Drunk

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Esta vez no fue una pelea como las demás, esta vez Will sabía que Mike no volvería; que no se daría la vuelta. Lágrimas se deslizaban por sus mejillas, arrepentido de las palabras que salieron de su boca unos instantes atrás: «No te importa, nunca te importó». Era contradictorio ser borde persona que quieres, pero la palabra querer era poco para lo que él sentía y por eso mismo tenía que decirle la verdad; lo que sentía.

Con los ojos rojos de las lágrimas y el corazón a punto de estallar del dolor, veía como el amor de su vida marchaba con los sueños rotos.

—¡Joder, Mike! Vuelve, maldita sea... —gritó con la poca voz que le quedaba de tanto haberse lamentado.

Will se tiró de rodillas al suelo, golpeando el piso con sus manos, maldiciendo una y otra vez el momento en el que tuvo Mike que enterarse de su secreto. Entonces sintió una mano en su hombro, era Max. La chica se arrodilló frente a él acariciando su hombro.

—Will, ¿qué sucede? Lucas y yo escuchamos gritos desde la esquina.

Él levantó la vista, sabiendo que sus ojos no guardarían el secreto. Con la vida amargada, cuánto dolor sentía en su corazón. Suspiró y se delató:

—Cómo lo extraño... —dijo en un hilo de voz débil.

—¿A qué te refieres? —preguntó la pobre chica que se estaba empezando a preocupar más.

Max le miró a los ojos, intentando descifrar quién o qué era el culpable de que su pobre amigo estuviera desmoronándose delante suya. Ella no sabía qué decir o qué preguntar para no cagarla, así que simplemente le dio el abrazo más cálido que pudo. Cuando iba a decir algo más ya se había adelantado él.

—No aguanto más, voy al bar —avisó, levantándose como podía—. Si también quieres tomar un trago, puedes acompañarme.

Ella sabía que no estaba bien que tomara y que debería impedirlo por si algo más pasaba, además no estaba bien que tomara solo para quitar penas porque eso tal vez podía acabar en adicción, pero realmente ahora lo único que quería era saber lo que le sucedía y ayudarlo.

Ella le ayudó a levantarse, entró al bar seguido por Max y se sentó en la barra, esperando a ser atendido. La pelirroja también se sentó a su lado aún sin querer ninguna bebida. El castaño evitó su mirada y los dos se quedaron en silencio, ella no quería hacerle sentir peor y él quería olvidar el tema. Ninguno se atrevía a hablar, pero en algún momento tendrían que hacerlo así que Max se atrevió a preguntar.

—Fue Mike, ¿cierto?

Will solo le miró apenado con una pequeña mueca, bajando la mirada y asintiendo como si fuera obvio.

—¿Qué hizo?

—Me ha dejado —suspiró y desvío la mirada a la puerta, recordando lo que había sucedido hace un momento—. Se fue llorando, sintiendo pena en dejarme.

Los dos se miraron un momento, cada uno pensando en cosas hasta que derrepente apareció el barman preguntando por la bebida de cada uno. Max no pidió nada y Will hizo su pedido, siendo anotado mentalmente por el señor y marchando.

—Pero, ¿por qué? —suspiró al estar confusa, las cosas estaban bien entre ellos según ella y ahora tan derrepente Mike le hacía eso.

Entonces el hombre regresó con su bebida preparada y se lo entregó:

—Disfrute su bebida.

Will simplemente sonrió de lado y sin ganas en forma de agradecimiento, el barman se fue de nuevo y volvió su atención a la pelirroja mientras se acomodaba.

—Se enteró de que tomaba —le dio un trago a su bebida haciendo una pausa—. Y yo no le quise decir el porqué.

Ella le miró apenada con el ceño fruncido, entristecida que las cosas hayan cambiado tanto.

—Me he estado esforzando todos los malditos días de mi vida para escuchar un: «Will, te amo», de su parte, ¿y para qué? para al final acabar consiguiendo que se vaya —tomó otro trago—. Pero supongo que ya da igual.

—¿Por qué? Tú lo amas, no es justo.

—Porque al irse he visto las cosas muy claras y sinceramente estoy cansado de ir detrás de él, si me quiere lo entenderá.

Al escuchar esas palabras, la chica sintió una pequeña punzada en su corazón mientras él bebía. Le recordaba a su situación con Lucas hace un tiempo atrás.

—Cualquier día de estos me emborracharé y me iré de casa riendo —rió ya un poco pasado de tragos—. Juro por Dios que viviré con él...

Esta vez sonaba más dolido, por así decirlo. Hace un momento atrás dijo que no iría detrás de él, pero en el fondo sabía que su corazón sólo le pertenecería siempre a un tal Mike Wheeler y que no podía perderlo por una simple tontería.

—Entonces, ¿no iba en serio?

El castaño frunció los labios y le soltó una mirada que le delataba.

—Vaya..., pero escúchame, no tienes que tomar —trató de convencerlo—. Créeme, eso solo te va a traer más problemas, piénsalo.

—¿Crees que no lo pensé?

—Tal vez no lo suficiente.

—Esa charla ya la tuve yo conmigo muchas veces, pero... —jugó con el vaso en sus manos ya casi vacío—. Si tan solo me dijera: «Te amo», me serviría para estar sobrio toda la vida, no tendría que emborracharme para creer que estamos enamorados y felices.

Max soltó una pequeña risa nasal, enternecida por sus palabras. Derrepente vio el reloj y era ya muy tarde, marcaba casi las cuatro de la madrugada. Inesperadamente alguien entró al bar.

—Tienes visita —habló su amiga.

Él se giró, viendo al chico por el cuál lloraba apoyado en el marco de la puerta de la entrada con los brazos cruzados. Will se levantó sin pensarlo y fue a donde él estaba. Mike le cogió de la mano como si nada y salió del bar.

El moreno le miraba en silencio con una expresión arrepentida. Realmente estaba apunto de decirle todo lo que sentía pero Will se adelantó.

—Perdóname, yo —fue interrumpido por Mike, que hizo lo primero que se le vino a la cabeza; le agarró de las mejillas y juntó sus labios en un corto y repentino beso.

Will se quedó sorprendido. Se separó, mirándolo con lágrimas en los ojos y sosteniendo aún sus mejillas.

—He escuchado todo. Perdóname tú, Will, he sido un idiota al no haber podido comprenderte.

—¿Qué? Pero si tú... te habías ido, Mike.

—No lo suficientemente lejos como para volver y que no me diese tiempo a escucharos.

Entonces se abrazaron, se abrazaron porque la “guerra” se había acabado. Todo lo que necesitaban estaba delante de ellos, siempre lo estuvo.

—Will, te amo. —dijo desde el fondo de su corazón, sinceramente.

Se separaron del abrazo para mirarse a la cara el uno al otro. El castaño sonrió aliviado, sintiendo como lágrimas de alivio bajaban por sus mejillas y fundían sus labios en un beso sincero, necesitado y que por igual habían deseado desde que se conocieron.

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