Viajero...

21 4 1
                                        

Hace tiempo decidí emprender un viaje para conocer una ciudad muy lejana... los rumores, noticias y postales de esta ciudad llamaron mi atención. Es una ciudad de cálidos vientos, playas de suave arena blanca, personas alegres y amables, los paisajes incluso de sus calles menos transitadas son todo un ensueño.

Muchos cuestionan mi decisión, dicen que estoy mal por querer irme tan lejos solo para aventurar, que no debería dejar mi ciudad, mi "estabilidad" por un futuro incierto. La verdad es que no siento que tenga nada más que hacer aquí. Mi ciudad es hermosa, pero aquí ya hice lo que quería hacer, he vivido toda mi vida sin pasar sus límites, sin respirar otros aires.

Mi propósito en esta ciudad está concluido, y si bien es cierto que podría hacer mucho más, lo principal ya está hecho. Crecí aquí escuchando como se gritaba en cada hogar con desesperación por ayuda, como las calles estaban desiertas y frías, hasta el punto que llego a parecer un pueblo fantasma. En ese entonces me propuse hacer de mí ciudad un lugar mejor, un lugar en el que yo quisiera y pudiera vivir, un lugar que otros quisieran visitar.

Y lo logré, logre hacer que las calles retomaran vida, que cada miedo, inquietud, cada lamento sea escuchado y con esto pudiese ser soltado, gracias a eso el sol volvió salir en las mañanas, los residentes no llaman a esta estrella enorme sol, le llaman confianza, y a lo que les ilumina por las noches esperanza.

Como volvió la luz de los días y las noches me sentí feliz, logré algo con lo que solo podía soñar . Pero hubo algo que no pude cambiar ni arreglar, las temporadas de invierno, donde tanto los días como las noches son tan frías que te congelan hasta los huesos. Me sentí enorme con mi logro a pesar de todo, aunque con el paso del tiempo comencé a volver a sentir un vacío que no reconocía, comencé a sentir que algo me faltaba, que debía dar el siguiente paso, que necesitaba conseguir un nuevo propósito. Por eso decidí viajar a conocer esa ciudad cálida de la que tanto hablan, ese lugar del mundo donde nunca deberías sentir frío.

Hice mis maletas y salí en busca de mi nuevo sueño. Porque a pesar de estar cómoda, con paz y tranquilidad en mi ciudad. Cada noche soñaba son esa brisa cálida que todos describen como una de las mejores sensaciones que llenan el alma, y yo quería eso para mí también.

Partí a donde me habían dicho que pasaba el único autobús con destino a la ciudad de mis sueños, pero llevaba presente que el autobús no tenía ni día ni hora en específico para pasar, solo sabía que llegaría en el momento que menos lo esperará. No sabía cómo era, si era grande o pequeño, amarillo o blanco, lo fascinante es que solo sabía que lo reconocería en cuanto lo viese.

Dure mucho tiempo esperando en completa soledad, pero no me asustaba que me pasará algo, lo que en verdad me aterraba era nunca poder llegar a ver esos paisajes tan hermosos de las postales que tanto he admirado, el no poder sentir nunca esa suave brisa cálida chocar con mi piel, o que esa imagen mía enterrando mis pies en la fina arena blanca solo se quede en mi cabeza.

No lo voy a negar, mis ansias por conocer la ciudad de mis sueños me llevaron a cometer muchos errores. Me subí varias veces en los autobuses equivocados.

¿Cómo supe que eran los equivocados? 

Pues porque terminaba en ciudades muy distintas a la de mis postales y sueños, terminaba en sitios que incluso me daban miedo, y la única sensación que despertaban en mi era la de salir corriendo y nunca volver a mirar atrás, lo único que recorría mi piel era el escalofrío de la desconfianza. Cada que me paso tuve que volver a la parada como pudiese, siempre caminando, muchas veces estuve a punto de perderme, pero mis deseos por ver esos únicos paisajes me mostraban el camino de vuelta.

Incluso intente tomar el camino fácil, llegué a aceptar "un aventón", pero termine arrepintiéndome profundamente de pensar que una persona que ni siquiera sabía de dónde venia sabría a donde yo quisiera llegar. Y otra vez debía recorrer kilómetros devuelta a la parada, caminando con terror de perderme en el camino de regreso.

Entonces comprendí que cuando en verdad quieres algo no buscas alternativas, sino que aprendes a esperar, eres paciente. Y dejas de culpar a los choferes de carretera por no comprender tus indicaciones del camino, dejas de culpar a quien intento llevarte por perderse en el camino que no conocía, ya que es evidente que no van en la misma dirección, porque entiendes que tú tampoco sabes a dónde vas. Así que no puedes culpar a nadie...

Volví a la estación, es invierno así que hace más frío que de costumbre, además de que parece avecinarse una tormenta, aunque no tengo certeza de sí solo es una tormenta eléctrica o si se acerca una nevada. Pero sin importar que venga tendré que resistirlo de pie, con la mista templanza y determinación que decidí emprender este viaje...







Si al terminar de leer sientes que algo falta, que esta incompleto, es porque aun no pasa el autobús. 

Conciencia de un alma desnudaStories to obsess over. Discover now