Capítulo unico:
Pip llegó a la nueva escuela con el corazón en la mano. Era bueno haciendo amigos, pero había escuchado algunas cosas desagradables sobre su nuevo compañero de pupitre, Damien. Lo único que sabía era que levantaba la ceja cuando alguien se acercaba, y que su cabello estaba siempre engominado. Sin embargo, Pip no iba a permitir que los rumores le impidieran intentar una amistad.
El primer día de clases, Pip se sentó en su pupitre y esperó la llegada de su compañero. Cuando Damien finalmente llegó, Pip le sonrió amablemente y le presentó. Damien apenas levantó la cabeza, murmuró un saludo y se concentró en su tarea.
Pip decidió que tenía que hacer algo para romper el hielo. Esperó durante toda la clase de Matemáticas hasta que, cuando el profesor se dio la vuelta, escribió una nota en un papel.
"¿Quieres ser mis amigos?"
La pasó por debajo del pupitre, y esperó a ver la reacción de Damien. Este la tomó, la leyó, y por un segundo pareció sorprendido. Luego, sin decir nada, dibujó un incremento aritmético al final del papel y lo pasó de vuelta.
Pip se sintió un poco desilusionado, pero al mismo tiempo intrigado. Quizás, pensó, debía intentar otra cosa.
Durante los próximos días, Pip intentó interactuar con Damien de todas las formas imaginables. Le preguntó sobre deportes, sobre libros, sobre películas. Le invitó a ver una obra de teatro que se iba a representar en el colegio, y le ofreció compartir sus meriendas. Damien, sin embargo, seguía siendo esquivo y poco comunicativo. Parecía concentrado en su agenda y sus deberes, y nada le hacía abandonar su actitud distante.
La situación se mantuvo durante semanas, y Pip empezó a sentirse desalentado. Tal vez nunca conseguiría tener un amigo de verdad en esa nueva escuela. Pero un día, mientras intentaba resolver un problema de Física, sentado al lado de Damien, se dio cuenta de algo.
Damien era muy bueno en Física. Mucho mejor que el resto de la clase. Pip sabía que era bueno en Matemáticas, pero nunca había pensado que su compañero pudiera destacar en otra cosa. De repente, se dio cuenta de que quizás tenían más cosas en común de lo que pensaba.
Y así, esa tarde, después de clases, Pip se acercó a Damien y le preguntó si quería venir a estudiar juntos para el próximo examen de Física.
"¿Por qué me invitas a mí?" preguntó Damien, sin levantar la vista del libro que estaba leyendo.
"Porque eres muy bueno en esto," respondió Pip, "y me gusta aprender cosas nuevas. Quizás podamos ayudarnos mutuamente."
Por un momento, Damien tardó en responder. Luego cerró el libro y dijo, "Supongo que no me vendría mal un buen compañero de estudio."
Y así fue como Pip y Damien se convirtieron en amigos. A medida que se conocían mejor, se dieron cuenta de que compartían más intereses que la Matemáticas y la Física. Los dos eran aficionados al ajedrez, y disfrutaban de los juegos de estrategia. También descubrieron que les gustaba el mismo tipo de música, y que ambos eran admiradores de un grupo de rock muy underground que pocos conocían.
Un día, después de que habían pasado varias semanas estudiando y socializando juntos, Pip le preguntó a Damien por qué había empezado a ser su amigo.
"Alguien tenía que hacerlo," respondió Damien con una sonrisa irónica. "Y tú parecías lo suficientemente persistente para lograrlo."
Pip se rió, y le dio un golpe cariñoso en el brazo. Sentía que había logrado algo importante: había ganado un amigo que antes había parecido inalcanzable. Y lo mejor de todo, se dio cuenta de que sus prejuicios y los rumores no tenían nada que ver con la verdadera personalidad de Damien. Ahora sabía que era una persona divertida, inteligente, y con una gran capacidad para apoyar a los amigos en momentos difíciles.
Pip estaba agradecido por haberle dado la oportunidad de demostrarlo. Y, mientras se iban del colegio juntos, pensó que quizás lo más valioso de la amistad era precisamente eso: la capacidad de romper las barreras, y de descubrir que las personas que parecen diferentes en realidad pueden tener mucho más en común de lo que creemos.
