Una mirada y todo dejará de ser ordinario.
Caminaba como en un día cualquiera buscando un lugar en donde poder disfrutar sin interrupción mi lectura. Iba acercándome a los pies de un hermoso pino cuando lo vi; se detuvo delante de mí aún con la mirada en el suelo. En ese instante me paralicé, él levantó la cabeza y me miró. El color de sus ojos no era de este mundo y esa no era la peor parte...tenía la mirada oscura, tan perturbadora que quede hipnotizada. No lo conocía, pero dentro de mí, inexplicablemente, sentí el deseo de acercarme, quería ver lo que escondía, saber todo sobre él, desnudar su alma por completo.
En ese momento solo necesité que alguien me detuviera, antes de adentrarme en un mundo maravilloso, pero increíblemente peligroso.
