Prólogo

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Quiero remarcar una cosa: Este fanfiction lo escribí en 2015, en aquel entonces, su servidor, tenía unos 17 años y fue una época realmente caótica, pesada y de la que poco o nada me acuerdo. También hay temas que hoy en día yo no me atrevería a usar, sin embargo, siento que le debo esto a mi yo de esos años. Así mismo, le agradeceré eternamente a todo aquel que decida leerse esto de nuevo.

Buenos días, buenas tardes, buenas noches, buenas madrugadas, depende de la hora en que me lean.

Primero, Yu-Gi-Oh! Es propiedad de Kazuki Takahashi, partes importantes de la trama de este fanfic son a base de su obra original pero también vuelco parte de mi imaginación a base de una teoría que creé hace mucho rato. Así mismo, hago énfasis en que aquel entonces estaba muy limitado en ciertas cosas, por lo que bueno, la investigación que hice se fue complementando más con el paso de los años, sin embargo, pienso dejar completamente la obra sin tocar más allá de las notas al inicio y final.

Segundo, contador de palabras.

Total de palabras: 2288

Tercero, espero que lo disfruten

-.-

El joven Moto negó la convocación de Osiris al campo, revelando la carta sellada en su ataúd dorado: Renace el Monstruo. Atem tuvo la mirada seria al ver desaparecer al Dios de los Cielos lentamente.

Otogi, Honda, Jonouichi, Bakura e incluso el abuelo Sugoroku se alertaron puesto que era el final del duelo. Anzu solo puso una cara destrozada debido a que ya se sabía el resultado. Yugi soltó un pequeño quejido que se perdió entre la conmoción.

Sin embargo, la mueca fue cambiada a una de orgullo y una pequeña sonrisa apareció en el rostro del antiguo espíritu. El joven que murió por salvar a su mundo en aquel entonces miró a su compañero, reconociendo a un alma milenaria, como la propia solo que también muy distinta.

Da el golpe final... Mi amigo, mi compañero.

—¡Mago Silencioso! —llamó Yugi, con lágrimas en los ojos que saltaron cuando cerró los mismos, dolía realmente pero era lo correcto para ambos. Ya no podía depender de Atem y Atem no podía quedarse en su mundo—. ¡Atácalo directamente! —el monstruo se movió de su posición y se preparó para atacarlo—. ¡Silent Burning! —exclamó Yugi lo más firme que pudo.

Una onda de luz salió de aquel ataque, provocando que los espectadores cerraran los ojos. El espíritu se protegió del mismo, un viejo ritual por costumbre, sabía que sus últimos puntos de vida se irían y que aquello no lo detendría.

Al bajar la luz, se vio la expresión de todos. Anzu sufría en demasía de escuchar el conteo de puntos bajar hasta hacer el sonido característico de quedar en cero. Los muchachos más cercanos a los dos de cabellos ligeramente extravagantes no podían creerlo. Sí, confiaban mucho en Yugi pero Atem era un rey después de todo, alguien que no permitiría una derrota, como lo vieron tiempo atrás, ante la pérdida del alma de su amigo de enormes ojos.

Bakura, Otogi y Sugoroku tampoco podían ocultar su sorpresa pero era mucho menor que la del rubio y el castaño.

Con los Ishtar, solo Marik mostraba aquello. Finalmente se cumplían todos los requisitos.

Simultáneamente a eso, Atem se recuperaba del golpe. La espada que alguna vez osó portar era hora de dársela al único en todo el mundo y en tantos siglos que era capaz de quitársela: su compañero. Al levantar la vista, lo vio caer de rodillas, sollozando. Se acercó, retirándose el duel disk que dejó en el suelo, al lado de Yugi. Los sollozos aumentaban, terminando en un llanto de pura desesperación. Lo vio, había golpeado el piso al caer y dejó que las cartas en su otra mano se desperdigaran.

MemoriasWhere stories live. Discover now