de Sofía.
Cortó con cuidado un trozo de hoja de uno de sus cuadernos y se dispusó a escribir en él. Puso el pedazo de papel a un lado de donde escribía su compañera. Al leerlo, este decía.
-"¿Por qué eres tan tímida?"
Elizabeth tomó un lápiz y escribió en la misma nota
-"No lo soy"
Sofía tomó de nuevo la nota y ,al leer el mensaje de quien estaba a su lado, respondió escribiendo
-"Entonces, ¿Cómo te llamas?"-
Tanto Elizabeth como Sofía fueron testigos de una especie de efecto mariposa y del cómo, algo tan pequeño como una nota que se pasaban en realidad era parte de algo mucho más complejo y extraño. Era una especie de diálogo pero sus voces estaban ausentes y en lugar de susurros, eran letras en un pequeño pedazo de papel y a la vez una onomatopeya singular. Eran ellas dos.
Crearon un vínculo tan único en donde el sonido era la respiración del contrario es lo único que realmente importa. Siguieron escribiendo usando una agenda vieja de Elizabeth donde intercambiaban preguntas entre ellas pero sin dejar de poner atención a las explicaciones del maestro. Todavía existía en la cabeza de Sofía una duda acerca de su nueva amiga y por qué utilizaba esa forma de comunicarse en lugar de simplemente decirlo.
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La voz
RomanceElizabeth es una joven que tiene que enfrentarse a las realidades y dificultades que son propias de la sociedad. Junto a su amiga Sofía, buscaran una puerta abierta en sus vidas que les permita escuchar su voz.
