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El escenario siempre me ha parecido un campo de batalla. No importa cuántas veces haya subido a él, la sensación es siempre la misma: la adrenalina subiendo como una ola, los gritos del público retumbando en mis oídos, y las luces cegadoras que apenas me dejan ver a los chicos. Pero eso no importa. Lo que importa es que, cuando toco la primera nota, el mundo se detiene. Soy Leo, el guitarrista de Black Strings, y aquí arriba, soy el rey.

—Cinco minutos, chicos —anuncia un asistente desde la entrada del camerino.

Miro a los otros integrantes de la banda. Ben está ajustando las baquetas de su batería imaginaria, como si necesitara practicar un golpe más antes de salir. Nate, nuestro bajista, está echado en el sofá, con sus audífonos puestos y una expresión que grita "no me hables". Luego está Claire, nuestra vocalista, caminando de un lado a otro mientras calienta la voz con escalas que se mezclan con el ruido de fondo del estadio.

Cada uno tiene su ritual, y yo tengo el mío. Me aparto un poco del grupo y enciendo un cigarrillo. No suelo fumar, pero antes de un show me sirve para calmarme. O eso me gusta pensar. En realidad, sólo quiero un momento para observarlos a todos y recordar cómo llegamos aquí.

Black Strings nació hace cinco años en un garaje destartalado, con más ganas que talento. Ben y yo éramos los fundadores. Mejor dicho, yo lo convencí de que formar una banda era mejor que seguir tocando covers en las fiestas de la preparatoria. Nate llegó unos meses después, y Claire fue la última en unirse, cuando decidimos que necesitábamos una voz que dejara huella.

Desde entonces, hemos pasado por todo: conciertos vacíos, peleas absurdas, y noches enteras componiendo canciones que nadie parecía querer escuchar. Pero ahora estamos aquí, frente a miles de personas que gritan nuestro nombre. Es surrealista.

—Leo, ¿estás listo? —me pregunta Claire, deteniéndose frente a mí. Su cabello negro cae en una cascada perfecta sobre sus hombros, y sus ojos verdes me observan con intensidad.

—Siempre lo estoy —respondo con una sonrisa ladeada. Es una mentira, claro. Nunca estoy listo del todo. Pero eso no significa que no vaya a dejarlo todo en el escenario.

Claire me dedica una sonrisa fugaz antes de girarse y unirse a los chicos. Yo termino mi cigarrillo y lo aplasto contra la pared antes de seguirla. En el pasillo, puedo escuchar los primeros acordes de la banda telonera terminando su set. El rugido del público aumenta, y mi corazón comienza a latir con más fuerza.

—Vamos a romperla esta noche —dice Ben, levantando las baquetas como si fueran un par de espadas.

—Como siempre —responde Nate, finalmente quitándose los audífonos.

Nos alineamos tras el telón, cada uno en su posición. El público grita con más fuerza, y puedo sentir la energía recorriendo el aire. Este es nuestro momento.

Cuando el telón se levanta y las luces nos iluminan, dejo de ser Leo, el tipo que a veces duda de sí mismo y que guarda secretos que podrían destruirlo todo. En el escenario, soy invencible. Y mientras toco la primera nota, todo lo demás desaparece.

Nuestro set termina con un estruendo. Los aplausos son ensordecedores, y cuando dejamos el escenario, el sudor recorre mi frente como un río. Mis manos aún tiemblan por la intensidad del show, pero una pequeña parte de mí ya está pensando en lo que viene después.

—Estuvieron geniales, chicos —dice un miembro del equipo, ayudando a Ben con su batería.

La música tiene algo de magia y maldición al mismo tiempo. Puede levantarte del suelo o hundirte más profundo. Pero para mí, es todo lo que sé. Todo lo que soy.

Las luces del escenario aún arden en mi mente mientras camino por los pasillos de la sala de conciertos, con mi guitarra colgando del hombro y el eco de los aplausos llenando mis oídos. Black Strings la rompió esta noche. Como siempre.

El eco de los aplausos sigue retumbando en mis oídos mientras bajo del escenario con la guitarra colgando de mi hombro. Aún siento la adrenalina corriendo por mis venas. Ganamos esta noche. Otra vez. Es como debería ser.

—¡Leo, maldita sea! ¿Viste sus caras? —Nate, nuestro bajista, aparece a mi lado con una sonrisa de oreja a oreja, secándose el sudor de la frente. "Rebel Roses están que arden. Literalmente, creo que Zui iba a prenderle fuego al lugar."

Me encojo de hombros.

—Que se enfaden. Eso les pasa por creer que pueden ganarnos.

No es que los odie... Bueno, sí, los odio. Especialmente a su vocalista, Emma. Siempre con esa actitud de —solo estoy aquí por diversión— y su maldita voz que hace que la gente la adore. Es una fachada, lo sé. Nadie puede ser tan perfecta como pretende ser.

Dejo a Nate y al resto del grupo atrás cuando salimos al estacionamiento. El aire nocturno me golpea la cara, pero no es suficiente para despejar mi cabeza. Subo a mi moto, decidido a olvidar a Rebel Roses y a Emma por el resto de la noche.

Cuando llego a casa, el silencio es casi un alivio. Dejo mi guitarra en su soporte y me desplomo en el sofá. Reviso mi teléfono, esperando encontrar algo que no tenga nada que ver con la banda o esa maldita competencia.

Pero, por supuesto, el universo tiene otros planes.

La primera notificación en mis redes sociales es un video de Rebel Roses después del concierto. Emma tambaleándose, su guitarrista Zui sujetándola por el brazo mientras Brooke, la baterista, intenta apartar a la prensa.

El título dice: "¿Problemas en Rebel Roses? Emma casi se desmaya tras su actuación."

Le doy play al video. Ella parece... débil. Su rostro está pálido, y aunque intenta mantener esa sonrisa profesional, es obvio que algo no está bien. La prensa la bombardea con preguntas, pero ella apenas las escucha antes de desaparecer en una camioneta con el resto de su banda.

Cierro el video con un gruñido. ¿Y qué? Si no puede manejar la presión, ese es su problema. Nadie le dijo que se metiera en este mundo.

Aun así, algo en su expresión me molesta. Esa sonrisa rota, como si estuviera intentando mantener las piezas juntas. Sacudo la cabeza. No me importa. No puedo permitirme que me importe.

Reviso otro par de publicaciones, intentando distraerme, pero mi mente sigue regresando a esa escena. La forma en que Zui la sostuvo, la preocupación en el rostro de Brooke...

—Idiota —murmuro para mí mismo. Apago el teléfono y me levanto. Tengo cosas más importantes en qué pensar. Como la siguiente presentación, el siguiente enfrentamiento. Rebel Roses son solo un obstáculo más que tenemos que superar. Nada más.

Quizás esto sea solo una jugada sucia para desviar la atención. Si la gente habla de su salud y de lo frágil que se ve, no hablarán de cómo las aplastamos esta noche. Y lo justificaran diciendo que no estaban al cien por ciento y por esa razón perdieron. Pero la realidad es que, solo es otra estrategia para mantenerse relevantes. Para que la gente siga creyendo que esa estúpida banda tiene algo mejor que ofrecer. Y eso me cabrea más.

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⏰ Letzte Aktualisierung: Nov 01, 2025 ⏰

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