Bien, todo transcurre con normalidad, los niños jugaban, los adultos y jóvenes trabajaban, mientras otros ven todo el día televisión, o duran horas completas sentados frente a un computador teniendo conversaciones, unas de temáticas sociales, otras de deportes, otras para conocer a la otra persona, en fin, todo transcurre con normalidad, como lo he dicho. Unas personas duermen, otras juegan, otras hablan por teléfono incitando algo bueno o algo malo, otros por su parte, se retiran a un lugar apartado de la cuidad para, tal vez, aclarar ciertos pensamientos que tienen enredados y desean aclarar, o simplemente por salir de la monotonía que representa una civilización que ve el progreso mediante el cemento, pero todo transcurre con normalidad. Alguien observa a las personas como pasan junto, mientras un bus, o un carro, o un taxi, o cualquier objeto avanza llevándolo abordo sin saber hacía que lugar se dirige, alguien sube a un edificio, y en el piso más elevado, ve la cuidad desde la ventana y piensa "que diminuto soy, ¿cómo podría marcar la diferencia?", mientras tanto, allí abajo, en cualquier parte, otra persona camina sin rumbo fijo, cabizbajo pensando cosas que posiblemente no contará a nadie, así esté arduo de un consejo o de expresar lo que lleva dentro, pero cree que no será comprendido, o que no le prestarán la atención que amerita aquel o aquellos sucesos que carcomen poco a poco la mente de aquel habitante, simultáneamente, una pareja se encuentra después de cierto tiempo y con una sola mirada, el uno al otro le transmite los sentimientos que ameritan un abrazo que vale más que las palabras que pudieron haberse dicho, para posteriormente, acostarse en un pastizal hasta que el dilúculo los cobija en su brumosa obscuridad que impide que se vean a los ojos, pero siguen sintiendo la presencia del otro aún sin poder verse, lo único que sienten es la respiración de su conjugue que se mantiene constante a medida que pasan los minutos, y sin pronunciar más que las palabras necesarias, quedan sumidos bajo la noche, la soledad, la obscuridad. En otro lugar posado en una silla, un anciano logra recordar aquél fatídico día de la partida de la mujer con la cual logró construir un hogar y una familia que fue extendiendo poco a poco su árbol genealógico, y consecuente con esto, un bebé acaba de ser fruto de una relación sexual que desencadenó el latir de un nuevo corazón, que llega al mundo sin saber quién es, o qué hará, ignorando todo respecto al mismo, pero debe vivir esta vida para vivir como todos los demás, o ser una minúscula porción del mundo que marca la diferencia. Y así transcurren con normalidad las cosas, mientras un joven soñador se da cuenta después de mucho tiempo que lo que está haciendo, no es precisamente lo que le gusta, sino lo que le toca, siendo, sin él mismo percibirlo, un esclavo más del mundo libre de esclavitud.
Ahora bien, un joven sentado en un escritorio a largas horas de la noche, a tempranas horas de la madrugada, posado frente a unos papeles en blanco, sosteniendo en su mano una pluma que fue obsequiada por su padre, intenta expresar mediante letras, lo que ha ocultado ante las personas cercanas a él, y así poco a poco avanza el tiempo, mientras las hojas continúan estando en blanco, mientras los ojos de aquel joven se posan en aquella hoja blanca para perderse en la misma al recordar aquellos sucesos que desea expresar, pero que no son conocidos más que por sí mismo, y esto ocurre reiteradamente, y cuando, por fin, después de varios minutos, horas, o días, no continuos, de escritura, lo enrolla , no antes de leerlo una vez más, lo rectifica, observa su ortografía, puntuación, sentido exacto y si es necesario, lo corrige una y otra vez hasta que quede lo mejor posible para él, y en ese preciso instante, preferiblemente en soledad, -aunque en ciertas ocasiones, era observado con discrepancia por quienes sin que él supiera estaban cerca- procedía a quemar aquellos escrito que no se sabe que palabras contenían, o hacia quién iban dirigidos.
Pero, un día, mientras hacía esta misma rutina con un escrito que tardó más tiempo del normal, mucho más tiempo, el papel era consumido por las llamas, el joven apenas parpadeaba al concentrarse tanto en el fuego, en lo que veía atreves de él, que parecía no sentir el calor que se acercaba lentamente a su mano, mientras la obscuridad avanza con tal rapidez que fácilmente se podía sentir como soplaba el viento y al golpe con las hojas de los sauces cercanos, se escuchaba un maravilloso sonido, indescriptible para quién pueda escucharlo, y mientras ello ocurría, continuaba consumiéndose lentamente el papel, pero, al observarlo detalladamente, no ha seguido consumiéndose¡ ¿Qué ocurre? ¿Por qué no se quema este escrito? -Pensaba aquel joven- mientras con un toque de temor, arrojaba al suelo el pensamiento que acababa de plasmar, con la esperanza de que en el suelo, se consuma más rápidamente, y posteriormente pisotearlo para no provocar un incendio y que su pensamiento se extinguiera antes de que el primer rayo de sol tocara su piel. Y así lo hizo, en cuanto el escrito beso el suelo, el joven se aproximó a pisotearlo, pero inútil fue su esfuerzo, ya que al realizar dicha acción, se calentó rápidamente su zapato, sin quemarse, pero sintiendo en sus pies una gran temperatura al estar cerca de su pensamiento. -¿Qué está pasando? Esto, nunca había ocurrido ¡- pensaba el sujeto a quién poco a poco se le empezaba a aumentar la temperatura corporal iniciada en los pies, y con gran lentitud, comparada a la velocidad de una enfermedad transmitida por un animal venenoso en el organismo de un ser humano, así avanzaba el fuego interior para nuestro desafortunado escritor que sin poder gritar, ni emitir un sólo sonido de dolor o agonía, sentía lo que solamente Dante podría describir con LA DIVINA COMEDIA, pero ahora con Incubus como aquella criatura que somete al tormento interminable a su víctima, no obstante, no los hace padecer como lo haría normalmente, es decir, mientras sus presas duermen, él las agobia hasta un punto fatídico. Ahora, nuestro Demonio, se posa en el joven mientras observa inmóvil las llamas de su escrito que no termina de consumirse. Justo en ese instante, en plena soledad, el autor de dichas palabras, recuerda una a una las 26 letras que marcaron el nombre principal de dicho escrito, las cuales no sabe si recordar con nostalgia, dolor, rabia, felicidad, tristeza, ironía, alegría... Pero, sin importar el sentimiento con el cual asocie dichas palabras, recuerda un momento exacto que le trae cientos de pensamientos que tuvo en su pasado, lejano y cercano, el cual desencadenó las cosas para que estuviera quemándose en ese mismo instante.
Ahora, Incubus observa al protagonista de nuestra historia pero, poco a poco se va alejando de él, y empieza a acercarse al papel, que disminuye considerablemente su fuerza respecto al fuego, pero continúa intacta una cuarta parte del escrito, es blanco aquel fragmento, mientras el pedazo restante queda irreconocible en cenizas negras, o grises que se lleva un leve soplido de viento, el mismo que hace gritar a los sauces. En este momento, cuando Incubus se dirige al escrito, deja que la sangre vuelva a fluir libremente por las extremidades de quién durante unos minutos fue víctima de su ataque. Cuando sus venas vuelven a seguir su flujo normal, el joven cae desmayado, pero antes de ello, estando en el suelo, ve de reojo que Incubus se estaba acercando a él, acto seguido cierra sus ojos para caer en un sueño.
El sol raya el alba del amanecer, el sonido no es el mismo de aquella abrumadora y tétrica noche, los árboles ya no producen aquel murmullo, los búhos están ocultos, y aquel joven se despierta después de caer inconsciente aquella noche, pero, sus recuerdos son borrosos, no sabe que fue real y que fue fantasía producida por un sueño, más sin embargo, se posa sobre sus piernas para intentar recordar algo al respecto. Se observa a sí mismo de arriba abajo, sus brazos, sus pies, su torso, y todo parece estar bien, incluso su ropa, tiene nada más una que otra mancha de pasto o barro que pudo producirse mientras dormía.
Empieza a caminar por un sendero después de reponerse por completo, luego de la aturdida y confusa mañana se promete que seguirá los pasos que dio la noche anterior para poder saber lo que ocurrió, y camina por varios minutos, y mientras avanza ve árboles que a pesar de no ser muy diferentes de los demás, puede reconocer muy bien por tener unas marcas específicas que no puede olvidar, por dichas diferencias, puede evidenciar con mayor facilidad donde está y al recordar esto, emprende un más rápido andar hacia un lugar específico que le trae recuerdos, muchos recuerdos, unos positivos, otros, no mucho. Al llegar allí, sus ojos se nublan con leves lágrimas y posteriormente con un llanto de horror al ver un papel en el suelo consumido en llamas que no se apagan, pero tampoco avanzan.
Se acerca al objeto que consuma las llamas, y con gran facilidad, puede ver las 26 letras que fueron el preludio de lo ocurrido la noche anterior, y un escalofrío recorre su cuerpo a pesar de tener un poniente sol sobre su espalda e inicia un recorrido en su mente de lo ocurrido en las semanas anteriores, los hechos que desencadenaron el ataque de Incubus y el porqué del no consumo completo de su pensamiento.
Aquí, justo ahora, mientras este joven está posado de rodillas frente al débil, pero constante fuego, de entre los sauces se observa un objeto sombrío que se acerca a su espalda con paso sereno y silencioso. El joven no se percataba de esta nueva presencia, pero de repente, este extraño, pone su mano en el hombro del joven, a lo que el mismo responde con la inclinación de la cabeza y un silencio total.
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Realidad marcada
PoetryDespués de cierto tiempo transcurrido, experiencias vividas, momentos recordados, palabras dichas, pensamientos obvios, actos realizados, lugares inolvidables, personas pasajeras, amigos verdaderos, frecuencias de tiempo que preferiblemente se querr...
