4. Autos, Moda y Rock and Roll

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Mientras tomaba su jugo de naranja y enviaba mensajes de texto, la presunta responsable parecía una chica normal, hasta ahora su rutina era la misma, sin cambios. Una niña mimada venida a menos con ínfulas de gran estrella del porno para su gusto. No se podía negar que estaba buena la condenada, con su metro setenta y cinco, bien proporcionada figura, sobre todo el equilibrio entre sus grandes (seguramente siliconadas) tetas, culo altivo y redondo, una cintura breve, cara angelical de ¨no rompo un plato¨... pero sí la vajilla, seguro es de esas rubias tontas de las películas gringas, superficial y egoísta, pensó conteniendo su rabia el agente de operaciones encubiertas Víctor Navarro, mientras estudiaba a Viviana Flores, la sospechosa en turno.


Le molestaba mucho verla contonearse como si de verdad fuera una niña de sociedad, suciedad más bien. ¿Qué se puede pedir de una teibolera? Por muy exclusiva, cara o barata que fuera, todas ellas eran de la misma calaña, la peor. Y pensar que había tenido que abandonar el caso por el que había trabajado cinco años y que le aseguraría el ascenso a Teniente en la División de Inteligencia; todo por una encueratríz siliconada que presuntamente tiene que ver con la desaparición de Megan Del Villar y su amante. No era siquiera su área, las desapariciones las trataba la División de Investigación, ni en un millón de años lo habrían asignado a Inteligencia y cómo jodidos habían movido las cosas de tal manera para que él abandonara el Caso Cháves en conjunto con la División Antidrogas, y todo por mandarlo de encubierto a un putero. Aunque su mejor amigo Fabian no se cansaba de repetirle que era el más suertudo, pues estaría rodeado de bellas y sensuales mujeres desnudas, en el putero más famoso de México, gratis.


Había sido un encargo expreso del Secretario de Gobierno al Comisionado Federal, poner a su mejor agente a cargo del caso, como un favor a su amigo, el empresario Marco Del Villar, con quien además de compartir una amistad de años, compartía un jugoso negocio de dominio no público.


Todo apuntaba a que una de las bailarinas exóticas del XOTIC Club, donde trabajaba la desaparecida, sabía más de lo que decía, las pruebas indicaban un asunto pasional; pues era hora de poner manos a la obra para regresar a su Caso Cháves y conseguir el ascenso.


La rubia pagó la cuenta y salió de compras, qué flojera verla ir de tienda en tienda por todo Masarik; con la nariz alzada como si oliera mierda, al pasar frente a una tienda de zapatos de pronto de la nada, su expresión cambio, como la de una niña emocionada mirando una heladería. En el aparador algún artículo le despertaba una alegría, pasión y deseo en la mirada, que, sin darse cuenta hizo latir la entrepierna de Víctor, pero él se castigó a si mismo con un golpe que le apaciguara su reacción involuntaria. Eso lo puso más de malas.


Fue después de la primera tarde en el hotel con Antonio cuándo Viviana comprase su primer bolso de Calvin Klein, de pronto al sentirlo suyo era como si además de un adorno fuese una extensión de ella misma; se sentía más bonita, más sensual, más femenina, más importante. Una sensación tan placentera que ni el sexo ni el alcohol podían proporcionarle, así que lo hizo un hábito, un placer culposo. Ahora tenía pares de zapatos y bolsos de las mejores marcas, recordaba el día exacto y el motivo por el que había comprado cada artículo de su vasta colección. Muchos de ellos aún permanecían en sus cajas, esperando el momento perfecto para ser usados. La ropa, sin embargo, no la volvía loca, sabía que luciría bien se pusiera lo que se pusiera; además, lo que hace que un vestido se vea genial son los accesorios.

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Al cargar de bolsas la cajuela del Beatle blanco con flores rosas que me obsequié a mi misma en mi cumpleaños, no dejo de pensar en lo mucho que extraño a Megan, por eso compré el vestido Gucci con flores que a ella le hubiera gustado, a ella le gustan más los vestidos que los zapatos. Un inquietante sentimiento de culpa invade mi pecho y lo ahuyento conectando el teléfono al estéreo del auto, mi Bichito avanza a paso lento por el estacionamiento, esperando incorporarme a las calles de Polanco y aprovecho para cantar a todo pulmón:

XOTIC Club (Barbie)Where stories live. Discover now