Anhelo

44 4 23
                                        


*𖤓 •┈┈┈•┈┈┈•┈┈🍏┈┈┈┈*
︴ [𝓓𝓻𝓪𝓻𝓻𝔂 ٭ 𝓓𝓻𝓪𝓫𝓫𝓵𝓮]
*✼ •• ┈┈┈┈๑⋅⋯ ୨❦୧ ⋯⋅๑┈┈┈┈ •• ✼*

✄┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈

—Mira, Malfoy, son Potter y su banda de miserias.

Un codazo leve en su hombro y unas palabras insidiosas de Goyle, y, cuando Draco levantó sus ojos del suelo hacia el pasillo lleno de estudiantes, efectivamente, ahí estaban Potter y su banda de miserias, unos pasos más adelante. Y las "miserias" de Potter, eran dos, tenían nombre, uniforme y talla.

La primera, tenía un cabello rojo mal cuidado de los mil demonios, y desprendía el apabullante olor a pobreza de los apellidados Weasley. Draco no lo soportaba.

La segunda, a veces lo asustaba, iba a reconocer que tenía habilidades, aunque nunca lo diría él. Con su cabello rimbombante y sus ojos enormes... solía llamarla Granger. Ya que si la llamaba "Sangre sucia" (lo que era) todos se escandalizaban. Nunca iba a entender por qué. Su familia era millonaria, y el no se ofendía cuando lo escuchaba. Pero, ¿no se podía llamar Sangre Sucia a uno? Oh, por favor, las cosas son como son. Que hipocresía.

—¿Malfoy?

Cuando su "amigo" volvió a llamarlo, se dio cuenta de que se había quedado mirando al odioso trío por mucho tiempo.

—¿Te enamoraste?— Bromeó el chico rechoncho de nuevo - De Granger.

Las cejas de Draco se levantaron en ese característico gesto que pretendía asustar, pero que generalmente hacía sin darse cuenta.

—¿Acaso te terminaste de idiotizar?

Lo dijo con un tono tan filoso que logró hacerlo callar. ¿Le parecía que estaba mirando a la sabelotodo insufrible? Ni en mil años, no. No era a ella a quien veía. Aunque era bueno que hubiera pensado eso, porque el objetivo de sus ojos había sido mucho peor.

Estaba mirando a Potter. Nada más y nada menos.

Y Goyle era tan tonto, que de la misma forma que creyó que estaba anhelando a Granger, lo creería si supiera que miraba a Potter. Broma o no.

Y lo peor de todo, es que tendría razón.

Desde el primer día, anhelaba a Potter. Incluso cuando no sabía que lo hacía, por aquellos tiempos que solo era un niño. Primero por su fama, su padre le había dicho que se acercara, que lo "pasara a su lado". Aunque no entendía para qué, intentó hacerlo. Y falló en el segundo tres. Y qué fallo.

Recordaba (y lo recordaba muy bien) haberle extendido su mano al niño aquel de cabellos negros y ojos como esmeraldas, y entonces, Potter eligió rechazar su mano. ¿Y cuál era el motivo? Se había presentado con Weasley, ¡nada más!. Está bien, le dijo pobretón, pero, de nuevo, ¿acaso no lo era? Y aún así, el cuatro ojos enano ese eligió a la basura, en lugar de a él y su mano tan expectante, extendida.

En ese momento supo que no iba a cumplir la tarea que le había dado su padre, porque ya no podía ser amigo de Potter. Tan humillante. No, en ese momento, entendió que no sólo no serían camaradas, sino que además, serían enemigos, jurados. Jurado por él mismo.

Entonces, también falló en eso. No entendía como el universo era tan injusto con él. Tal vez fue culpa suya, estuvo demasiado atento, puso su atención demasiado tiempo en Potter. Con once años lo molestaba e intentaba tirarlo de su escoba, pero ya con dieciséis, aunque lo molestaba igual, estaba totalmente seguro que si veía a Potter caer de su escoba frente a él, haría todo lo posible por intercambiar lugares y recibir el golpe. Y él odiaba él dolor, era mucho decir.

No sabía cuando había ocurrido un cambio tan antinatural en su mente. Si no estuviera pasando, ni siquiera lo creería posible. No. No debió prestarle tanta atención. Todos caían tarde o temprano en las buenas maneras de Harry Potter, fue muy arrogante al pensar que él no lo haría.

—¿Te tragaste la lengua? Ven, no se merece su tranquilidad.

Esta vez, el golpeó el hombro de Goyle, por supuesto, el chico lo siguió como un perro a su maestro.

Era cierto, Potter no se merecía su tranquilidad. No cuando él no podía estar tranquilo él mismo. Qué molesto, ser él único que se sintiera así.

Estaba caminando hacia el niño maravilla con las manos en los bolsillos, pensando mil maneras de hacerlo rabiar cuando le pasara por el lado. ¿Tirar el libro de Granger y decirle "es una lástima que ahora esté sucio como tu sangre" lo enojaría lo suficiente? Podía arriesgarse a ganarse una bofetada de la pequeña salvaje mitad muggle si tuviera seguridad de eso. Aunque con el pasillo lleno de estudiantes eso definitivamente no sería muy dignificante.

No... Tal vez hacer al Weasley muriendo vomitar caracoles otra vez... Eso no estaría mal, realmente, pero ya estaba desfasado, Potter estaba acostumbrado a las idioteces del pelirrojo. Al menos, si no era un idiota santurrón, debería estarlo.

Hmmm.....

—Hey, Po-

Había empezado a levantar la voz para gritarle algo molesto, lo que fuera que se le ocurriera, y entonces se quedó callado de golpe. Porque el mismísimo Weasley despeinado al que casi puso a vomitar babosas un segundo antes, tuvo la osadía de pasar un brazo sobre los hombros del chico de la cicatriz. Si, debió haber lanzado ese hechizo. Él ni siquiera podía darle la mano, pero ese estropajo de comedor podía abrazar su hombro.

La expresión de Draco era un poema, y no uno de los más bonitos. Casi se podía percibir una sombra negra sobre su frente arrugada y sus ojos de mar tenuemente furiosos.

Por suerte o por desgracia, Harry había escuchado hacía un minuto, cuando había dicho apenas las primeras letras de su nombre. Fue solo un segundo. Estaba volteando, Malfoy había seguido caminando (incluso más rápido por la molestia) y para ese punto estaban lo suficientemente cerca como para que todo acabara en un choque de hombros.

Y, bastante brusco, así fue. Al final, la pobre Hermione no pudo evitar tirar sus libros. Y Weasley tuvo que sacar su mano de encima de Harry e intentar no caer al suelo también.

—¡Piérdete, Malfoy!

Pero el grito de la peluca con patas esa no podía importarle menos, incluso a él le dolió él hombro así que no lo sorprendió mucho ver a Potter moviendo el brazo para minimizar la molestia.

—Ya escuchaste a Hermione.

—¿Por qué haría lo que dice una Sangre Sucia?—Ups

Diez segundos de silencio. Potter lo estaba viendo con unos ojos más afilados que el Septusempra lanzado por el mago más experto. Y él mismo no se estaba quedando atrás.

—Deja de mirarme— él más bajo rompió el silencio al final, solo para obtener la siguiente respuesta:

—Nunca en la vida me he detenido a mirarte, húndete en tu mugre.

Luego de esa réplica cargada de la falsedad más descarada, se volteó como si nada sin sacar las manos de los bolsillos. Fue un momento tan rápido que los más curiosos del pasillo ni siquiera se interesaron, tal vez porque estaban adaptados a sus riñas frecuentes.

No volvió a mirar atrás mientras se alejó por el pasillo, ¿para qué? Solo le esperaba la vista ridícula de esos tres mirándolo atravesado. Ya de por sí, le molestaba bastante ver a Potter entre esos dos, todo el maldito tiempo. Si, debió escogerlo a él.

Se aseguraría de hacerle entender eso, alguna vez, aunque no tenía idea de cómo.

Eventualmente.

✄┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈┈

Anhelo [Drarry]Where stories live. Discover now