*Narra Pía*
Cuando era niña, me acuerdo del miedo que tenía al aprender a montar una bici. ¿Cuál era mi seguridad en ese momento para montarla? Las ruedas de apoyo. Así estuve un buen tiempo, iba por el parque que estaba cerca a mi casa, paseando en mi bella bici color rosa pastel y en cuatro ruedas. Nadie me paraba, era un lugar seguro... Hasta que crecí más y me animé a quitar esas ruedas. ¿Seguía con miedo? Por supuesto que sí. Pero mi fe en que lo lograría sola, era mucho más grande.
Y así fue, mi papá me ayudó quitando esas rueditas de apoyo y con su ayuda empecé a dar mis pininos en solo dos ruedas. Claramente temblaba porque aún no tenía estabilidad, pero era un reto para mi, porque solo me daban ganas de seguir practicando hasta poder ir en la bicicleta sin nervios, ni temblores, ni papá agarrándome del asiento. No fue en un día que aprendí, fueron casi cuatro y cuando lo logré... ¡Qué libertad sentía! Miles de escenarios se formaban en mi mente pensando a dónde podía ir en bici, cuanta autonomía llegaría a sentir, la felicidad que me iba a embargar.
Hasta que tuve mi primera caída. Fui más veloz de lo que me permitía mi papá, él claramente no me estaba supervisando, sino que salí en compañía de mi tío abuelo. No medí la fuerza y de un momento a otro choqué contra una esquina de la vereda, haciendo que mi cuerpo vuele y caiga sobre mi rodilla derecha. Las lágrimas empezarón a recorrer mi cara y mi tío abuelo corrío hacía mi para levantarme en brazos mientras que el amigo que lo acompañaba lo ayudó metiendo mi bici al carpor de mi casa. Solo recuerdo como dolía cuando me limpiaban la gran herida que estaba cerca a mi rodilla y ardió completamente cuando me echaron alcohol sobre ella. Sí que era un dolor penetrante del cual nunca me olvidaré.
¿Por qué les cuento esto? Porque así me ha pasado con el amor.
La bici con ruedas de apoyo eran la persona que me gustaba mezclada con las ilusiones que me formaba de él, mi lugar seguro, dónde no podía salir dañada... hasta que le hablaba ¿Hablarle? era sacar esas ruedas de apoyo y conocerlo cómo realmente era. Y ese sentimiendo que venía con ello de más salidas, de libertad, de felicidad... hasta que me dejaba de hablar de un momento a otro. La caída. Un dolor que no olvido nunca, como la primera caída en mi bici. Solamente que, cada vez que conocía a un nuevo chico, era como aprender a montar bici de nuevo. Y algunas veces las caídas fueron más horribles que otras porque me decían que no era compatible con ellos, que era muy intensa, que no cabía en sus expectativas... y si llegaba a estar en una relación... me minimizaban, me dejaban de lado, al inicio parecía que era su prioridad hasta que en un momento ya no lo era más.
Hasta ahora sigo montando bici, me animo a recorrer varias calles del lugar donde vivo. Me doy una vuelta por el malecón apreciando mayormente la belleza que me regala el sunset o prefiero salir por las mañanas donde las calles están más libres para así no cruzarme con el tráfico de autos o de personas. ¿Me he vuelto a caer? Claramente sí, porque a veces sigo picando demasiado rápido cuando me emociono y vivo el momento como si no hubiese un mañana. Y soy feliz.
En cambio en el amor... ya dimití. No quiero volver a pasar el mismo dolor una y otra vez. Menos por lo que había pasado un año atrás. Yo no estaba lista para el amor, ni para que me amen y Daniel me lo había dejado muy claro al meterse con otra persona. No entendía como alguien que se ganó mi confianza, a quien le abrí mi corazón de par en par, que sabía sobre mis problemas de ansiedad, los vaches depresivos por los que pasaba... podía darme con una estaca por la espalda. Y más me dolió como todos los planes que tenía para mi relación se fueron esfumando: los viajes, los paseos familiares, las sorpresas del mes a mes y más. ¿De qué me sirvió ser yo misma con alguien? Solo lo ayudó a saber cual era mi punto débil, mi talón de aquiles.
Lo peor es que mi mamá me lo había dicho, ella varias veces me dijo del mal presentimiento que le daba Daniel. Que no confiaba en él pero solo lo soportaba porque me veía feliz a su lado. Supongo que al final las mamás no están tan equivocadas del todo. Y creo que ella sabe que a mí me ganó el hecho de buscar tanto una relación al haber estado casi toda una vida sola, sin chicos que quieran llegar a algo serio conmigo. Pero de qué me sirvió aferrarme tanto a alguien que no valía la pena.
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Mariposas (Villamil) - En desarrollo
FanfictionPía es una persona que cree que el amor de película se dará en el mundo real, pero siente que es de las pocas personas que logrará encontrarlo. Ella es romántica hasta la vena, pero sus relaciones no duran ni un atardecer de verano. Y es que, en el...
