No solía hablar de aquellos malos ratos, porque odiaba darles tanta importancia, no se lo merecían, esas malas costumbres, no merecían ni siquiera ser mencionadas.
Aquel martes... ¿Qué gran día para comenzar no? Lastima que no nací un martes, nací un miércoles, un miércoles entre marzo y septiembre del año 2006, no se sabe con exactitud cuándo, el lugar en el que vivo es el lugar menos especial para mi, y es horrible vivir así, vivir con ganas de escapar, y así lo era al menos hasta que conocí el parque de las promesas, ahí es donde me prometería no hablar de mi fecha exacta de nacimiento, pero aquí la gente tiene mucho que hacer como para pensar en horas, días, meses y años.
Un martes... gran día para comenzar, decidí comenzar a utilizar los martes como mi inicio de semana, es maravilloso por que no se si quiera cuando es martes, no hay nada que me lo diga en realidad, no me fío de los calendarios, yo si creo que el tiempo es relativo, pero yo siempre sé cuando es martes.
Pero ese maldito martes.
Un martes conocí a aquella persona que jamás creí conocer, para no hacerles el cuento largo, me enamore...
Dicho esto haré este cuento muy largo.
Aquel grandioso martes paseaba por el parque favorito de mi localidad, aquel sitio memorable lleno de promesas incompletas, en aquel parque había una pared y habían gises con los que la gente escribía promesas que le hacían a alguien, algo o a ellos mismos. Solía ir muy seguido y leer algunas promesas tan ridículamente graciosas, y en casi todas utilizaban el siempre en futuro, yo no creo en un siempre en futuro, por eso eran ridículamente graciosas, había promesas grandiosos, como aquella de "prometo ser vulnerable" o "prometo no decir lo q me prohibí decir" o aquella donde decía "prometo perder ante mí mismo" me parece grandiosa la palabra grandiosa, me parece la palabra más grande, y me parece grandioso querer ser leal a tus propios deseos.
Aquel viejo martes en aquel parque vi pasar a alguien, caminó directo a la pared, a escribir rápidamente alguna promesa y siguió su camino como si no hubiera pasado realmente nada, escribió algo, sumamente diminuto, no lo lograba ver, yo que estaba a 3 metros de distancia, me paré, me acerqué, lo leí, y salí corriendo de ahí en sentido contrario de donde él iba, jamás quería volver a verlo.
Lo que había escrito era, "creer en promesas es creer en un posible siempre"
Me molesta, odio dudar de mis razonamientos, cuando incluso mis argumentos me vencen, y que llegue alguien a decirme que quizás no me había sido leal a mi mismo, me enamoré de ese chico y yo aún no lo sabía.
***
Yo no creo en el amor a primera vista, el amor no nace así, creo que nace de algo que no comprendemos, pero de la vista no es, el amor puede nacer de un pensamiento, o quizás de alguna sensación, no de un concepto que se ve a simple vista.
Creo más en las promesas que en el amor, creo que todo en lo que creo lo creo de manera distinta quizás, distinta a lo que se conoce como normal, creo en el amor como algo un poco más singular, algo individualmente desconocido, algo pluralmente normalizado.
He creído que el amor será un sentimiento profundamente eterno, ya que creo en las almas, mi concepto de almas ha sido muy confuso los últimos meses, pero creo que el alma es, quizás no totalmente con lo que pensamos pero si con lo que sentimos.
El amor es parte del alma, por eso creo en él, no porque todos amemos, si no porque todos necesitamos amar.
Ese chico, ese desconocido que me hizo molestar tanto fue lo que en realidad había esperado por tanto tiempo, algo que me dijera que quizás no es bueno confiar demasiado en mi, algún día me dije a mi misma que jamás dudaría de mi, pero aveces es bueno darse cuenta que nos equivocamos y es más normal de lo que queremos creer.
Creí que jamás volvería a ver a ese chico, pero alguna clase de impulso me dijo que debía regresar, debía conversar con aquella persona, preguntarle por qué pensaba eso, en realidad solo quería pelear, defender mis ideas, no suelo hacerlo con desconocidos pero ¿es una buena oportunidad no?
Me di media vuelta de unos exactos 180 grados y camine en línea recta, lo había perdido, sentí que en realidad yo me había perdido, fue un momento de arrepentimiento por no haber ido antes, haber aprovechado el instante en el que el aún estaba ahí, pero no me interesó, no quería que me interesara.
Me alejé y no lo volví a ver. Hasta casi 3 meses después.
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Enfoque al colapso
PoetryHistoria basada solamente en el alma de Renée, quien decide contar la historia de su más profundo y personal colapso, mientras conoce al chico de las promesas, dándote una diferente perspectiva desde sus dolorosos pensamientos, por qué no tiene nada...
