Era una noche llena de estrellas en el castillo, algunas de personas de el reino estaba en el bar de sparkling, tomando unas buenas copas. De pronto esas tres personas se convirtieron en seis, luego nueve, luego diez, doce, quince, veinte... Y en un rato, se armó una gran fiesta con una buena música y muchos habitantes de el reino comenzaron a llenar ese lujurioso bar.
Estando esa cantidad de personas, era casi obligatorio para el estar en el lugar y empezar a animar a todos a que vayan a tomarse unas buenas copas con el. Estamos hablando de Madeleine, una persona que era como el alma de la fiesta en cualquier sitio que estuviera presente, pues este no era la excepción. Se encontraba tomando unos shots de tequila en una mesa con personas escuchándolo hablar de sus increíbles aventuras de caballero, algunos otros simplemente observándolo y admirando su belleza y su personalidad que para algunos era realmente encantadora.
Al otro lado de el bar se encontraba nada más que Espresso, un tipo que era conocido por ser un amargado y ermitaño que había dias nisiquiera para comer, y cuando salía estaba de mal humor con todos por no dormir en semanas. Este día era la excepción, pues había terminado un proyecto en el que estaba trabajando hace meses y su amiga latte lo invito a tomar unos tragos para celebrar.
- Hey espresso! ¿Que te trae por aquí? Hoy te ves más animado que otros días.- Preguntó Madeleine al verlo tan sonriente platicando con su amiga, pues eso no era común en espresso.
- pues, ayer por la tarde acabé un gran proyecto en el cual llevaba trabajando meses- respondió con una sonrisa mirándolo fijamente a los ojos.- me invitaron a tomar unos tragos para despejar mi mente, estaba tranquilo hasta que llegaste tu a interrumpir mi paz interior.
-Jaja! Que gracioso espresso!- Respondió con una sonrisa, realmente no sabía si lo decía enserio o de broma por qué el era alguien muy sarcástico. Espresso solo se limito a mirarlo con una mueca de disgusto y seguir con lo suyo, creyendo que Madeline iba a tener con eso para irse lejos, lo cual no funcionó. De hecho fue el efecto contrario por qué el arrastró una silla a pequeña mesa en la que estaba espresso y comenzó a hacerles más charla. La mayoría de preguntas que el hacia las respondía latte, pero era notorio que el quería hablar con espresso cuando era evidente que el no estaba interesado en seguir la conversación.
En realidad espresso no lo odiaba, si no que, le incomodaba estar tanto cerca de el por qué no tenían nada en común. Aún así, el se sentía... Raro a su lado, sentía unas descargas eléctricas en su pecho inexplicables.
- Espresso? Hey estás ahí?- llamó latte.
-uh... Ah si, ¿que sucede?- pregunto mirando a latte, ¿Por cuánto tiempo había estado en ese trance?
- Tengo que irme, ¿te quedarás aquí?- pregunto.
- uhm...- murmuró
- Quédate un poco espresso, apenas es tu primera copa. una más no te hará daño- habló Madeleine tratando de animarlo para que se quede.
-No lo sé Madeleine.- respondió algo inseguro, aunque su casa quedará cerca y no era tan tarde, no estaba acostumbrado a estar sin su amiga.
-vamos! Yo invito todos los tragos.- hablo por segunda vez, ahora con un tono de voz más insistente.
-de acuerdo, pero solo una hora más.- respondió.
Latte ya se había marchado, estaban solo ellos dos en esa mesa y unas cuantas personas en el bar. La hora que espresso había dicho que se quedaría había pasado, ambos estaban tan entretenidos platicando y bebiendo que no se dieron cuenta cuándo cayeron las doce de la noche. Ambos estaban algo borrachos, pero no lo suficiente como para no estar concientes de lo que hacen, más si para empezar a decir incoherencias y confesiones.
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Lover's Rock. |Espresseleine oneshot
Fanfiction"por qué por el amor puede arder como un cigarrillo"
