Ciudad de México, 2013.
La primera vez que vi a Leilani Anzures pensé que era la chica más hermosa que mis ojos habían visto y no me había equivocado, era así tanto por dentro como por fuera. Parecía salida de algún cuento viejo y adaptada a la época moderna. Estaba usando un vestido verde de estampillas de correo y se veía radiante, algo que en palabras no tiene sentido ni suena atractivo porque sé que un vestido largo y de estampillas en la imaginación parece torpe, pero no para ella y no con esas mangas con forma de globo. Viéndola era como si usara el vestido diseñado perfecto para ella y tal vez así era. Tenía un par de trenzas arremolinadas en la nuca que dejaba volar algunos mechones que le enmarcaban su rostro y que más tarde supe era el peinado de Katniss en la cosecha y que en realidad disfrutaba mucho de peinarse con esmero. Ni una sola vez se atrevió a ir a la prepa con el cabello suelto.
Sospeché que era deportista mucho antes de saber que era demasiado inteligente, sus brazos se veían definidos al igual que sus piernas o lo que dejaba ver de ellas y yo no podía quitar mi vista de ella sentada en una banca que daba directo a la puerta. Leilani nunca fue en extremo delgada y preocupada por serlo. No contaba calorías como muchos deportistas en la escuela, ni se pasaba horas y horas en el gimnasio intentando definir su abdomen o haciendo crecer partes de su cuerpo. Estaba dotada con unas piernas asombrosas y un reloj de arena como cuerpo, pero eso no lo supe ese día, su vestido no resaltaba aquello. Ese día solo podía ver su energía atrayendo miradas de cualquiera que se sentara cerca de ella, tanto de chicas como chicos porque ella era atractiva en más de una forma. Hay personas que son guapas y llaman la atención por eso, hay otras que tienen una energía hipnótica y estaba Leilani que tenía ambas cosas y se volvía un imán del que no podías escapar y aún así ella nunca lo supo.
Sus audífonos reproducían música que la hacían sacudir la cabeza con suavidad de un lado a otro, bailando con total calma. Si hubiera apostado habría dicho que era una canción tranquila, alguna balada que se llevara con la energía relajada que veía en ella. Estaba equivocado, ella asegura que era una canción de One Direction y si debía ser más específica era Stole My Heart. Hoy por hoy le creo porque el puente musical de esa canción es la única que la hace bailar así y porque tiene una memoria impecable para esos pequeños detalles que a nadie le importan y no notan excepto ella, así es como conoce a las personas. Aún sentada y de espaldas podía jurar que se veía hermosa y contenta, mi garganta picaba para que le hablara. Solo tenía que levantarme y sentarme a su lado, era así de sencillo, sin embargo no pude.
Los días volaron y yo no me quería ver como un idiota que daba miedo, así que entre clases solo fui notando cosas de ella que eran muy evidentes para todos: lo competitiva que era, que siempre se sentaba en la misma banca y que una vez terminadas las clases evitaba a cualquier persona y eso era extraño tomando en cuenta la luz que irradiaba. Intenté en varias clases de literatura sentarme más cerca de ella o con ella, pero siempre había alguien que ya me había quitado el puesto. Un día solo me rendí y me senté hasta atrás. ¿Qué tenía esa chica que me llamaba como un magneto? Ese mismo día mi ventana de oportunidad se abrió ante mí. A veces las piezas encajan cuando deben y no cuando quieres.
Una competencia de diccionarios iluminó su rostro y decidí que debía ganarle porque iba a ser la única forma de llamar su atención. Parado frente a ella me di cuenta que al fin me había notado, su nariz se movió como la de un pequeño conejo, sus cejas se juntaron y separaron rápido y su boca se abrió. Sacudió su cabeza y se concentró en la palabra que nos habían dicho. No le sirvió de mucho porque yo estaba más motivado que ella, gané no solo el juego, también su atención que no se despegó de mí el resto de la clase. Me sentía soñado de que al fin pudiera agarrar ese momento.
Leilani me miraba como si fuera su nuevo reto, casi su nueva competencia. Sin saberlo había despertado en ella las ganas de competir de nuevo contra todos y todo, fue tan sencillo como eso lo que me dejó acercarme a ella. Su mirada de duda no dejó su rostro hasta que sonrió por verme bailar un estúpido baile que jamás me hubiese atrevido a bailar frente a nadie que no fuera ella y fue hablar con ella lo que me hizo darme cuenta que era alguien especial. Mucho más de lo que había pensado. Todo lo que podía pensar cada vez que salía de su boca era un "wow" que se multiplicaba y multiplicaba cada vez más.
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ALEJANDRO
RomanceDicen que encontrar a la persona indicada es difícil, pero nadie dijo nada sobre qué esa persona podía ser tu mejor amiga y que podía ser difícil darse cuenta. La amistad es un buen comienzo para dos personas que se han amado siempre y esa era la hi...
