Sipnosis

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Phoebe Lupin

Phoebe Lupin —o Eve, como le decían cariñosamente sus más cercanos— corría a toda velocidad hacia el Gran Comedor mientras se acomodaba la falda y la blusa a prisas. El maldito despertador había decidido fallar y sus compañeras de cuarto la habían dejado abandonada en el sueño.

Empujó las pesadas puertas de roble y se adentró en el recinto. Algunas miradas se posaron en ella con curiosidad, mientras que otras simplemente la ignoraron. Caminó deprisa hacia la mesa de Gryffindor, donde su amiga observaba, boquiabierta, hacia la mesa de Slytherin.

—Lo siento, olvidé tu babero para que no manches el uniforme —soltó con una sonrisa sarcástica.

Su amiga cerró la boca de golpe y la miró con absoluta molestia.

—¡Cállate, estúpida! —le reprochó, cubriéndole la boca con rapidez—. Mis hermanos están demasiado cerca.

—Bueno, técnicamente tus hermanos son casi todos los que están sentados en esa mesa —respondió Phoebe entre risas ahogadas, señalando el sector donde un mar de cabezas pelirrojas sobresalía del resto.

La chica le dio un manotazo seco en el brazo y Phoebe soltó una suave risa.

—Calla ya, Lupin.

—Cógeme el ritmo, Weasley —replicó con burla.

Su amiga rió e hizo el amago de besarla en la mejilla; Phoebe hizo lo mismo, pero, justo cuando estaban a corta distancia, ambas se apartaron el rostro con complicidad y comenzaron a reírse por la perfecta sincronización.

—Ada, Eve —las saludó Hermione, sentándose frente a ellas con un pergamino bajo el brazo.

Phoebe alzó las cejas, algo extrañada por la repentina aparición.

—Hola, Mione —le sonrió acomodándose el cabello.

—Me gusta tu cabello, es muy lindo hoy —dijo Hermione de sopetón, y Phoebe la miró confundida—. Bien, iré al grano: ¿cómo sabes cuándo te gusta alguien de verdad?

—Bueno, pues... es distinto para cada persona —empezó diciendo Adhara con aire de experta—, pero la mayoría de las veces empieza como una enemistad, o son amigos con demasiadas diferencias, pero sientes que el corazón se te quiere salir por la boca cada vez que lo ves, y te cuesta horrores mirarle a los ojos...

—¿Lo dices por experiencia propia? —preguntó Phoebe con una ceja alzada y mucha picardía para cambiar rápidamente de foco.

Adhara le propinó otro golpe certero en el brazo, arrancándole un pequeño chillido de dolor y risa.

—¿Qué hay de ti, Eve? —le preguntó Hermione de repente, girando la cabeza hacia ella con fijeza—. ¿A ti te gusta alguien?

Phoebe sintió que el corazón se le congelaba por un microsegundo. Puso los ojos en blanco con fingida indiferencia, cruzándose de brazos para disimular el repentino temblor en sus manos y el calor que amenazaba con teñir sus mejillas de rojo al pensar de inmediato en cierto pelirrojo insoportable que, para colmo, era el hermano mayor de Adhara.

—¿Yo? Por favor, Mione. Con lo que me cuesta sobrevivir a las clases de pociones de cuarto año, lo último en lo que pienso es en andar suspirando por los pasillos —mintió con total desparpajo, esbozando una sonrisa cínica—. A mí nadie me quita el sueño.

Por suerte, antes de que Hermione pudiera seguir interrogándola, las puertas del comedor se sacudieron y el murmullo general decayó cuando el director ocupó su lugar. Albus Dumbledore se puso de pie en la tarima principal con su habitual calma, brillando las gafas de media luna bajo los miles de candelabros flotantes. Phoebe exhaló un susurro de alivio, aprovechando para levantarse de la mesa de Gryffindor.

—Me salvaste la campana —le murmuró a Adhara antes de disculparse y caminar rápidamente hacia su verdadera casa, la mesa de Ravenclaw, sentándose junto a Luna Lovegood y regalándole una pequeña sonrisa para camuflar los restos de su nerviosismo.

—Y ahora, como bien saben todos, este curso no tendremos ninguna Copa de Quidditch... —comenzó anunciando Dumbledore, con esa solemnidad que lograba silenciar a todo el Gran Comedor en cuestión de segundos. El director continuó explicando los pormenores y los rigurosos preparativos del Torneo de los Tres Magos, detallando la llegada próxima de las delegaciones de Beauxbatons y Durmstrang, así como la nueva e inflexible regla de seguridad impuesta por el Ministerio: ningún alumno menor de diecisiete años tendría permitido presentar su nombre al Cáliz de Fuego debido a los graves peligros que entrañaba la competición.

Phoebe escuchaba con atención en la mesa de Ravenclaw, aliviada de estar a salvo de esa locura por su edad, mientras a lo lejos los estudiantes mayores empezaban a protestar.

En medio del murmullo general que estalló tras las palabras del director, una figura familiar se deslizó disimuladamente por detrás de los bancos de Ravenclaw. Sin previo aviso, un pergamino arrugado cayó justo sobre el plato de Phoebe. Al desdoblarlo con suspicacia, encontró un caramelo muggle explosivo y unas líneas trazadas con la inconfundible y desordenada letra de Fred Weasley, quien de la nada se había fijado en ella:

«Aunque Dumbledore nos ponga la raya de los diecisiete años y nos prohíba inscribirnos, te prometo que inventaré un caldero portátil para colarnos en las pruebas antes de que te aburras en cuarto año, Lupin. Y dile a mi hermanita que no te aburra tanto».

Phoebe soltó una risita ahogada, negando con la cabeza e intentando disimular el calor en sus mejillas



































Phoebe Lupin


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"Que?, Vas a besarme y luego fingir que no pasó?"

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⏰ Última atualização: Aug 24 ⏰

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