El Sueño de la diosa

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Dawn se despertó sobresaltada, con el corazón latiendo a mil por hora. Había tenido el mismo sueño otra vez, el que la perseguía desde que tenía memoria. Un sueño en el que se veía a sí misma como la diosa de la sabiduría, rodeada de luz y poder, enfrentándose a un enemigo oscuro y terrible que amenazaba con destruir el mundo.

No entendía por qué tenía ese sueño, ni qué significaba. ¿Era solo una fantasía de su mente, o había algo más detrás? ¿Qué tenía que ver ella con la sabiduría, si era solo una arqueólogo que vivía en una ciudad aburrida y que no destacaba en nada?

Se levantó de la cama y se miró al espejo. Su reflejo le devolvió la imagen de una chica de veintisiete años, de cabello castaño y ojos verdes, delgada y de estatura media. Nada especial, nada extraordinario. Sin embargo, en su sueño se veía diferente. Su cabello era rubio y brillante, sus ojos eran azules y profundos, su piel era clara y luminosa. Su cuerpo era fuerte y ágil, y vestía una armadura dorada y una capa blanca. En su mano derecha empuñaba una lanza, y en su izquierda sostenía un escudo con una lechuza grabada.

La lechuza era el símbolo de Atenea, la diosa griega de la sabiduría, y también el nombre que Dawn se daba a sí misma en su sueño. Atenea era la protectora de la humanidad, la que les enseñaba el conocimiento y la verdad, la que les guiaba hacia la paz y la armonía. En su sueño, Atenea tenía una misión: impedir que el malvado dios Tifón, el padre de todos los monstruos, escapara de su prisión en el Tártaro y desatara el caos y la destrucción sobre la Tierra.

Dawn sabía que Tifón era el enemigo al que se enfrentaba en su sueño, porque lo había leído en un libro de mitología griega cuando era pequeña. Le fascinaban las historias de los dioses y los héroes, y se las sabía todas de memoria. Pero nunca había entendido por qué soñaba con ser una de ellos, ni por qué sentía una conexión tan fuerte con Atenea.

Se sacudió la cabeza y trató de olvidar el sueño. Tenía que prepararse para ir al trabajo, donde le esperaban sus amigos, sus libros y muchos misterios esperando a ser resueltos. Nada que ver con las aventuras y los peligros de su sueño. Se duchó, se vistió y bajó a desayunar.

Su madre ya estaba en la cocina, preparando unas tostadas con mermelada. Era una mujer un poco mayor y muy bonita, con el mismo cabello castaño y los mismos ojos verdes que Dawn. Se llama Aurora, como la diosa romana del amanecer, y era profesora de historia en la universidad.

- Buenos días, hija -la saludó con una sonrisa-. ¿Qué tal has dormido?

- Bien -mintió Dawn-. ¿Y tú?

- Bien también -respondió su madre-. ¿Estás lista para ir al trabajo?

- Sí -asintió Dawn-. Solo me falta tomar la cartera.

- Ok -dijo su madre-. Te espero en el auto.

Dawn terminó de desayunar y subió a su habitación a por su cartera. Antes de salir, echó un último vistazo al espejo. Se preguntó si alguna vez descubriría el significado de su sueño, y si ese sueño tendría alguna consecuencia en su vida real. No lo sabía, pero pronto lo averiguaría. Porque ese día iba a cambiar su destino para siempre.

El Despertar de la Diosa de la SabiduríaCerita yang bikin terobses. Temukan sekarang