Capítulo: 1

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Abrí la puerta de la entrada y enseguida un frío recorrió todo mi cuerpo. Salí al porche bajando los tres escalones de madera que me separaban del suelo. Al estar fuera mi ropa comenzó a mojarse por toda la lluvia que caía incesantemente del cielo, mientras que mi cuerpo empezó a congelarse poco a poco por el viento tan helado que se metía por cada recoveco libre que tenía entre la ropa y la piel.

Corrí todo lo que pude hasta llegar al cobertizo que está al lado de lo que yo, "no considero mi hogar" para coger algo de leña y poder mantener la cabaña caldeada y no pasar frío de madrugada.

Recogí todos los troncos que pude llevar en los brazos, cerré la puerta del cobertizo con el pie y volví a correr en dirección a la cabaña. Una vez dentro cerré la puerta tras de mí y me dirigí a la chimenea que quedaba algo retirada de la entrada a mano derecha, pegada a la pared.

Abrí la gran cristalera de la chimenea con una manopla que me había colocado segundos antes y comencé a meter los troncos en el hueco, justo encima de las brasas que aún quedaban encendidas, cerré la puerta de cristal y dejé la manopla en el gancho que había en la pared del fuego al lado de la chimenea, acto seguido me quité los zapatos y los calcetines para dejarlos en una esquina del fuego para que se secaran más rápido.

Ya notaba como el calor que desprendía el fuego calentaba mis fríos pies, cogí la ropa que previamente coloqué en el respaldo del sofá para cambiarme en el mismo salón, me quité solo la sudadera azul claro y los pantalones negros que era lo único que estaba mojado de mi ropa, ya que la interior estaba seca.

Coloqué las prendas en los respaldos de dos silla que estaban en el lado contrario del que había dejado las zapatillas y los calcetines, me puse el pijama junto con los calcetines limpios para entrar en calor, pero no bastaba con eso, aún tenía frío. Cogí la manta que estaba en el otro lado del respaldo del sofá para cubrirme con ella hasta la cabeza como si fuera una capucha, ya que mi pelo largo y negro azabache estaba mojado.

Me recosté de lado para poder acomodarme mejor en el sofá y así estar más cómoda mientras veía justo delante de mí el fuego de la chimenea. Éste devoraba la madera con sus llamas de color rojo y naranja haciéndola arder hasta convertirla lentamente en cenizas, consiguiendo que toda la estancia se caldeara junto con mi cuerpo que estaba empezando a entrar en calor poco a poco.

Alcé la vista hasta la repisa que había encima de la chimenea para mirar el reloj de manecillas que estaba anclado a la pared de piedra que formaba la estructura del hueco de la chimenea, este andaba algo desgastado por el tiempo, pero seguía funcionando bien.

Cuando vi la hora éste marcaba las diez y media de la noche, resople aliviada al saber que esa noche podría dormir tranquila sin que ella viniera borracha a golpearme de nuevo, aún me dolían las heridas y los moratones que tenía en mi rostro y más aún los del estómago, al recordarlos llevé mis manos dentro de la manta hasta mi abdomen para dar pequeños masajes en los hematomas, así conseguía que no me dolieran tanto.

Tras pasar dos horas confirmé que definitivamente dormiría sola esa noche, no me lo pensé más, metí mis pies en las zapatillas de andar por casa que dejé en el suelo cerca del sofá y subí a mi habitación que estaba arriba del todo, en el ático, solana o desván, (como lo queráis llamar).

Subí las escaleras hasta la planta de arriba enrollada en la manta, no iba muy deprisa, ya que me dolían los hematomas a cada paso que daba, tampoco podía ponerme muy recta y todo por culpa de ella, ya que fue quien me los hizo.

Al llegar a la planta de arriba tenía que subir otras escaleras, estas son plegables y de metal que daban al desván, las conseguí subir con menos dificultad porque podía echar mi cuerpo hacia delante y dejarlo caer un poco en los escalones, al estar ya en mi habitación dejé la manta bien doblada encima del respaldo de la silla que se encontraba dentro del hueco del escritorio.  

Sérkan: Un mundo distinto Stories to obsess over. Discover now