CAPÍTULO 1 "ENCUENTRO EN LA SELVA"

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El sol está muy resplandeciente Ahau Kin se despertó de buen humor pues sus rayos son cálidos y radiantes, desde temprano la ciudad está en movimiento, los venteros ya están en el mercado y la gente está comenzando su día a día como siempre. Mi nombre es Itzel, soy el hijo de uno de los guerreros mayas más importantes de la ciudad de Tikal, mi padre fue un fuerte guerrero y estratega que fué reconocido por el rey Jasaw Chan K'awiil haciéndolo partícipe de su grupo de consejeros reales, mi madre fue una hermosa campesina que amaba mucho la naturaleza y los animales, era también conocida como una de las mujeres más amables y solidarias de la ciudad. Desde temprana edad, había sentido una fuerte llamada en mi interior, una voz ancestral que me incitaba a convertirme en uno de los defensores de mi pueblo. Hoy era un día especial para mi y para todos los jóvenes guerreros que habíamos crecido juntos.
Desde pequeño me enseñaron todo lo que necesitaría para poder llegar a ser un guerrero tan fuerte como mi padre y generoso de corazón como mi madre, no es por presumir pero de todos los jóvenes guerreros soy el más fuerte y ágil hasta ahora, no por nada mi oficial Koku'l ha pensado en ponerme a cargo de las fuerzas guerreras que partirán a batalla para proteger la ciudad de las tribus enemigas.

Tengo ya 25 años y he llegado a la edad de convertirme en todo un guerrero ante la ciudad, hoy es la ceremonia donde los jóvenes que hemos demostrado habilidades para la guerra somos elegidos por los dioses para convertirnos en guerreros jaguares que defenderán como un felino a nuestra gente y nuestro pueblo, la ceremonia de iniciación se llevaría a cabo en el gran templo de la ciudad, un lugar sagrado donde los guerreros se reunían para jurar lealtad a su tribu y recibir el reconocimiento de sus ancestros. Vivo en lo alto del cerro casi al final de la ciudad, disfruto mucho la tranquilidad de no vivir cerca del centro de la aldea, eso sí la vista aquí es sumamente hermosa pues se puede apreciar toda la ciudad y la abundante selva que nos rodea.

Antes de bajar a la ciudad me pongo ante la protección ancestral de mis padres, ellos partieron hace ya un tiempo, era yo apenas un escuincle cuando una emboscada a nuestro pueblo por parte del gobernante Pakal me arrebato a mis padres siendo un niño, pero gracias a los aldeanos aprendí a vivir solo y a ser el más independiente de todos los jóvenes de Tikal.

En el mercado el movimiento de la gente está a todo lo que da, hay venta de cacao, semillas, maíz, animales y todo lo que te puedas imaginar lo encontrarás aquí, no es por nada pero vivir aquí es una bendición, tenemos abundantes recursos y una vida prospera y feliz.

Me dirigía a comprar algunas frutas para la ofrenda cuando unas pequeñas manitos me tomaron por sorpresa.
-Itzel, Itzel, hasta que te veo. -Dijo una pequeña voz que era del pequeño Kin. -¡Hey Hola! -Respondí. -Ya tan temprano en la calle, ¿Dónde está tu madre, Yolotzin? ¿No te habrás escapado o si? -Este, no como crees, nunca haría algo así. -Exclamó el pequeño niño con una picardía en la mirada. -Kin, ya te he dicho que mentir es malo. -Exclamé. Estaba por seguir interrogando al pequeño niño cuando a lo lejos venía Yolotzin la madre del pequeño, parecía desesperada por llegar a nosotros, eso me indica que el pequeño escuincle se había escapado. -Joven Itzel, muchas gracias por detener a Kin, se me había escapado del puesto de telas, nosé que hacer con el. -Exclamó la mujer. -No te preocupes Yolotzin, este hombrecito no volverá a escaparse verdad. -Si, está bien no lo volveré a hacer. -Dijo Kin. -¿Listo para la ceremonia de hoy joven guerrero? -Preguntó Yolotzin. -Si, de hecho justamente iba a comprar la fruta para la ofrenda, aunque si te soy honesto estoy algo nervioso, desearía que mis padres estuvieran conmigo en este día tan importante para mí. Pues mi corazón se acongoja al no poder compartir esta alegría con ellos, siempre soñé que cuando este día llegara mi padre me abrazaría fuertemente mientras mi madre corría hacia mi con lágrimas de orgullo en sus ojos. -Itzel, estoy segura que tus padres están orgullosos del joven que eres, aunque pienses que ellos se fueron, en realidad están aquí contigo, en tú corazón, si tan solo pudieras entender que ellos no se han apartado de tu lado y créeme que desde donde estén son los padres más felices del mundo. -Dijo Yolotzin. -Gracias, estoy seguro que si. Después de despedirme de Yolotzin continúe mi camino hacia el puesto de frutas para la ofrenda a Quetzalcóatl nuestro dios de la guerra el cual nos brinda el poder de lucha en las batallas para defender nuestro pueblo.

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⏰ Ostatnio Aktualizowane: Jun 20, 2023 ⏰

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