CAPÍTULO 1

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La fría noche es acompañada con un viento violento que golpea con la fuerza de mil tornados las frágiles ventanas de la cabaña en la que habitamos mi doncella Sonia y yo desde hace ya 5 años. Hemos sobrevivido gracias a los previos conocimientos de ella en la agricultura y mi habilidad para cazar pequeños animales silvestres.

Fuimos confinadas a vivir en la miseria por mi abuela. La ausencia de mi padre —un general de la armada real del emperador—le permitió echarme de mi hogar por mi conducta "poco agraciada" y "rebelde".

—Por favor, tome mi manta—Sonia extiende un pedazo de vieja tela que espera acepte—mi señora debe protegerse del frío o podría enfermar

—No te preocupes por mí, con el que tengo me basta—es mentira, ¿como podría bastarnos un simple pedazo de tela ante el frío inminente?

—Pero-

—Nada, trata de dormir Sonia, tal vez mañana nos traigan algo para cubrirnos

Probablemente la abuela no envíe nada más que pan, pero al menos le di un poco de esperanza. Ninguna vuelve a hablar y lentamente mis ojos se cierran, no por el sueño sino por el cansancio y la debilidad.

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Unos golpes en la puerta nos despiertan con exaltación. Sonia se levanta rápidamente y peina su cabello con las manos para mejorar un poco su apariencia descuidada.

Espero a que regrese con la canasta de pan como siempre lo hace pero cuando regresa frunzo el ceño al notar sus manos vacías.

—Mi señora, la doncella principal de su abuela la busca—su rostro está pálido, esto no debe ser bueno.

Salgo de la pequeña casita y me dirijo al portón de madera desgastado, ahí se encuentra una anciana con cejas pobladas y rostro afilado que no denota otra cosa que desprecio.

—He venido a llevarla de regreso a la residencia Lennox, su abuela la espera— se hace a un lado para indicar que suba al carruaje

No respondo y me limito a entrar en él. Si me resistiera sé que me lastimarían y no estoy dispuesta a sufrir más daño. Sonia me acompaña adentro y no esperamos mucho para que el carruaje emprenda el camino a la capital.

Vivimos en el imperio de los Ajax, la familia imperial que gobierna el mundo desde hace 600 años. Son admirados por muchos y temidos por aún más. El rey Aton Ajax es un hombre justo y generoso, su reinado ha sido el más pacífico hasta ahora, pero los enemigos ven esto como una debilidad y constantemente es atacado por rebeldes, si no fuera por sus hijos ya habría muerto.

Aron y Noran Ajax son los príncipes del imperio, se dice que ambos son muy diestros en combate y es por eso que colideran el ejército del rey.

Tardamos tres días en llegar a la capital, todo ha cambiado desde que me fui

Sin darme cuenta el carruaje estaciona frente a la mansión de mi familia, una casona

Zue Lennox, mi padre, se convirtió en soldado de la armada de su majestad a la tierna edad de 16 años, fue teniente a los 20, capitán a los 26, coronel a los 29 y finalmente se convirtió en general a los 35. Ha sido el más joven en conseguir ese puesto en toda la historia del país. Sus habilidades en combate y como estratega son inigualables, además tiene una lealtad absoluta por el emperador, ya que son amigos desde jóvenes.

Mi madre en cambio murió en el parto, ella no era la esposa legal de mi padre, sin embargo, sé que se amaban en demasía. El matrimonio de mi padre fue arreglado por mis abuelos con una joven de la nobleza desde su nacimiento, así que no era libre de elegir. Él cuenta que conoció a mi madre en el mercado, se escapaba con mucha frecuencia de la mansión para sentir la libertad y así se enamoraron.

Fue un amor tan profundo y puro.

Poco hay que decir que soy considerada una hija ilegítima a los ojos de todos, exceptuando a los de mi padre.

Tengo dos medios hermanos, Caleb y Silvia. Mi hermano nunca estaba en casa, siempre se ha mantenido con mi padre en la guerra y en cuanto a Silvia, ella y yo no somos las mejores amigas pero tampoco nos odiamos. Nos tratábamos con la más exigente cortesía; aunque claro que me incomodaba el hecho de que la abuela la tratara tan diferente a mí, sin embargo, no le guardo rencor por los prejuicios de esa anciana.

—Joven señorita, su abuela la espera en el salón verde para su recibimiento—la criada me indica el camino como si no hubiese vivido aquí.

Pasamos algunas puertas y pasillos hasta llegar al saloncito.

Mi abuela está acompañada de mi hermana, y en cuanto me ve entrar su expresión se enfurece.

—Has llegado—dice evaluándome con la mirada.

—Por supuesto, no soy producto de tu demencia—señalo en obviedad.

—Sigues igual de insolente—reprocha—el frío no te volvió más sensata como creí

Mi hermana me sonríe levemente y le devuelvo el gesto. Me alegra ver que está bien.

—Los huesos casi se me congelan, pero mi alma estuvo a salvo, abuela—saboreo la palabra, detesta que la llame así si mi padre no está cerca

Sorpresivamente no me riñe por el comentario.

—Ordené tu regreso porque mi hijo y nieto volverán de la campaña muy pronto—Por fin—y aunque no eres de mi gracia, sé que mi hijo te quiere cerca.

—Me honras—susurro—puedo saber ¿Cuándo precisamente volverán?

—En dos o tres semanas—contesta tajante—quiero que la señora Petterson te de lecciones de modales. Ya eres una señorita y no debes comportarte como una salvaje.

—No soy ninguna salvaje—me defiendo

Ella ríe en respuesta

—Como sea, te prepararás para dar una buena impresión.

Quiero preguntar a quién, pero no lo hago, a veces la curiosidad no es buena.

—Como desees—sedo—si me disculpan quiero ir a descansar, el viaje fue muy agotador.

—Puedes ir. Pregúntale a la señora Petterson sobre tus aposentos.

No quise discutir mucho más así que solo asentí y salí de ahí. Sonia me encontró en el pasillo para mostrarme mi habitación. Subimos al segundo piso y caminamos una docena de puertas por decirlo menos antes de llegar.

Entramos sin esperar nada y no me sorprende el estado tan deplorable en el que está. Pareciera que todos los muebles viejos de la mansión los trajeron aquí, la cama es dura como la roca.

—Al menos hay mantas—Sonia señala una pila de sábanas con almohadones en una esquina—ya no pasaremos frío, mi señora—dice emocionada.

Sonrío compartiendo su entusiasmo.

—Tienes razón, es mejor que la cabaña.

Una doncella irrumpe en la habitación antes de que Sonia continúe la conversación

—La señora me ha pedido que le traiga algunos vestidos para que use en su estadía, señorita—asiento para que pase.

Entra con dos lacayos más, quienes cargan un cesto de ropa cada uno. Los dejan sobre la cama y me acerco a revisar. Saco un conjunto y lo analizo, esta ropa está demasiado parchada, un jalón en el lugar correcto y se romperá por completo.

Suspiro con resignación.

Mientras mi padre no regrese tendré que conformarme. Le doy las gracias a los sirvientes y le digo a Sonia que tomaré una siesta por el cansancio del viaje.

Tengo que comportarme hasta la llegada de mi padre, después le pediré que me lleve a la guerra con él, no pienso quedarme con esa anciana maldita un año más. Prefiero correr el riesgo e irme antes de quedarme aquí a la espera de que arregle un matrimonio con algún viejo anciano como ella.
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N O T A:
Es el primer capítulo de mi nuevo proyecto. He pensado mucho en publicarlo y por fin aquí está.
Espero que les guste tanto como a mí🤍

—yu

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⏰ Last updated: Jan 26, 2023 ⏰

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