En estos momentos mi peor enemigo es mi cabeza, mis pensamientos son como caballos que no se dejan arriar, el descontrol escapa a mi capacidad, me produce fatiga y ganas de irme y dejarlos sueltos. Me da miedo dejarlos sueltos. Me gana la ansiedad.
Pero me voy dando cuenta que mientras menos me esfuerzo por controlarlos y acorrararlos, más paz y tranquilidad me da. La no lucha, y dejarlos ahí libre, sin agarrarme de ellos me da calma.
Amigarme con el enemigo es una buena estrategia para salir invicta y no sacudirme.
