Capítulo I: La noche del "incidente"
Inglaterra 1937.
Me preparaba para uno de los días más especiales de mi vida; mi séptimo cumpleaños. Cándida preparaba mi vestido mientras yo tomaba la ducha. Ella se encargaría el día de hoy de mí, ya que los demás estarían preparando las cosas para el cumpleaños. Invitarían a todas las personas, e incluso mi madre dijo que invitaría a mis amigos desde hace muchos años, la verdad es que yo no los recordaba.
Para las nueve de la mañana salíamos, Cándida y yo junto con mi padre a elegir mi vestido para aquella noche. No entiendo aún cómo logré aquello; un vestido, para mis padres es una indecencia.
-padre-dije rompiendo el silencio. No me contestó.-¿les parece una indecencia que use vestido? ¿Por qué? Mis demás compañeras también usan vestido, incluso cosas un poco más cortas. Padre, ¿estás oyéndome?
-¿por qué no duerme un rato señorita? El viaje será largo-dijo Cándida con una enorme sonrisa plasmada en el rostro-además el "lord" Waters está agotado, acaba de llegar de su trabajo.
Asentí sin poner oposición, ¿qué más me quedaba? Sólo tenía que ser obediente... Como un títere.
Cerré los ojos y rápidamente caí en un profundo sueño.
-Rose-oía una tenue voz diciendo mi nombre; se parecía a la de mi madre.
Todo comenzaba a moverse y a destrozarse...
Abrí los ojos, estaba sudando, observé con atención la situación en la que nos encontrábamos. Nadie se percató de que había despertado, viajábamos a gran velocidad, Cándida le gritaba como loca de mi padre y él sólo se reía, diciendo "no es mi culpa" montones de veces.
Para a empeorar la situación otro auto se puso a nuestro nivel, comenzaron a hacer que chocasen entre sí y...
Tan sólo recuerdo cómo rodaba el auto... Como nuestras cabezas chocaban contra las paredes del auto... Cerré los ojos, quería rezar pero... No podía... No podía volver a hacerlo; ¡sabía que iba a morir!
El auto paró por fin... ¿P-pero... cómo? ¡Aún estaba viva!
Ellos estaban hechos trizas... Era repugnante verlos pero... Mi mente parecía disfrutar aquel espectáculo; la sangre mía regada por todo mi cuerpo... Comencé a llorar de repente... El dolor se expandió por todo mi débil cuerpo... No sé cómo, pero salí del auto...
Ya no disfrutaba más de aquella situación, ahora yo... Agonizaba... Mis ojos comenzaron a cerrarse, y comenzaba a perder las pocas fuerzas que me quedaban.
Un hombre estaba parado frente mío, iba vestido de traje negro, zapatos de igual color... Guantes... Su rostro era simplemente bello, ojos extrañamente rojos... Piel blanca y cabello completamente negro. ¿Quién era? Me preguntaba...
-ayuda-gimoteé...-por favor, ayuda. Una niebla densa comenzó a esparcirse por todo el lugar, haciendo que perdiera de vista a aquél apuesto hombre... Era el fin... Y lo sabía; me acurruqué cerca de una roca y comencé a cantar...
-mi niña quiere dormir... Mi niña tiene sueño, bendita sea, bendita sea...
Fuentecita que corre, clara y sonora...
Mi niña quiere dormir...-tosí y escupí sangre... Seguía cantando- mi niña tiene sueño... Bendita sea... Bendita...
Cerré los ojos...
-señorita, se le hace tarde para colocarse su vestido-escuché una voz, abrí los ojos y vi frente mío a Claire; mirándome con ceño adusto.
-¿dónde estoy?-pregunté... Me puse de pie lentamente... No me dolía nada... Pero... ¿Cómo...?
Estaba molesta, pero... ¿por qué? Había sobrevivido.
<<eres mi marioneta>> escuchaba una y otra vez esa dulce voz en mi mente; lo encontraba agradable a pesar de producirme un inmenso dolor de cabeza.
Después de arreglarme me encaminé al salón... Estaba repleto de gente y de niños, todos corrieron a verme y a abrazarme... Les sonreí, como mi madre me lo había dicho... Miré por todo el salón... ¡Ahí estaba! En el fondo, en una esquina; sin que nadie pudiese notarlo... Me abrí paso entre aquellos niños y caminé hacia él... Mis mejillas estaban ciertamente rojas, y por alguna razón sentía escalofríos.
Volvió la mirada hacia mí y sonrió; me puse más roja de lo que ya lo estaba.
Caminaba lentamente hacia su mesa hasta que alguien me llamó. Atendí a la persona; si no mal recuerdo era el alcalde...
Volví a caminar en dirección hacia aquel hombre, pero ya había desaparecido. Sentí como alguien me colocaba la mano en la cintura y con la otra tomaba mi mano...
-¿te apetece concederme éste baile?-la misma voz dulce que había escuchado en mis pensamientos volvía a escucharla, pero ahora... Era simplemente perfecto.
-¿quién es?-me dio la vuelta y volví a admirar ésa belleza tan excepcional... Era demasiado alto, unos 1.90 o 1.80 aproximadamente; ¿quién sabe?
Se arrodilló hasta quedar mas o menos a mi altura, tomó ahora una mano mía con una de las suyas, con la otra me tomó por la barbilla y se inclinó lentamente...
Comencé a reírme...
-¿crees que soy idiota?-le di una bofetada, a pesar de sentirme tan bien hasta hace poco comencé a dudar de aquel tipo... No lo conocía; ¿cómo pudo inspirarme tanta confianza?
Sonrío satisfecho, volvió a tomarme de la barbilla, se inclinó y posó sus labios sobre mi oreja; sentí un escalofrío recorrer mi espalda.
-¿dejarías que te muestre tu regalo de cumpleaños?
-¿crees que no sé quién eres? Cualquiera lo haría.
-no cualquiera, aquí nadie puede verme mas que tú-sonrió satisfecho.
-aquél que miente, será castigado.
-entonces, ¿por qué no le mencionas a tu madre sobre tu padre?-abrí mucho los ojos. Él... Él no es alguien en quien debería confiar... <<deberías, puedo aplazar tu castigo hasta que quieras>> nuevamente la voz...
-¿por qué me quieres?-su sonrisa era... Inigualable... Tan hermosa... Se separó de mí... Me tomó de la mano y comenzó a abrirse paso entre la gente... ¿Cómo podía darme tanta confianza aquel... Hombre...?
Salimos del salón.
-¡Rose no vayas!-volví la mirada y solté la mano de él, la puerta se cerró en mi rostro. Alguien desde el otro lado la golpeaba tan duro que retumbaba todo...
-¿qué miras?
-debería preguntar eso yo...
-¿no será mejor preguntarme quién soy?
-jaque mate.
-soy un dios de la muerte... He venido a cumplir tu condena pero... ¿Sabes? Eres demasiado importante para mí.
-¿para qué me necesitas? Puedo ayudarte si lo deseas-sentí el brillo de sus ojos.
-necesito... Ya sabes... Alguien que me acompañe por el resto del tiempo... Te he visto y... Me gustaría que lo fueses...
-¿para ello necesitas mi alma cierto?
-te quiero.
-mi alma tiene un precio cariño... Más bien... Estás cometiendo un grave error. Dices que eres un "dios" y ni siquiera sabes jugar bien al ajedrez-comencé a reírme-pero eso no es lo importante, lo importante es ver qué tan fiable eres.
-te entrego mi corazón, y mi alma si es necesario amor mío.
Me di la vuelta y caminé en dirección hacia él, lo miré a los ojos por un cierto tiempo.
-"amor mío"-reí-pruébame que me necesitas...
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La Ventrílocua
HorrorQué tal si... ¿Te conviertes en mi amigo? A Ariel y a mí nos fascinaría que te nos unieras a la familia. Ah, pero sólo podéis entrar si sois inteligente... Y si sois inteligente entonces queremos... Que guardes un poquito de silencio...
