VISITAS A MEDIA NOCHE.

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Era una noche fresca y tranquila del mes de Junio, un pequeño parque suburbano débilmente iluminado por unas farolas se mantenía solitario y en silencio.

De pronto una figura alta apareció de la nada rompiendo ese tranquilo silencio, haciendo un fuerte ¡crack! al aparecer.
Un hombre de elevada estatura, cubierto con una gabardina negra, permaneció quieto mirando hacia todas direcciones antes de ponerse en marcha. Unos segundos después otra figura apareció, está vez se trataba de una persona de mucho menor tamaño y algo encorvado que llevaba una túnica larga que arrastraba por el suelo.
Un tercer crack se escuchó y una silueta femenina apareció a unos pasos de los dos primeros, las tres personas se miraron entre sí y después miraron al rededor, tras comprobar que los árboles que rodeaban el pequeño parque los ocultaban de la vista comenzaron a caminar haciendo crujir la graba bajo sus pies.

Siguieron en silencio hasta atravesar el parque, llegando a la avenida principal la mujer sacó un trozo de pergamino de entre sus ropas y con la ayuda de la luz de una farola lo leyó.
Con un movimiento de la cabeza le indicó a sus acompañantes la dirección que debían seguir y los tres enfilaron por un callejón adoquinado.

Pasaron por enfrente de varias casas de aspecto antiguo, todas ellas con las cortinas cerradas y las luces apagadas, todo estaba en silencio, y el único ruido audible era el susurrar de las túnicas al rozar el suelo y el lejano ulular de lo que parecía ser una lechuza.
Varios minutos después se detuvieron frente a la entrada de una de esas casas, la mujer extrajo el pergamino de sus ropas nuevamente y lo consultó.
-Aqui es- dijo con voz suave.
- Lo supuse- dijo el hombre de mayor tamaño. -Haz visto el escudo tallado en la puerta? No cabe duda de que es aquí-
- Creo que lo más apropiado sería tocar- dijo el sujeto encorvado mientras consultaba su reloj de bolsillo. - Viendo la hora que es lo más probable es que esté dormido.
Levantó una mano temblorosa y llena de arrugas y manchas de edad. Tomó la argolla de la aldaba con forma de cabeza de serpiente y llamó tres veces.
Los tres dieron un paso hacia atrás mientras agudizaban el oído y miraban las ventanas por si alguna luz aparecía detrás de ellas.
Tras unos minutos de espera se oyeron pasos que se acercaban a la puerta, el tintineo de cadenas y un cerrojo que se corría.
La puerta se abrió y un joven apareció frente a ellos sosteniendo un candelabro.
Acercó la luz de las velas para poder ver a las tres personas que había del otro lado del umbral y estás se bajaron las capuchas que llevaban sobre la cabeza.
La luz iluminó sus rostros y por fin el joven pudo ver a los recién llegados.
El hombre más alto lucia una mirada severa de ojos claros, unas cejas pobladas al igual que su bigote, pero su cabeza carecía casi por completo de cabello.
El hombre más bajo era bastantes mayor, con la piel llena de arrugas y una expresión un poco triste, le quedaba aún un poco de cabello blanco y llevaba un par de gruesas gafas sobre la abultada nariz.
Por último la mujer era muy hermosa, de piel morena y largo cabello negro, sus ojos tenían un aire de superioridad pero al mismo tiempo su boca reflejaba algo parecido a la tristeza.
Sobre el pecho de los tres individuos la luz hacia brillar unos pequeños broches, se trataban de tres letras M dispuesta una al lado de la otra formando una especie de triángulo, una era verde, la otra blanca y la otra roja.
El anciano dio un paso hacia enfrente y con voz temblorosa se dirigió al joven.
- Disculpa la molestia a esta hora, pero debíamos avisarte, eres su familiar más cercano y creímos que era necesario decírtelo lo antes posible- su balbuceo denotaba duda, como algo que no se atrevía a decir, finalmente tragó saliva y dijo en voz suave. - Encontraron su cuerpo-.
El joven no mostró ninguna expresión, su rostro serio carecía de cualquier emoción, se hizo a un lado y con un movimiento de la cabeza los invitó a entrar.
Los tres traspasaron la entrada de la casa y la puerta se cerró por si sola detrás de ellos. Siguieron al joven por el estrecho recibidor hasta la sala, una habitación amplia con las paredes llenas de altas estanterías repletas de libros y varios sillones que estaba apenas iluminada por la parpadeante luz del candelabro, el joven se dirigió hacia la chimenea y utilizando su varita mágica hizo encender un fuego que bañó de luz toda la estancia.
Con un ademán de su mano les indicó a sus tres invitados que tomarán asiento, así lo hicieron y por unos minutos el chico permaneció de espaldas a ellos mirando las llamas de la chimenea.
No sé oía nada más que el repique de la madera consumiéndose y la suave respiración de un anciano pintado en un cuadro que colgaba sobre la chimenea, parecía dormir, sentado sobre una silla forrada de terciopelo rojo con la cabeza apoyada contra el respaldo.
- Lamentamos mucho tu pérdida, sé que debe ser difícil asimilar una noticia cómo ésa, pero si necesitas algo nosotros podemos...- la mujer se interrumpió al darse cuenta que el joven la miraba fijamente.
- Gracias, les agradezco mucho que se hayan tomado la molestia de venir hasta aquí, y también por ofrecer su ayuda, pero yo me encargaré de todos los arreglos necesarios, supongo que el cuerpo a quedado en manos del ministerio, díganme, cuando podría reclamarlo?-
Ninguno de los tres dijo nada, se miraron entre sí y después de unos minutos la mujer volvió a hablar.
- En cuanto terminen de examinarlo podrás llevártelo, pediré que se te envíe una lechuza en cuanto todo haya terminado-
- No tienes que hacer todo tú solo, él era muy querido, tiene muchas personas que con gusto te apoyarán, nosotros estamos dispuestos a... -
- Gracias, de nuevo les agradezco su generosidad- dijo el joven interrumpiendo esta vez al hombre. - Pero como ya dije, yo me encargaré de todo, ahora sino les molesta quisiera volver a la cama-.
Nuevamente los tres intercambiaron miradas y esta vez fue el anciano el que tomó la palabra.
- Hijo, sé que querrás hacerlo por tu cuenta, pero no tienes porque llevar esa carga...-
- No es ninguna carga- volvió a interrumpir el muchacho. - Ni tampoco es una noticia lo que me han dicho, yo ya me imaginaba que eso pasaría, me sorprende que hubiera tardado tanto en pasar-.
Todo pasó muy rápido, el hombre se levantó de un salto de su silla y tomó por el cuello al chico levantandolo un par de centímetros del suelo, con su varita apuntó al pecho del menor y con la cara roja de la ira le gritó.
- Qué acabas de decir?! Qué forma es esa de hablar de tu abuelo?! Cómo puedes decir tal cosa con toda calma?!-
- Basta Rogelio! Sueltalo- la mujer se había abalanzado sobre el hombre y le tiraba de la túnica para que soltara al muchacho. - Es sólo un niño, no sabe lo que dice-.
A regañadientes el hombre lo soltó y se acomodó la capa sobre los hombros.
- Vámonos, no tenemos más nada que hacer aquí, veníamos a dejar un mensaje y eso hemos hecho, nuestra tarea está hecha-.
El anciano se levantó de su silla y siguiendo a los otros dos se dirigió hacia la puerta para marcharse, al pasar al lado del chico le dio una pequeña palmada en el brazo.
- Si cambias de opinión sólo envíame una lechuza- dijo en voz baja para que sus compañeros no lo pudieran escuchar. El chico simplemente asintió con la cabeza y cerró la puerta en cuanto los otros estuvieron fuera, se volvieron a escuchar los tintineos de las cadenas y el cerrojo, y después los pasos que se alejaban hasta dejar todo de nuevo en silencio.
Los tres miraron la puerta por unos momentos y sin decir nada se pusieron de nuevo en camino hacia aquel pequeño parque donde anteriormente habían aparecido, los tres andaban mirando hacia enfrente sin mediar palabra, aunque el anciano volvía la mirada disimuladamente a pesar de que la puerta con la aldaba de serpiente se había quedado muy atrás .

Luces y Sombras. Where stories live. Discover now