Estoy hastiada de los carruseles. Hace mucho que quiero dejar de jugar. En realidad nunca quise jugar.
Hay un resplandor sofisticado en la sombra de tu personaje. Me pregunto si los malabares son tu única estrategia para escaparle a tu mente.
Lamento cortar tu performance. Lamento haber sido tan tajante, pero ya no tengo tiempo para apariencias. La ansiedad que me genera el esperar y el dudar no es buena compañía.
Que si aparecés. Que si escribís. Que si pensás o que si sentís. ¿Y yo? ¿Y toda la tranquilidad que me debés? ¿Y en todas las lloviznas en las que no estuviste? De qué me sirve. De qué te sirve.
Y al final, el resentimiento no me deja quererte.
Así que ya no importa si te extraño o si te quise, porque ningún viento podría alejar las nubes sobre tu recuerdo. Porque el tiempo solo entierra aún más profundo dentro de mí tus espinas. Porque nunca podría volver a sentirme segura sosteniendo tu mano. Y porque, aunque no quiera, te odio tan profundamente como te amé.
