Nie Huaisang estaba acostumbrado a estar solo.
Incluso en sus días como estudiante en Gusu, se había sentido apartado del resto de estudiantes. Aunque bebiese con ellos, riese con ellos y jugase con ellos, al final del día seguía sintiéndose solo. Por que era demasiado delicado para los juegos más sucios, demasiado débil para los entrenamientos y demasiado listo como para vivir en la feliz ignorancia en la que vivían todos.
Ninguno de los dos amigos que había hecho en aquellos años de juventud compartían del todo sus intereses y, con el paso del tiempo y la guerra, la distancia los había convertido en simples conocidos.
Pero para cuando aquellas relaciones del pasado desaparecieron, Nie Huaisang se había acostumbrado a estar sólo.
Por que a pesar de tener a su hermano mayor – y saber que Nie Mingjue lo adoraba, porque lo sabía-, se seguía sintiendo sólo.
Pero por aquellos días de su pasado, no le importaba demasiado dicha soledad. Por que aquella soledad significaba que su hermano estaba con vida, a su lado y terriblemente enamorado.
Huaisang no sabía si Lan Xicheng alguna vez se había dado cuenta de que cuando aparecía en el Reino Inmundo, Mingjue parecía brillar de felicidad. Sonreía más seguido, hablaba de otros temas que no fueran la guerra y los "perros Wen", incluso Nie Huaisang había logrado ver el leve indicio de un sonrojo en el fiero rostro de su hermano después de que el joven líder de la secta Lan le dedicase una de sus famosas y brillantes sonrisas.
Pero al igual que se había dado cuenta del enamoramiento -fuerte, decisivo e intenso- de su hermano por Lan Xicheng, también se dio cuenta de que el Primer Jade de Lan tenía en su corazón a otra persona.
Meng Yao.
Y saber que su hermano -su querido, adorado y maravilloso hermano mayor- no era correspondido, le partía el corazón.
Y su corazón se siguió rompiendo a partir de ese momento.
La muerte de Jin Zixuan, la muerte de Wen Quing y Wen Ning, el asedio y asesinato de Wei Wuxian...
El asesinato de su propio hermano.
Para cuando se dio cuenta de que Meng Yao era el culpable de todas las muertes que había a su alrededor, Nie Huaisang se encontraba aún más solo de lo que alguna vez había recordado.
Durante los diez años que estuvo planificando y llevando a cabo su venganza, esa soledad solo se había acentuado aún más.
Pero Meng Yao había muerto. Wei Wuxian había regresado a la vida y su hermano había sido vengado.
Durante un corto espacio de tiempo, Nie Huaisang creyó firmemente que la soledad al fin podría abandonarlo.
Durante más de una década, se había centrado en la venganza, guardando dentro de su pecho los sentimientos que en su juventud se desbordaban por el joven heredero de la secta Jiang.
Sentimientos que solo Nie Mingjue descubrió poco antes de su muerte y que después de ella, se habían guardado en lo más profundo de su corazón, esperando el momento adecuado para poder ser confesados.
La guerra había impedido que siquiera pensara en declararse y el tiempo después del final de esta, había confabulado en su contra para que nunca existiera la oportunidad.
Pero inocentemente había creído que el destino le devolvería un poco de la felicidad que había perdido cuando su hermano falleció y que, al menos, tendría la oportunidad de declararse.
La primera vez que se reunió con el líder de secta Jiang Wanyin, esté aún se encontraba recuperándose del shock de saber la verdad sobre su núcleo dorado.
La segunda vez que se reunió con Jiang Wanyin, esté le hecho en cara que había jugado con todos ellos como si fueran simples marionetas y que no quería saber nada de retomar la amistad perdida hacía tantos años atrás.
La tercera vez que se reunió con Jiang Wanyin... Se preguntó si siempre debía perder a las personas que amaba en favor de Lan Xicheng.
Y la última vez que había visto a Jiang Wanyin, a penas hacía unas horas atrás, había estado radiante.
Sonriendo.
Vestido de rojo.
Junto a Lan Xicheng.
Se dejó caer en el suelo después de asegurarse de que los amuletos de silencio se encontraban perfectamente colocados en toda su habitación y permitió que la máscara cayera.
Las lágrimas rodaban por sus mejillas sin descanso, los gemidos de angustia escapaban de sus labios y podía sentir como miles de espadas se clavaban en su pecho.
Le había costado toda su fuerza de voluntad estar en aquella ceremonia como el líder de secta que era y no demostrar que tan dolorido se encontraba su corazón. Sonreír, felicitar a los novios y beber por su matrimonio mientras que por dentro, los restos de su maltrecho corazón se consumían y se deshacían en la nada.
Llevaba veinte años enamorado de la misma persona, pero el destino había decidido que era un amor no destinado a vivir. Era un amor no destinado para él.
Lan Xicheng lo tenía todo. Todo lo que alguna vez deseó poder tener el mismo después de la muerte de su hermano. Tenía una familia, un hermano y un tío que lo adoraban. Tenía una secta que lo amaba y lo respetaba. Tenía un cuñado y un sobrino que le daban luz a sus días.
Y ahora tenía a Jiang Wanyin como su esposo.
Nie Huaisang siempre había estado sólo y nunca había resentido ese hecho. Pero en aquellos momentos, cuando aún podía escuchar la suave música de la boda, se preguntó por qué solamente él sufría de esa soledad.
Por qué era el único que, cuando miraba a su alrededor, lo único que encontraba era oscuridad.
Mirando a su alrededor – a la fría habitación de invitados que la secta Lan le había asignado-, acepto que aquel era su futuro.
La implacable y oscura soledad.
Y por primera vez en su vida, Nie Huaisang no la podía soportar.
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Jìmò | Nie Huaisang |
Fanfiction"Nie Huaisang estaba acostumbrado a la soledad. Y ese hecho nunca lo había hundido tanto como en aquellos momentos." · Los personajes de esta historia no son míos, son propiedad de MXTX. · Está inspirado en los hechos de la novela y del anime.
