Introducción

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Todas las chicas heterosexuales tenemos a ese chico al que, secretamente, hemos estado admirando por años sin que se diera cuenta. En mi caso era el hermano de mi amiga. Esa amiga con la que había pasado infinidad de fines de semana en su casa. Esa amiga cuya familia era prácticamente mi familia también. O al menos hasta que crecimos. Y la mejor parte de casos como este era que, por alguna razón, ellos nunca se daban cuenta. 

Ese día había estado esquiando con mis padres, y nada más acabar la primera bajada, apareció con él su madre. Después de más de cuatro años le vi. Liam, el hijo de unos amigos de mis padres. Tenía también una hermana, Lisa, pero no vino ese día porque estaba enferma. Él ya no lucía para nada como yo recordaba. Su pelo era mucho más corto, su estatura superaba la mia —cosa que antes no pasaba—, su cuerpo debajo de esa sudadera parecía más definido e incluso tenía algo de bello en la cara, tal vez ese día no se había afeitado. Hasta sus ojos parecían diferentes, y sin lugar a dudas, lucía como un hombre. No como yo, que solo tenía catorce años. A decir verdad, siempre me había parecido guapo, pero había cambiado. Instantáneamente no pude evitar sentirme algo mal por haberle molestado con mi hermana y la suya siempre que íbamos a su casa, tenía que admitir que tuvo demasiada paciencia. A pesar de que su presencia era notable y era más que obvio que me había afectado en cierto modo (porque no todos los dias se reencuentra una con su crush de la infancia), sentí que debía fingir que no, para mantener la reputación de "no me importa una mierda lo que hagas, yo seguiré con mi cara de culo", que definitivamente no tenía. Más que nada porque tenía 17 años, así que ni siquiera me miraría probablemente. Pero por lo visto, tenía otros planes para mí. En ese momento deseé que mi hermana no se hubiera quedado en casa.

— ¡Hey, Noah! ¿Te acuerdas de él? Acércate, no seas maleducada.—preguntó con una sonrisa.

Aunque pareciera que era lo que decía una madre normal que quiere a una hija respetuosa y lo único que pretende es dar una buena imagen, no era nuestro caso. Ella sabía que, en algún momento le vi bastante guapo —nada más que eso—, así que solo quería "ayudarme" a su manera. Igualmente, me acerqué a ellos para saludar.

Se acercó para darme dos besos mientras me rodeaba con un brazo, lo cual me puso bastante nerviosa.

Intercambiamos algunas palabras después de eso, pero nada más allá de lo normal. Cosas como: "¿y que curso estás haciendo?" "¿Qué tal en el colegio?" Cosas con las que igualmente se me aceleraba el corazón debido a los nervios.

Escuché que empezaron a hablar con mi padre, pero no sabía de qué. Tampoco me importó, a decir verdad. 

Después de eso, empezamos a esquiar otra vez. Ni siquiera mantuvimos una conversación larga. Estuvimos unas tres horas subiendo y bajando la montaña, yo mirándole mientras no se daba cuenta. Hasta que se tuvieron que ir porque se hizo tarde.

Y unos meses más tarde, les volvimos a ver.

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