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¿POR QUÉ le diría lo mucho que la amaba si se iba a follar a otra tres horas después?
Ella siempre supo que los pilotos de fórmula uno tenían a miles de mujeres a sus pies por todo el mundo, que unas cientas gritaban sus nombres en cada carrera, que alguna probaba su suerte colándose en las fiestas y viendo si podía pasar la noche con alguno de ellos. Su hermano era piloto y, después de todo, vivía una vida que ella conocía.
Isabel Pérez estuvo interesada en la mecánica y los autos de carrera desde una edad temprana. Sus hermanos mayores corrían y, aunque su padre le preguntó, ella se negó rotundamente. No le interesaba correr, obtener podios o ganar carreras. Ella quería saber cómo era que los autos hacían eso; le intrigaban los engranajes, las válvulas y las llantas, la velocidad a la que podían correr y cómo era que el motor funcionaba. El corazón de Isabel, más que un órgano, operaba más bien como motor. Uno de monoplaza.
Cuando tenía 19 años, y con su hermano mayor corriendo su cuarta temporada en la máxima categoría, decidió que nadie la detendría de hacer con su vida lo que ella quisiera. Su padre quería que estudiara derecho y su madre ya la veía como doctora, pero ella escogió Ingeniería mecánica automotriz; después de todo, eso era lo único que alguna vez le había apasionado, lo único que la había hecho estar despierta toda la noche, lo único que había hecho que le latiera el corazón.
Unos meses después de que se graduó, su hermano la llamó y le dijo que le tenía un trabajo que no iba a poder rechazar. Isabel ya tenía un trabajo en una de las empresas más importantes de México, pero su hermano insistió en que tenía que escucharlo: terminó por entrar a Toro Rosso a mitad de la temporada de 2018 como mecánica del equipo.
Fue por ahí que lo conoció a él.
Cejas acentuadas y piel rosada, labios redondos que se alargaban en sonrisas traviesas, siempre perfectamente rasurado. Y sus ojos, esos ojos. Tal vez los ojos más hermosos que alguna vez hubiera visto: suaves que claramente escondían algo tras ellos, tal vez pasión o tal vez deseo, tal vez las dos. Azules como el mar, la lluvia y del ardiente color que sólo a veces toma el fuego.
Y pronto se enamoró de Pierre Gasly, de como el sol se posaba sobre él y su manera de ser, de sus bromas fuera de lugar y su amistad con la promesa monegasca que guardaba Alfa Romero. Cayó por los chistes que compartía con ella aún sin saber quién era, por sus sonrisas arrogantes y su entusiasmo por cada punto que lograba sumar.
Pero él no sabía quién era ella, sólo que trabajaba como mecánica y que era muy cercana a cierto piloto mexicano de Force India.
Además, no tenía porqué importarle, después de todo Pierre Gasly ya tenía una novia.
Caterina Masetti Zannini apenas tenía 18 años y era una de las mujeres más hermosas que Isabel hubiera visto alguna vez. Tenía una sonrisa hermosa y piel perfecta, su cabello siempre se veía bien y todos la amaban. Isabel nunca podría ser, en su mente, competencia para ella.
Pero Pierre y Caterina rompieron luego del Gran Premio de Italia y, sin ninguna intención de serlo, Isabel Pérez fue la persona en quien el piloto francés encontró paz.
No se trató de ser con quien buscaba olvidar a una ex novia ni mucho menos, se volvieron simplemente amigos y nada más.
Ella lo encontró al borde del llanto detrás del garage del equipo. Habían pasado un par de días después de que Caterina hubiera roto con él y acababa de tener una clasificación horrible en relación con las prácticas libres. Cuando Isabel lo vió no pudo evitar sentirse mal al verlo así y con cuidado se acercó. En un principio el piloto la alejó y le gritó, pero un par de horas más tarde la buscó hasta encontrarla y decirle lo mucho que lo sentía, a tratar de explicarle por qué había actuado así. Sólo planeaba decirle que estaba teniendo un mal día, pero hubo algo en la mirada de la mexicana que lo hizo abrirse con ella a pesar de ser una completa extraña.
Y todo es historia.
Pasaron varias carreras, incontables veces se pusieron ebrios y aún más veces se quedaron hablando toda la madrugada. Como amigos, por supuesto. Pero Pierre comenzó a sentir lo mismo que Isabel había sentido desde mucho antes que él, y además lo hizo con más pasión de la que había sentido por nada.
La temporada terminó y ambos sabían que el francés se iría a Red Bull. Durante sus vacaciones siguieron hablando, día y noche, e incluso se vieron un par de veces.
Cuando el Gran Premio de Australia llegó, Gasly se dio cuenta de lo extraño que se sentía que Isabel ya no estuviera con él en el garage, escuchando sus bromas y asegurándose de que todo estuviera bien y que se sintiera cómodo. Luego pensó en su sonrisa, en sus ojos y en la manera en la que siempre lo hacía sentir como si estuviera en casa.
Y entonces se dió cuenta de lo difícil que se le hacía respirar cuando ella no estaba cerca.
No tardó mucho más en confesarle lo que sentía, esperando que pudiera corresponderle. Un beso suyo bastó para calmar los demonios que lo atormentaban.
Pero ahora era el 6 de septiembre de 2020 y, aunque seguían juntos, Pierre se estaba cogiendo a una chica en su habitación, e Isabel Pérez estaba bailando muy cerca de cierto hombre llamado Torger Wolff.
nota; holaa, este fanfic está más o menos ligado con forbidden kisses. no es necesario leerlo para entender este fanfic ni viceversa, pero suceden en el mismo universo y en ambos fanfics habrán menciones de sucesos ocurridos en el otro. pronto voy a subir la playlist y el cast, y en unas dos semanas el primer capítulo. los leo <3