Prólogo

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— Así que... has empujado a alguien por la escalera

Louis intenta usar toda la amabilidad y suavidad del mundo mientras habla con el pequeño niño de nueve años, pero la verdad es que está a punto de agotar su paciencia.

Era el rector de la escuela primaria más conocida de Doncaster. Había comenzado su trabajo allí hace unos ocho años, como profesor de literatura. Hace dos años había sido promovido como director.

Ahora su trabajo era completamente diferente, pero le gustaba. Se encargaba de supervisar los contenidos que se evaluarían en cada curso y administrar a los docentes y organizadores.

También se ocupaba de ayudar a los niños que eran enviados a su oficina. En lugar de castigarlos, primero intentaba ayudarlos a reflexionar y educarlos con cariño. Amaba esa parte de su trabajo.

Hoy había sido un día pesado.

Dos maestras habían decidido renunciar sin aviso previo, el primer día de clases. Como si Louis pudiera conseguir dos docentes en ese preciso momento, entrevistarlas y supervisarlas, asegurándose que realmente sean buenas docentes.

No sabía que otra cosa hacer, sólo se le ocurría mutar y dar dos clases al mismo tiempo.

Finalmente consiguió una maestra que anteriormente había trabajado con él y confiaba en su buen trato hacia los niños, dejándolo a él enseñando una clase durante toda la mañana.

Para la tarde, el consejo escolar ya le había conseguido otro profesor y encargó a la vice-directora, que recién llegaba luego de haber desaparecido toda la mañana, que lo supervisara.

Logró ponerse al día rápidamente pero de todas formas llegará a casa más tarde que su hija.

Vuelve su atención al pequeño niño que lo mira atemorizado por responder. La maestra lo había traído a su oficina por haber empujado a un compañero por las escaleras

— ¿Podrías decime por qué lo has hecho? — le pregunta el rector

— Yo sólo- quería que se apresurara — el pequeño juega con sus dedos cabizbajo

— ¿Se lo habías dicho, antes de empujarlo?

— No

— Bueno... no podemos leer los pensamientos de las personas, ¿no es así? ¿Acaso tú sabes que estoy pensando ahora mismo?

— ¿Que fui malo y me expulsarás de la escuela?

— No, estoy pensando en que he dejado una porción de torta en la heladera y si llego a casa antes que mi hija será toda mía — el ojiazul intenta alivianar el ambiente — No puedes saber lo que estoy pensando, y tampoco tu compañero. Si sólo lo empujas, él no entiende que quieres. Podrías decirle 'Hey, ¿podrías apresurarte, por favor?' y sí te entendería, ¿comprendes?

— Si — asiente con la cabeza

— Bien, ¿se ha lastimado mucho? Deberías disculparte

— No se ha lastimado, tampoco se cayó

— Oh... ¿entonces?

— Estábamos subiendo la escalera, estaba apurado y empuje un poco su espalda para ayudarlo a subir

— ¿Estaban subiendo? ¿Hablas en serio? — el niño asiente, Louis hace fuerza por no rodar los ojos, no puede creer que la maestra lo ha enviado aquí por un problema tan pequeño. Podría haberlo solucionado ella misma — Bien, sólo... discúlpate y recuerda que necesitas comunicarte para que otros puedan comprenderte

El pequeño asiente y se va. Louis mira su reloj, han pasado quince minutos desde que su hija Mía a salido de su escuela, por lo que en unos minutos más recibirá el mensaje de que ha llegado a casa antes que él y por lo tanto se apropiará de la porción de torta.

Mía [ls]Where stories live. Discover now