1|Huir.

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Titulo: Huir.
Tiempo: 17 años antes.

Correr y escapar, era lo que tenía que hacer.

Kellian había dejado claro que no debía parar pero habían pasado varios minutos sin sentir su cuerpo detrás mío protegiendo mis espaldas como solía hacer desde que nací, eso me asusto.

El jamás me dejaría sola, las lágrimas corrían por mis mejillas sin control, odia llorar pero estaba tan asustada de que el gran hombre nos atrapará y nos hiciera lo mismo que a los otros de mi raza.

A penas ví como sus hombres junto con él cargando no solo armas si no varias bolsas que sin siquiera esforzarme podía sentir el olor a muerte en ellas, Kelly solo dijo dos palabras y la confusión del momento desapareció en segundos antes de comenzar a correr como mi hermano lo había ordenado.

Correr y huir, mientras más me alejaba de nuestra casa más podía sentir la ira correr por mis venas junto con el terror de perder a la única persona que amaba.

Kelly, ¿porqué no correr detrás mío?, ¿porqué no escucho tu respiración agitada por correr?, ¿dónde estás?.

Correr y huir, no quería huir de ellos y que dañaran a Kelly, no quería correr porque mis piernas dolían, no quería temerles, ¿porqué debería temerles a ellos cuando yo puedo llegar a causarles el doble de horror que estaba sintiendo?.

Me detuve, no lograba distinguir que estaba más agitado mi corazón o mi respiración, cerré los ojos tratando de buscar el aroma de Kelly, estaba segura que cuando se entera estaría muy enfadado conmigo pero es mi hermano y no lo dejaré con ellos.

Estaban a un varios metros los sentía, eran tres además de Kelly también podía sentir el olor de sangre y muerte a su alrededor.

Fue en ese momento que lo decidí, mi vida no valía nada sin él, éramos hermanos, si el cae yo lo levanto, si el está herido yo lo sano y si el estaba en peligro yo cubro sus espalda como el la mía, puede que tan solo tenga siete años pero era más que un numero.

Regrese velozmente pero cuidando de mi andar intentando causar el menos sonido posible, los Shikh no solo se caracterizaban por su aroma sumamente asqueroso y sus rostros de un tono lima con enormes colmillos si no también de sus orejas largas que eran sumamente sensibles.

Me escondí detrás de un árbol observando los, Kelly estaba rodeado de los tres, su nariz sangraba y sus ojos verde brillaban en un intenso tono verdoso, sus colmillos estaban levemente abiertos gruñendo, podía oler su ira, desagrado y miedo corrían por sus venas.

¿Miedo? Kelly nunca tiene miedo, segura ya pudo sentir mi aroma, la gran desventaja de los Shikh era sus enormes narices que no tenía en absoluto sentido del olfato por culpa de sus asquerosos olores, una gran ventaja para mí y aunque tuvieran sentido del olfato mi aroma era sumamente suave y casi invencible para muchas especies.

Debía apresurarme a pensar una solución o Kelly no soportaría recibir tantos golpes y cortes de los Shikh.

Pensar, planear y actuar.

Entonces hice lo prohibido, cerré los ojos, despeje mi mente y deje que ella tomara el control.

Hace años que las transformaciones fueron prohibidas para los Demos, nos consideraban bestias y si lo hacíamos debíamos ser ejecutados de inmediatos porque podríamos perder el control.

Irónico que lo dijeran ellos, quienes con solos una jugada perdida de ajedrez provocan la extinción de especies.

Bastardos arrogantes.

Me coloco en posición de caza, lista para devorar a mi presa, el leve viento hace que sienta más intenso el asqueroso olor de los Shikh pero aún así no me muevo de mi lugar esperando el momento perfecto.

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Ahora, salto sobre la espalda del Shikh frente mío poniendo en alerta a los otros dos.

Su sabor amargo y salado golpeo mis pupilas gustativas dandone ganas de soltar su cuello y correr a tomar agua hasta quitar este asqueroso sabor de mi boca, aún no así no lo hice, no solté su cuello, aunque clavara en mi una y otra vez sus garras seguía sin soltarlo hasta que dejó de luchar callo al suelo conmigo ensima.

En cuanto lo solté observé a los otros dos Shikh, no era necesario oler su miedo porque con solo una mirada podías sentir como su alma se alejaba de sus cuerpos.

Tan valientes y arrogantes para asesinarnos pero en cuento les enseñas sus garras y colmillos no eran más que insectos a los cuales podías aplastar.

Gruñó dándoles una advertencia, este era su momento de correr porque en cuanto los cazara no quedaría nada de ellos, ya había demostrado quien era la presa en esta casería.

Ambos estaban negados a ser la presas, la ira estaba impactada en sus ojos estaba segura que la mi mía estaría igual.

Pobres criaturas, cree que por ser más grande no lo dejaré como a su amigo eso es tan triste.

Salto sobre uno de ellos rapidamente antes de que reaccionara un grito de dolor resuena por todo el bosque erizando mi pelaje.

No puede ser... no el por favor.

No me atreví a voltear hasta que uno de los Shikh tomo fuertemente mi mandíbula obligandome cómo uno de ellos acababa con su vida, fue ahí cuando me rompí por primera vez en mi vida.

Me habían arrebatado una parte de mi, mi vida en segundo se escapó de mis manos junto con él.

Oh mi  Kellian, ¿Qué se supone que haré sin ti hermano?, ¿Quién me abrazara en las noches frías cuando no quiera admitir que adoro estar en los brazos de alguien?, ¿Quién curará mis heridas cuándo me lastime?, ¿Quién será mi guía en esto que llamamos vida?.

Mi garganta dolía, caí de rodillas al piso sin dejar de gritar mientras las lágrimas caían sin parar como un huracán, ví borrosamente cómo los Shikh tapaban sus oídos con sus enormes manos de mis gritos antes de caer al suelo con sangre callendo de sus oídos pero no me importaba porque ellos ya me habían arrebato todo lo que amaba.

Corriendo aún sin para de llorar tomo su cuerpo acomodando su cabeza en mi regazo, sus ojos azules estaban abiertos pero ya no tenían esa luz que siempre tenía al verme, su corazón ya no latía y su ropa al igual que el suelo estaban con su sangre.

No lo solté hasta que pasaron tres noches y el olor asqueroso de los Shikh muertos se hizo insoportable, lo enterré cerca del río que había donde estábamos.

Mis ojos ardían al igual que mi pecho pero aún así la necesitada de llorar y la abrumadora precio en mi pecho no se iban pero no tenía más lágrimas para llorar, tampoco voz para gritar o siquiera hacer un sonido.

Me ví en el reflejo del agua, parecía más un cadáver que una niña de siete años, pero eso era lo que era, un cadáver viviente porque sin él no era nada.

Pero esa noche también jure algo, acabaría con aquel que me quito todo porque había solo un culpable y cuando lo encontrará acabaría con él como ellos acabaron con mi hermano y nada ni nadie me detendría.

| LA PRIMOGÉNITA | LIBRO 1 | EN PROCESO |Geschichten, die süchtig machen. Entdecke jetzt