Gilberto no logra superar la culpa por la derrota ni el error que pudo haber evitado. Mientras las críticas por ser joven y Omega se vuelven cada vez más fuertes en su cabeza... Kenneth también lucha contra la presión de ser perfecto y las palabras...
La mañana comenzó de la peor forma para mí. Las náuseas volvieron a aparecer y tuve que levantarme de la cama con rapidez para dirigirme al baño.
Sin poder soportarlo más, me dejé caer sobre el piso, soportando todo mi peso sobre las rodillas. Una de mis manos sujetó mi estómago con fuerza, mientras la otra se aferró al lavabo, buscando tener un soporte en esos momentos.
Mi cuerpo tembló y mis ojos se cerraron con fuerza ante la arcada que llegó sin avisar.
Después de vomitar, me quedé unos segundos intentando recuperar el aliento. El ardor en mi garganta se hizo presente y mi estómago tenía esa sensación de vacío, acompañada del dolor que quedaba después de forzarlo.
Mi boca tenía un sabor amargo y mi cuerpo se sentía débil, como si me hubieran robado toda la energía de golpe. Me levanté lentamente y bajé la palanca antes de comenzar a lavarme los dientes, buscando deshacerme del mal sabor que había quedado.
Al salir del baño, me senté sobre la cama y, sin poder evitarlo, las lágrimas comenzaron a salir. Estaba aterrado ante esta situación.
Primero comenzaron los mareos.
Esos que me hacían verlo todo negro mientras mis piernas temblaban y mis manos se aferraban a algo para no caer al piso. Por suerte, siempre me pasaban cuando estaba solo. No quería que los demás se preocuparan y me trataran como a un niño pequeño, como siempre lo hacían.
Pero eso llevaba poco más de una semana.
Toda esta situación me tenía mal. El miedo me invadía y, a pesar de que tendría que hablar con él, no quería hacerlo.
No quería que, si llegaba a ser cierto, me dejara con toda la responsabilidad.
Oops! This image does not follow our content guidelines. To continue publishing, please remove it or upload a different image.
- 5 de Julio -
Al entrar a mi habitación, el silencio se sintió abrumador. Mi espalda se recargó sobre la puerta y me deslicé lentamente por ella. Una vez sentado sobre el piso, mis manos cubrieron mi rostro y un suspiro entrecortado salió de mis labios.
Me sentía culpable por la reciente derrota.
Fue mi culpa.
Si no hubiera perdido el balón, si me hubiera esforzado el doble, el resultado pudo haber sido uno mejor.
A pesar de que la mayoría intentó que no me sintiera culpable, sabía que muchos sí pensaban que la culpa era mía. Sus miradas y los comentarios que hacían pensando que no escuchaba... Todo eso me lo confirmaba.
No quería que me vieran como un niño pequeño, no lo era.
Siempre que hacían comentarios sobre mi edad o sobre mi casta... Me dolían. Yo no era débil solo por ser menor de edad, mucho menos por ser Omega.