Como todos los 21 de Septiembre Simona se preparaba para los festejos de otoño en el parque central de su ciudad. Solía ser uno de los días más cálidos de Septiembre y para ella era la forma en la que el verano se despedía.
Armó su canasta de picnic colocando en ella un pequeño mantel rojo alunarado, un tupper con unos pequeños sándwiches de queso, y jamón, un paquete de papitas, una botella de jugo y otro frasco que guardaba un rico postre de chocolate.
Acomodo su cabello frente al espejo, sonrió satisfecha y salió de su casa.
Al otro lado de la ciudad un pequeño taxi amarrillo tomaba el viaje de un turista, que cualquiera que lo viera diría que cumple con todo el estereotipo. Lentes de sol oscuros y cuadrados, campera de cuero negra abierta, que dejaba ver una remera negra con estampa de alguna banda de rock poco conocida, y unos jeans claros anchos.
- Hotel Provenza - ordenó al chofer en un muy mal italiano.
- ¿Habla poco el idioma? - preguntó el chofer en un simple inglés y el pasajero asintió. - Le deseo suerte. - anuncio y un poco asustó al muchacho.
El viaje en taxi transcurría en silencio, el pasajero no despegaba su mirada del horizonte mientras sostenía con una de sus manos un pequeño ipod por el cual escuchaba música.
- Ragazzino - le llamó la atención el chofer mientras el semáforo estaba en rojo. El muchacho levantó la vista y sacó un auricular de su oído. - Ya estamos cerca - anunció nuevamente en inglés.
El hombre sentado en la parte del auto le dedicó una sonrisa para que el chofer vuelva la vista al frente.
Cuando el semáforo se cortó el auto retomó de manera lenta la ruta ya que el tráfico por esa zona era lento.
A unas cuadras de allí venía caminando, totalmente hundida en la música que sonaba en sus auriculares, Simona. Sus borceguíes de color rosa viejo se movían de manera apresurada y torpe sobre la acera mientras que su mirada estaba perdida en el horizonte.
Unos metros más adelante cruzó la calle sin respetar las esquinas y una bocina la sacó de sus pensamientos, haciendo ver el taxi que había frenado a pequeños pasos de ella. Con su mano en el pecho por el susto agacho su cabeza sobre la ventanilla del acompañante para pedirle disculpas al chofer, aquel sonrió reconociendo a aquella mujer y le hizo una seña para que siguiera su camino.
- Oh signorina Simona, sempre così distratta. - mencionó para sí el chofer y al ver de reojo que su acompañante se quitaba el auricular le comento pero esta vez en inglés. - El festival de otoño siempre la tiene así de distraída. -
- ¿Festival de otoño? - pregunto interesado.
- Si, es el gran evento de esta ciudad, si no está muy cansado debería presenciarlo le va a gustar. - recomendó mientras doblaba la esquina de la plaza donde se desarrollaba el festival y que quedaba frente al hotel donde aquel muchacho se hospedaba.
- Seguro me haré tiempo. - respondió agradecido y acomodándose en su asiento.
- Aquí estamos. - anunció el chofer estacionando el auto frente al hotel. - Le dejo mi tarjeta por si necesita de mis servicios, ha sido un gusto traerlo ragazzino. - le ofreció una pequeña tarjeta que su acompañante tomó en su mano.
- Grazie mille. - agradeció el muchacho amablemente luego de bajar sus cosas mientras asomaba su cuerpo por la ventanilla del acompañante. Miro la tarjeta buscando su nombre y volvió a mirarlo. - Grazie mille Mario. - le sonrió y partió hacia el hotel.
- Non c'è motivo di farlo. - susurro mirando cómo el muchacho se alejaba.
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Non tutte le strade portano a Roma
RomanceUn citadino llega a un pueblo en la costa italiana buscando respuestas sobre sus orígenes pero el destino le tiene preparado algo que no espera. Una pequeña historia de amor que como bien dice su nombre no transcurre en la histórica ciudad de Roma.
