Luego de un largo día de jornada laboral, me dirigí a casa, aprovecharía que mi roomie no iba a estar en casa para poder limpiar y organizar.
Ya casi llegando a casa, veo algo inusual, auto negro costoso, no le tomé la gran importancia ya que mi mente estaba en que iba a cenar.
Llegué a casa y lo ví, ahí parado esperandome, justo en la entrada.
Los nervios y todo me estaba atacando, estaba a nada de darme la vuelta y devolverme pero, todo mi plan de escape para nada cobardes se fueron por la borda cuando me miró.
Su mirada no se apartaba de mi, trataba de caminar pero mis piernas no reaccionaban a la orden de mi cerebro.
Su mirada escaneaba cada parte de mi, como si leyera mi mente, como si mi alma quedará descubierta por su mirada.
- ¿Que haces aquí? - trate de sonar firmé
- No aguante las ganas de verte - dijo sin quitarme la mirada de encima
- Ya me viste, ya te puedes ir - dije seca
Le di una sonrisa de boca cerrada, cuando mis piernas por fin reaccionaron pude llegar a la puerta y abrirla.
Se me terminó de acercar y me dijo
- Concédeme está noche y te juro que será la última, te dejaré en paz, pero déjame tener tu sabor está noche - su mirada no se apartaba de mis ojos, aunque solo se le vieran los ojos puedo jurar que puedo tocar su deseo y lujuria, simplemente era palpable.
Solté un sonoro suspiro, en aprobación a su petición.
Me tomo en brazos y se adentró conmigo cerró la puerta con uno de sus pies y camino hasta el sofá
Quedamos frente a frente con nuestras respiraciones agitadas, gritando con la mirada lo que sentimos - Después de esto, desaparecere y no sabrás más nada de mi.
Eso partió más mi corazón, lo callé besandolo, como si mi vida dependiera de eso.
Mi cuerpo reaccionaba ante el, es como un drogadicto, por más limpio que este su cuerpo, siempre habrá una recaída.
Y si, me atrevo a decir que mi cuerpo y alma están condenados a un vicio llamado Christopher Bang Chan.
¿Es egoísta desear que se quede ahí toda la vida?
- Eres mía - me lo repetía una y otra vez
Quiero prostestar a eso, pero el tiene razón, yo soy de el, pero el no es mío, nunca lo fue
- Te amo- salió de sus labios - Te amo
Eso rompía más mi corazón y quebraba más mi razón.
¡Detente!- Gritaba mi mente, pero mi corazón tenía el control de mi cuerpo.
Mi corazón ganó la batalla contra el razonamiento.
Cada caricia, cada beso, cada jadeo, cada gemido, quedaron grabados en mi mente y alma.
Nuestro momento acabó, lo veo dormir en mi pecho desnudo, su respiración pacífica me daba paz.
Mis lágrimas no tardaron en salir, acaricio su cabello por última vez, toco su rostro por última vez, lo veo por última vez.
Entre el sonido de su respiración y el silencio de la noche, lo diré por primera y última vez - Te amo - la confesión salió con sabor amargo y un toque de dolor.
La noche fue como un suspiro, simplemente se desvaneció en el aire, cómo la arena en la brisa de las mañanas.
Entre pensamientos y recuerdos, el cansancio me ganó y caí dormida en el extraño mundo de los sueños.
Desperté y ya no estabas, solo estaba mi corazón roto y la razón perdida - Adiós - dije por última vez.
